Donde hace unos años apenas había varios muros semiderruidos, hoy vuelve a erigirse orgullosa la Villa de San Miguel, que dejá atrás la época más oscuros de su historia para volver a estar vinculada al ocio y la cultura. Este antiguo palacete de finales del siglo XIX, situado en Carabanchel Alto, acaba de ser reconstruido por el Ayuntamiento de Madrid , que lo convertirá en un nuevo espacio cultural para los vecinos del distrito, según han desvelado este martes el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, y el concejal de Carabanchel, Carlos Izquierdo, en su visita al inmueble. La Junta del Distrito, han explicado, estudiará ahora distintos proyectos para definir su futuro uso, que tendrá un carácter «social, educativo o formativo» vinculado a la cultura y la música. Entre las previsiones municipales se encuentra la rehabilitación interior del edificio para convertirlo en un espacio de talleres y actividades formativas y educativas, con el objetivo de que se consolide como un equipamiento de «mucha envergadura, de mucha calidad» y de referencia para la ciudad .Un grave incendio ocurrido en 2006 acabó de castigar, tras años de lenta agonía, a una finca concebida como residencia de verano de la burguesía, concretamente de la familia Rovira Montenegro. Construida en 1894 por Miguel Rovira Montenegro tras el derribo de la casa-jardín heredada de sus padres, Villa San Miguel contaba con una fachada de estilo neomudéjar y ladrillo visto, con un cuerpo central rematado por un tejadillo en la portada principal y una galería de cristal en la parte posterior. Este sobrio exterior contrastaba con un interior decorado con carpinterías nobles, artesonados y elementos de ebanistería. También con pinturas murales, papel pintado y tapices que, en algunos casos, reproducían escenas de caza o, simplemente, de la naturaleza, muy del gusto todo ello de los aristócratas que en la segunda mital del siglo XIX eligieron Carabanchel como enclave sobre el que construir sus palacetes suburbanos. Entre las décadas de los 50 y los 70 del siglo XX, el inmueble pasó a estar gestionado por la Escuela Apostólica y se convirtió en un recinto educativo. En 1966 se utilizó fugazmente para el rodaje de la película ‘La Busca’, inspirada en la novela de Pío Baroja. Apenas tres décadas más tarde, en 1997, se incluyó en el Catálogo de Edificios Protegidos, con el máximo nivel de blindaje previsto para este tipo de inmuebles, pero ya era tarde, pues la finca se encontraba abandonada y sus materiales francamente deteriorados. Una reforma respetuosaNo obstante, un acuerdo de la Comisión Local de Patrimonio Histórico ordenó la reedificación del inmueble (situado entre las calles de Teresa Cabarrús, Antonia Rodríguez Sacristán, Duquesa de Tamames y Aguacate) conforme a los dictámenes elaborados por ese órgano y respetando asimismo el proyecto original. La necesaria preservación de sus valores patrimoniales obligaba, a juicio de este organismo, a reconstruir sus fachadas. El proyecto fue promovido por la Junta de Compensación Aguacate-Duquesa de Tamames y aprobado por la Comisión Local de Patrimonio Histórico en septiembre de 2020. El refugio de Teresa Cabarrús El espacio donde se levanta la Villa de San Miguel mantiene además una vinculación histórica con Teresa Cabarrús, hija del financiero Francisco Cabarrús y una de las damas españolas más influyentes en la época de la Revolución Francesa. Nacida en Carabanchel, se trasladó a Francia siendo una niña. Con el paso de los años comenzó a participar de forma cada vez más activa en la política del país y se convirtió en uno de los personajes más influyentes de la etapa revolucionaria: gracias a su relación con el político Jean-Lambert Tallien pudo salvar a cientos de perseguidos de la guillotina, y se considera también una figura clave en episodios como la caída de Robespierre. En los terrenos recién intervenidos su padre levantó una fábrica de jabones y, según algunas fuentes históricas, una villa de recreo que Teresa recordó como el Château Saint-Pierre.Una vez finalizados los trabajos, que han costado 230.000 euros financiados por la propia junta de compensación, el Ayuntamiento otorgó la escritura de obra nueva del inmueble y autorizó, el pasado mes de marzo, la inscripción del edificio en el Registro de la Propiedad. El edificio forma parte de una parcela de titularidad municipal destinada a equipamiento básico educativo y quedará a disposición del Ayuntamiento una vez se formalice su entrega definitiva.
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