En el Hospital de Fauna Salvaje de Grefa, una organización no gubernamental de rehabilitación de la fauna autóctona y su hábitat, ubicado en Majadahonda, también se pueden observar las consecuencias del incendio que arrasó este verano 27.000 hectáreas de la Sierra Oeste de Madrid . Dos pollos de buitre negro, de dos meses y medio de edad, una garduña y un halcón abejero son algunos de los animales que han pasado por las instalaciones después de verse afectados por las llamas. Otras, como un jabalí, un gamo y un corzo, no consiguieron sobrevivir. El impacto del incendio sobre la fauna silvestre de la Comunidad de Madrid es muy difícil de cuantificar. «Han muerto miles de animales», explica Fernando González, director del hospital. Saber el número es imposible, según el grupo de rehabilitación, la mayoría mueren en el fuego, otros desaparecen después y los cadáveres que podrían ayudar a hacer un cálculo son aprovechados por especies carroñeras.Las aves adultas cuentan con una ventaja frente a otras especies, pues, cuando el fuego se aproxima, pueden abandonar la zona volando. El mayor problema lo tienen los mamíferos, que pueden no encontrar la escapatoria del incendio, o las crías que todavía no saben volar. Ese es el caso de los buitres negros que llevan algo más de un mes recuperándose en las instalaciones de Grefa. Los dos ejemplares proceden de la zona de la región limítrofe con el Valle de Iruela, Ávila, donde la organización lleva ya más de dos años trabajando con el buitre negro para favorecer el asentamiento de la especie, proyectos que también hacen en el resto del país e incluso Europa. Durante el incendio, los agentes forestales fueron los encargados de comprobar el estado de algunos de los ejemplares que la organización tenía monitorizados. Grefa facilitó las coordenadas de los nidos y territorios conocidos, ya que, por cuestiones de seguridad, sus profesionales no podían acceder a determinadas zonas. Los guardabosques fueron los que encontraron y trasladaron ambos pollos al hospital. Uno llegó con importantes quemaduras, principalmente en las alas y las patas, había inhalado humo y presentaba problemas respiratorios. El segundo había desarrollado ligeramente su capacidad de vuelo, pero todavía no era capaz de escapar de forma eficaz. En su intento de supervivencia sufrió diversos traumatismos que le provocaron una fractura de cadera, de la que se está recuperando en el hospital. Ambas crías evolucionan favorablemente, el primero todavía está vendado y tiene un proceso de recuperación un poco más lento. Sin embargo, el segundo ya ha comenzado la fase de rehabilitación, en la que dispone de un espacio más amplio para moverse y comprobar que recupera un comportamiento normal antes de plantear su liberación. En su recuperación están utilizando, además, un tratamiento con láser. Se trata de una técnica que Grefa está aplicando de forma innovadora y con la que, según su experiencia, se consigue mejorar la evolución de determinadas lesiones y reducir el tiempo de hospitalización. Curar sin domesticarCurar a un animal salvaje presenta una dificultad añadida que lo diferencia de un animal doméstico: hacerlo sin que se acostumbre a las personas. El área de hospitalización consiste en un pasillo largo con diferentes ‘habitaciones’ para los pacientes. Las especies permanecen aisladas y son vigiladas mediante cámaras, para reducir al mínimo el contacto con los profesionales. Las habitaciones disponen de espejos que permiten observarlos desde fuera sin que ellos puedan ver a las personas. Incluso la medicación y la comida se administran desde el exterior. «Son animales salvajes y deben seguir siéndolo hasta el momento de su liberación», explica González. Todo esto porque, a pesar de su naturaleza, los animales pueden llegar a sentir que sus cuidadores son sus progenitores y el retorno al hábitat natural sería mucho más complicado.Además, durante todo el proceso se evita en la medida de lo posible la sedación, que altera a los animales. La técnica empleada en su lugar para que los pacientes se mantengan tranquilos no es más que privarlos de la visión, método útil en la mayor parte de las aves. Es el caso del manejo del buitre negro, que comienza cuando el profesional entra en su sala de descanso con una toalla, con la que procederá a abrazar al animal tapándole los ojos. Ya con el ave apoyado sobre el cuerpo del veterinario, se traslada hasta la consulta indicada, en la que se procederá a taparle los ojos con una gamuza. Todo el procedimiento médico se realiza en apenas unos minutos y se desarrolla en silencio o hablando en voz baja para que el ave no se altere. A continuación, con la gamuza incluida, volverá a su sala de rehabilitación.La veterinaria saca al buitre negro de su sala de descanso envuelto en una toalla para mantenerlo calmado; el buitre con la gamuza puesta en la consulta del hospital, el veterinario traslada al buitre tras la consulta, en la sala de rehabilitación. Tania SieiraLos dos buitres negros forman parte del pequeño porcentaje de animales que sí consiguieron llegar con vida hasta el hospital. No ocurrió lo mismo con otros ejemplares afectados con el incendio, e incluso algunos de los que llegaron a manos de veterinarios no han sobrevivido. Este último es el caso de los mamíferos. Un ejemplar de jabalí y otro de gamo llegaron con quemaduras tan severas que los profesionales tuvieron que practicarles la eutanasia para evitarles sufrimiento. Un corzo ingresó con lesiones de carácter grave, pero en mejores condiciones que los otros mamíferos, aún así, murió dos días después de su ingreso. «Es más difícil que los mamíferos lleguen incluso a ingresar, pues tienen menor escapatoria y suelen morir calcinados», explica el veterinario. La recuperación de los animales es solo una parte del problema. La otra comienza cuando llega el momento de devolverlos a la naturaleza. Grefa trabaja con diferentes especies amenazadas mediante programas de cría, reintroducción y refuerzo de poblaciones. Uno de ellos está centrado precisamente en el buitre negro. La organización intenta ampliar el número de ejemplares y asentamientos de esta especie en diferentes puntos de España y favorecer al conexión entre las distintas poblaciones. En Madrid, sin embargo, el incendio obliga ahora a replantear que ocurrirá con los ejemplares que se consigan recuperar de las heridas de las llamas. El ejemplar de buitre negro que presenta quemaduras principalmente en la región del ala. Tania Sieira
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