Una barrera invisible impide a los vecinos del barrio de Simancas acceder a una zona del parque Paraíso . La imagen que ahí se plasma, a la que ya los mayores se acostumbran, lleva a los viandantes a dar media vuelta o rodear este área acotada del gran espacio verde de la periferia de la capital ante la presencia de toxicómanos, que a plena luz del día consumen tirados a la sombra. La inseguridad, a pesar del plan de Delegación del Gobierno para reforzar el dispositivo policial en este distrito, se enquista en un barrio que arrastra aún una pequeña parte de la lacra de muertes, drogodependencia y degradación que azotaba con fuerza esta zona el último tercio del pasado siglo.Frente a la salida del Metro de Simancas por la calle de Alberique, estos individuos tienen tomado un pequeño terreno de uno de los principales pulmones verdes del distrito madrileño de San Blas-Canillejas. Reunidos en tres grupos, en torno a una decena de personas ocupan este espacio por el que los residentes suelen tener más cuidado al pasar. «Un día puede haber cinco drogodependientes y otro puede haber treinta. Las horas varían, no sé si dependerá del momento en el que llegue la droga hasta ahí. En verano se suele haber más», cuenta a este periódico Vicente Pérez, portavoz de la plataforma vecinal de San Blas.Eso sí, este residente incide en que no afecta a la totalidad del parque: «Cualquier tarde, y sobre todo los fines de semana, el parque tiene un montón de gente, pasando el rato, jugando con los niños. Ahora por la noche, está más iluminado y está mucho mejor». Otra cosa es «si es de recibo que en el parque haya decenas y decenas de drogodependientes sin atención y haciendo sus necesidades en la calle», explica.En un escrito al Defensor del Pueblo del pasado mes de junio sobre el estado del barrio, los residentes denunciaron las «numerosas y cotidianas situaciones de conflicto entre la población drogodependiente y el resto de la población». Señalaron no solo los problemas de convivencia, sino también robos, suciedad, consumo y que algunos realizaban sus necesidades en espacios públicos «sin que las administraciones competentes pongan en funcionamiento equipos de mediación comunitaria, ni los dispositivos de atención precisos». «¿Robos? Hay muchos. Y luego los ves a los 10 minutos vendiéndolo por la calle», añade a ABC Elena, vecina del barrio. «Los que somos de aquí de toda la vida no nos sentimos cohibidos por esta gente. Podemos plantarles cara. Los que sí suelen tener más cuidado son los mayores, que tienen más miedo a los atracos», relata. AsesinatosLas quejas por esta degradación no son algo nuevo en el distrito, pero han tomado fuerza desde hace unos meses, cuando un enfrentamiento producido en este mismo terreno acotado entre dos drogodependientes, ambos con antecedentes policiales, por el pago de sustancias acabó este mayo con el cadáver de un joven 20 años y nacionalidad nigeriana tendido sobre el césped tras haber recibido dos puñaladas por parte de un argelino de 38. Este mismo punto también fue escenario de una reyerta entre toxicómanos en 2025 y cuyo desenlace fue una mujer de 32 años asesinada a cuchilladas. Tal y como informó entonces este periódico, la discusión comenzó durante la compra de una dosis.Tras el trágico acontecimiento de la pasada primavera, la Delegación del Gobierno en Madrid anunció que aumentaría la plantilla policial entre un 8% y un 10% en San Blas-Canillejas a lo largo de 2026 para atajar la inseguridad en este distrito de la capital. El delegado del Gobierno, Francisco Martín, defendió a finales de junio, tras la celebración de la Junta y el Consejo de Seguridad del Distrito de San Blas, que mantienen «la mayor intensidad policial que se ha producido nunca» en el distrito de San Blas-Canillejas. También en este se encuentra el hotel okupa de la calle de Lola Flores, en la zona de Rejas, con varias muertes violentas y reyertas por doquier. Martín también pidió a la Comunidad de Madrid y al Ayuntamiento de Madrid trabajar «conjuntamente» para dar una respuesta a la situación del entorno. El consistorio ya ha anunciado la instalación de cámaras de videovigilancia en torno al parque Paraíso.Los vecinos critican que «nada ha cambiando» y que «las reyertas siguen tanto de día como de noche»Sin embargo, los vecinos de la zona insisten en que «nada ha cambiado desde ese momento». A pesar de que admiten notar más presencia de efectivos tanto de la Policía Nacional como de la Policía Municipal de Madrid en la zona, las reyertas continúan, «tanto de día como de noche».Basura escondida en el parque Paraíso. Tania SieiraProponen también especial atención a los narcopisos. Además del «referente central» de la calle de Alberique y al que diariamente acuden decenas de personas, este no es el único lugar en el que se consume y se trafica con drogas. «Cada vez más, el problema se ha trasladado a los narcopisos, que existen en un número superior al que contabiliza la Policía», señalan en el texto que remitieron al Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo. En 2025, la Policía Nacional desarticuló 113 puntos de distribución de estupefacientes ‘caseros’ en Madrid –10 al mes–, deteniendo por ello a 271 personas. De todos estos puntos de venta de drogas, 9 se encontraban en el distrito de San Blas-Canillejas –más concretamente en el entorno de este parque–, tan solo por detrás del distrito de Centro (10) y empatando con Usera-Villaverde.Sin embargo, no solo señalan a la Delegación del Gobierno, sino también apelan a la responsabilidad del consistorio madrileño en cuanto a la limpieza de los viales. No hace falta rebuscar mucho para encontrar basura en estas zonas verdes: desde cristales y monitores de televisión rotos hasta carritos de la compra con la que pasean la chatarra para su posterior venta. «Hay dos servicios especiales a la semana de limpieza. Viene la Policía con los barrenderos. Pero sigue estando degradado, como siempre están tirados en el césped está todo hecho un asco, en unos arbustos justo al lado de un colegio que hay ahí hacen sus necesidades», incide Vicente Pérez a este periódico.
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