Era San Sebastián de los Reyes la última estación de su larguísima procesión agosteña, de glorias y de cruces, de ese olvido del cuerpo que tanto estremece. De norte a sur, de este a oeste, han peregrinado los partidarios de Morante para no perderse su intensa agenda, en la que sobran dedos para contar las tardes en las que el vestido de luces no fue su primera piel. Tan solo esta semana recorrió dos mil kilómetros, de Cuenca a Almagro, de Almagro a Almería, de Almería a Bilbao, de Bilbao a Sanse…Un racimo de naturales purificó Vista Alegre y en la Tercera embelesó desde el saludo a la verónica, con una torera media. Costaba cambiar el chip del toro norteño. Tan amabilísimo de cara y tan feble el primero de Juan Pedro. Qué guasón su nombre: Vigoroso. Aplicó el sevillano suavidad desde la apertura por alto. Y a media altura enjaretó en redondo unos derechazos de perezosa verticalidad, con el mentón hundido y el pecho por delante. A cuentagotas por la condición del animal, de menor empuje todavía a izquierdas. Pero siempre con armonía y metido en el terreno del rival.Morante, por chicuelinas en el cuarto José Salvador. ¡Vaya lote! Si aquel fue regulero, el cuarto, de Álvaro Núñez, no había por dónde cogerlo. Ni por dentro ni por fuera. Menuda birria. Tuvo que poner el cigarrero los pies en polvorosa cuando le arrebató el capote tras unos lances de quietud. Y otra vez asomó la brusquedad de Rescoldito en las airosas chicuelinas, que traían el aroma de la canela en rama. Protestó en los ayudados, a la defensiva por su ayuno poder, por su falta de casta. Y tras unos derechazos en los que le increparon con «¡crúzate!» -a un tío que se los pasa por la faja- y con el desplome de tal inválido cogió la espada. No quería salir a saludar el maestro, pero tanto creció la ovación que no le quedó más remedio. Dos filas más atrás, un señor no paraba de quejarse: «Estas figuras podrían cuidar más el producto, que esto es una vergüenza; como si invito a una paella y compro marisco sin categoría». No era ya solo presencia, era también el fondo. Un gafe vuelve a andar suelto: otro lote inservible, el peor de una corrida que a sus compañeros les permitió salir a hombros con el respaldo de gentilísimo público que había abarrotado la plaza. ¡Qué ambientazo! Fue lo mejor de una tarde que sumaba 78 primaveras de alternativa, como el año de la Constitución, un cartel de más veteranía que una boda de brillantes. Triunfaron los dos ‘jóvenes’, Sebastián Castella y José María Manzanares, con los toretes que más sirvieron. Eso sí, tranquilidad en el frente antiindulto en una jornada en la que por otros lares se perdonó a varios la vida: ni con el juego de los seis se hubiese sumado uno de indulto. Sí los hubo de buena condición, caso del segundo, con el que gustó Castella con el capote y con las banderillas Chacón. Se le vino encima Molinero cuando se preparaba para trazar el pendular, que improvisó con serenidad entre la algarabía. A pesar de no andar sobrado de fortaleza, humilló y se desplazó en una faena presidida por la firmeza, tan mecánica y de alma ausente. Y a las ocho menos cinco se inauguraba el marcador con una oreja. Dos más cortaría al quinto, un animal repetidor, con su castita rebrincada, pero obediente para coser las tandas. De manera trepidante arrancó su obra el francés, por solemnes estatuarios y una espaldina, que puso en pie los tendidos. Luego aquella disposición acabó adocenada, con más de un enganchón. «¡Torero, torero!», coreaban. Y si la gente era feliz, pues aquí paz y después gloria. Había tenido el gesto de brindar al maestro Curro Vázquez, que tras ver aquel ganado soñaría con otro festival…San Sebastián de los Reyes Plaza de toros de la Tercera Domingo, 30 de agosto de 2026. Lleno. Toros de Juan Pedro Domecq y Álvaro Núñez (4º y 6º), terciados y de amables caras, manejables en general dentro de su variado juego, mejores los de Juan Pedro. Morante de la Puebla, de azul y oro: pinchazo hondo (silencio); estocada (saludos). Sebastián Castella, de azul y oro: pinchazo y estocada trasera (oreja); estocada trasera (dos orejas). José María Manzanares, de nazareno y oro: estocada recibiendo algo tendida (dos orejas); estocada corta (silencio).Con más volumen el acapachadito tercero. Molestaba el viento ahora, pero Manzanares logró una tanda diestra intensa y ligada, aprovechando la boyante embestida, que pedía gobierno sin tirones. Con técnico oficio y templanza, logró sostener la noble entrega de Baladrón a estribor, el lado del toro y el del torero. El espadazo recibiendo puso en bandeja las dos orejas. El cariavacadito sexto, de Núñez, se dejó con su mermado poder por el zurdo. Y por allí anduvo el alicantino. Luego, se iría en volandas con Castella, mientras Morante cerraba a pie el círculo de ese agosto que arrancó con la mágica tetralogía del Puerto.
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