Mi hija forzó el viernes un poco a mi mujer para que la llevara a Pals a pasar un día con su amiga, sabiendo que al día siguiente tendría que volver a por ella porque el domingo partíamos hacia Bangkok . Mi mujer acabó accediendo para no ser la que siempre se niega, pero la noche del viernes me llamó y me dijo que se sentía decepcionada conmigo por haber animado a Maria en su afán en lugar de haberla contenido.Antes vivíamos los veranos de nuestros padres y nos adaptábamos a ellos y no digo que no fueran veranos felices. Sus amigos me solían parecer más interesantes que los míos. Cuando íbamos a restaurantes, que ni mucho menos era cada día, nos dejaban elegir dentro de un límite y no lo más caro. Nosotros no éramos los importantes, y ya ni digamos el centro. Muchos planes que se nos ocurrían los descartábamos antes de pedirlos, porque nos imaginábamos la respuesta, y argumentos como que no les apetecía o que era demasiado caro eran habituales, y con un simple «no» también bastaba, y no se nos ocurría protestar.Yo no soy ese padre y mi verano es el de mi hija. Mi tiempo, mi dinero, lo que me apetece, lo que me ilumina es mi hija. Si lo que me apetece lo puedo hacer con ella, lo hago. Si a ella no le gusta o no puede, deja de apetecerme o lo hago un día que no esté. Lo importante de mi vida es Maria . Es mi centro de gravedad y mi alegría. Mi mujer tuvo que conducir algunas horas pero mi decepción son los padres que quieren tiempo para ellos o todavía tienen caprichos que no son alegrar la vida de sus hijos. Hay quien dirá que soy un padre débil pero lo que a mí me parece blandengue es que un adulto todavía se priorice. Ser presumido es una forma de decadencia, y una de las más grotescas.No recuerdo haber aprendido ninguna humildad o pauta de vida de aquellos veranos en que mis padres hacían lo que les gustaba y mi hermana y yo íbamos a remolque. De hecho, creo que mi manera de ser padre es una respuesta a cómo fui hijo.El verano de mi hija empezó el 1 de junio, cuando mi querido Juan Antonio la fue a buscar al colegio, a la salida de un examen, y la llevó tan aprisa como pudo al aeropuerto para que llegara a Marbella sobre las 19, y pudiera asistir al día siguiente a un almuerzo benéfico ofrecido por Nobu y Albert Adrià. Luego fuimos a Ibiza ; al regresar, ella pasó unos días en casa de distintas amigas; volvimos un par de días a Marbella la semana pasada; ahora estamos en Bangkok y le queda un viaje a Miami a mediados de septiembre para acompañar a Rosalía en el cierre de su gira .Si es poco o mucho, me da lo mismo. Lo que me gusta es que este verano, como yo, sea sinceramente suyo. La austeridad con que me educaron no me sirvió más que como trampolín para nunca más volver a usarla. Mostrar la belleza da más inspiración y fuerza para alcanzarla que pintar un mundo de dolor y sufrimiento en el que sólo la tristeza se considera profunda y lo divertido da sentimiento de culpa. En mis veranos no hubo nada y es verdad que aquella nada me permitió observar, entender y conservar muchas de las historias que les he podido contar en estos artículos. Luego, de joven, dediqué algunos años al culto a mí mismo y a algunos objetos, pero enseguida me fui sintiendo ridículo, hasta que por fin conocí a mi mujer y tuvimos a Maria.Haber dejado de ser lo más importante de mi vida es lo que me mantiene en la cordura y darlo todo porque sí me parece la única divisa de un hombre afortunado y agradecido. Tal vez los veranos de mi hija no sean siempre así, pero cuando el tiempo pase ella podrá escribir historias muy distintas a las mías sobre cómo los vivimos.
Powered by WPeMatico