Don Quijote dio grandes consejos a Sancho para que gobernase la ínsula de Barataria. Lo que pocos saben es que este episodio cambió la relación entre hidalgo y escudero para siempre y guarda alguna enseñanza que podemos aplicar en nuestra vida.
En concreto, los hechos ocurren en el capítulo XLII de la segunda parte de El Quijote. Por ejemplo, don Quijote aconseja lo siguiente a Sancho: «La sangre se hereda, pero la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale».
Aunque se escribiera hace siglos, el consejo sigue vigente porque no deberíamos dar tanta importancia a de dónde venimos porque no lo podemos elegir, pero sí a qué queremos construir a partir de ello.
La lección de Don Quijote a Sancho para que no juzgue a la gente por sus orígenes
Es curioso comprobar cómo un noble castellano obsesionado con la caballería aconseja a su escudero que no juzgue a las personas por el lugar en el que han nacido, sino por lo que han hecho con su vida después.
Pero lo cierto es que «La sangre se hereda, pero la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale» habla exactamente de eso. De separar la procedencia de la conducta.
Por una parte tenemos la sangre; es decir, a la familia, el linaje, el origen y la posición social. Y por otro tenemos a la virtud; lo que una persona cultiva diariamente con sus actos.
De hecho, en este consejo podemos ver a un Quijote muy maduro porque no niega que el origen existe, sino que le resta importancia a la hora de juzgar a los demás.
Miguel de Cervantes en este fragmento quiere advertir sobre dos errores: despreciar a alguien por tener orígenes humildes y admirar a alguien por su cuna.
Cómo aplicar el consejo de El Quijote para valorar a las personas en nuestra vida
La frase completa de Don Quijote es toda una declaración de intenciones y una muestra de apoyo a su escudero, para que no tema no estar a la altura debido a sus orígenes:
Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y agüelos tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
Donde antes había nobles y reyes, ahora hay padres millonarios, pero el consejo cervantino sigue teniendo vigencia. También desde el punto de vista de la autoexigencia porque ser humilde no tendría que servirnos como excusa permanente frente a nuestros fracasos.
En el trabajo, en la amistad, en la familia o en cualquier relación, el trato diario acaba diciendo más que cualquier presentación brillante. Nacer con menos oportunidades no tiene por qué ser sinónimo de conformismo.
En la práctica, la virtud se nota en las pequeñas decisiones. Por ejemplo, al cumplir con nuestra palabra, cuando tratamos bien a quien no puede darnos nada cambio o cuando no presumimos de lo que hemos ganado.
Por qué los consejos de Don Quijote a Sancho para el gobierno de la ínsula son tan importantes
Hay que entender que el capítulo XLII de la segunda parte de El Quijote narra la preparación de Sancho Panza para asumir el gobierno de la ínsula Barataria, un engaño organizado por los duques.
Eso motiva que el capítulo ponga el foco en los consejos morales y éticos que Don Quijote da a Sancho antes de partir. De hecho, por un momento, la novela deja a un lado el disparate caballeresco y muestra a un Don Quijote sorprendentemente lúcido.
Por ejemplo, le habla a Sancho de temer a Dios, de conocerse a sí mismo, de no avergonzarse de su origen humilde y de valorar la virtud por encima de la nobleza heredada.
También le pide que sea justo y compasivo. Le advierte contra los sobornos, contra las pasiones personales y contra el peligro de juzgar movido por el rencor.
Sancho escucha con atención y promete guardar esos consejos en la memoria. Además, esa reacción refuerza el vínculo entre ambos, porque Don Quijote ya no le habla sólo como amo, sino como alguien que quiere ver a su escudero actuar con dignidad.
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