Vivimos rodeados de modelos, opiniones y expectativas sobre cómo deberíamos comportarnos. Desde la forma de vestir hasta las decisiones profesionales o las relaciones personales, muchas veces resulta más sencillo adaptarse a lo que hacen los demás que defender aquello que realmente queremos. Oscar Wilde lo resumió con una de sus reflexiones más populares. «Sé tú mismo, todos los demás puestos ya están ocupados», una frase que convierte a la autenticidad en una de las mejores formas de diferenciarse de los demás.
Una defensa de la individualidad
Oscar Wilde fue uno de los escritores más brillantes y provocadores de la literatura británica del siglo XIX. Nacido en Dublín en 1854, destacó por su ingenio, su estilo y su oposición a muchas de las convenciones sociales de su época. Diferentes estudios describen al autor como una de las grandes figuras del esteticismo y recuerdan que su obra se enfrentó de manera constante a las normas sociales dominantes.
La reflexión sobre ser uno mismo encaja especialmente bien con esa trayectoria. Wilde convirtió la individualidad en una parte esencial de su concepción del arte y de la vida, defendiendo que las personas debían poder desarrollar sus propias capacidades sin quedar sometidas a las expectativas de la sociedad. Para él, la originalidad no era un defecto que hubiera que corregir, sino precisamente aquello que hacía valiosa a una persona.
No vivir para agradar
Esta idea aparece de manera especialmente clara en El alma del hombre bajo el socialismo, ensayo publicado en 1891. Wilde defendía allí que una sociedad verdaderamente libre debía permitir el desarrollo del individualismo y que las personas pudieran desarrollar plenamente su personalidad. La libertad individual, para el escritor, no consistía simplemente en hacer lo que uno quisiera, sino en tener la posibilidad de convertirse en quien realmente podía llegar a ser.
El escritor también cuestionaba la presión de la sociedad para que las personas encajaran dentro de determinados modelos. En su pensamiento, la costumbre y la conformidad podían terminar reduciendo la personalidad humana. Precisamente por eso consideraba que el arte tenía un enorme valor, ya que podía romper con la monotonía y desafiar aquello que todo el mundo daba por establecido.
Ser diferente también tiene un precio
Sin embargo, ser uno mismo no significa necesariamente llevar la contraria a todo el mundo. La autenticidad consiste más bien en no construir una personalidad exclusivamente para conseguir aprobación. Una persona puede escuchar consejos, cambiar de opinión y aprender de los demás sin dejar de mantener aquello que considera esencial.
En el caso de Oscar Wilde, la individualidad estaba estrechamente relacionada con la creatividad. En El alma del hombre bajo el socialismo llegó a definir el arte como una de las formas más intensas de individualismo y defendió que la creación artística necesitaba libertad frente a las expectativas del público.
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