La nueva vida del Príncipe Harry y Meghan Markle al otro lado del Atlántico abre numerosos interrogantes. La posible reconciliación con Carlos III, el futuro de su relación con los Príncipes de Gales y el lugar que los Sussex ocuparán, o no, en la órbita de la Familia Real británica son algunas de las grandes incógnitas que acompañan a su traslado desde Montecito a los Cotswolds.Pero mientras todas las miradas están puestas en Buckingham y en la posibilidad de un acercamiento entre Harry y su familia, hay otra persona para la que esta mudanza supone un cambio mucho más personal. Doria Ragland, la madre de Meghan y una figura fundamental en la vida de los Sussex desde que abandonaron sus funciones como miembros de la realeza, no acompañará a su hija, su yerno y sus nietos en esta nueva etapa.A punto de cumplir 70 años, el próximo 2 de septiembre, Doria se queda en California. Una decisión que, según la información conocida sobre la familia, tiene mucho que ver con que mantiene allí su propia vida, sus amistades y sus rutinas. Pero eso no evita que sea, en cierto modo, una de las grandes damnificadas del cambio: hasta ahora, había sido la abuela que más cerca ha estado de Archie y Lilibet.La abuela que siempre estuvo allíDoria Ragland ha sido una presencia constante en la vida de Meghan desde mucho antes de que su hija conociera al Príncipe Harry. Y ese papel se hizo todavía más importante cuando los Sussex decidieron romper con su vida institucional en Reino Unido y comenzar de nuevo en Estados Unidos en 2020.Su relación con los pequeños Archie y Lilibet también ha sido especialmente estrecha. Doria vive en California, relativamente cerca de la residencia que los Sussex tenían en Montecito, y ha podido formar parte de la vida cotidiana de sus nietos de una manera mucho más habitual que el resto de sus abuelos.Según informó ‘TMZ’, Doria incluso disponía de un espacio propio en la casa de Harry y Meghan, pensado para que pudiera quedarse con frecuencia y ayudar en el cuidado de los niños. Una presencia familiar que contrasta con la distancia que durante años ha separado a Archie y Lilibet de la familia paterna.Los pequeños pasaron largos periodos sin ver a sus abuelos británicos. De hecho, según el contexto facilitado, Carlos III y Camilla llevaban cuatro años sin reunirse con ellos hasta el reciente encuentro familiar en Highgrove durante la visita de los Sussex al Reino Unido a principios de julio.La madre que se convirtió en el gran apoyo de los SussexDoria no solo ha ocupado un lugar importante como abuela. También ha sido uno de los grandes apoyos de Meghan y Harry durante los momentos más complejos de los últimos años.La madre de la duquesa estuvo con ellos cuando nació Archie y, según contó el propio príncipe Harry en sus memorias, permaneció durante más de un mes junto a la pareja en Frogmore Cottage después de la llegada del pequeño.Su ayuda también resultó fundamental durante uno de los momentos más difíciles para Harry. Cuando la reina Isabel II murió en septiembre de 2022, los Sussex se encontraban en Reino Unido y tuvieron que prolongar inesperadamente su estancia durante semanas. Mientras ellos permanecían en el país participando en los actos oficiales, Doria estaba en Montecito cuidando de Archie y Lilibet.Más tarde, Meghan recordó aquel periodo en su programa de Netflix, ‘Con amor, Meghan’. La duquesa reconoció que las semanas que pasó lejos de sus hijos fueron las más largas que había estado separada de ellos y que aquello le hizo «sentirse mal». Detrás de esa ausencia, Doria estaba desempeñando uno de los papeles que parece haber asumido de forma natural en la vida de la familia: sostener a los Sussex cuando ellos no pueden estar.Un «pilar de fortaleza» para HarryLa estrecha relación de Doria con Harry tampoco ha pasado desapercibida. Con los años, la madre de Meghan ha construido un vínculo propio con su yerno, alejado de los protocolos y de la rigidez que han marcado algunas de las relaciones familiares del príncipe.Una fuente cercana a los Sussex citada por el ‘Daily Mail’ aseguró que Harry siente un gran cariño por su suegra y que Doria se ha convertido en «un pilar de fortaleza» para la pareja. El propio duque también la definió como «una mujer increíble» en una entrevista con la ‘BBC’.Doria, por su parte, también ha hablado con afecto de Harry. Sobre la primera vez que le conoció, recordó: «Cuando lo conocí me pareció hombre guapo, alto, con el pelo pelirrojo y unos modales estupendos. Fue un momento muy agradable y se les veía muy felices juntos, como si él fuera el hombre de su vida».Un vínculo que ayuda a explicar por qué su ausencia física en esta nueva etapa de los Sussex puede tener un peso importante. Doria no ha sido únicamente la madre de Meghan ni la abuela de Archie y Lilibet: se ha convertido en parte del núcleo familiar que Harry y Meghan han construido lejos de Reino Unido.Una nueva vida, pero sin DoriaPor ahora, todo apunta a que Doria no dejará California para instalarse de forma permanente junto a su hija. A sus 69 años, mantiene su propia vida, sus amistades y sus actividades y no parece dispuesta a abandonar por completo el lugar en el que se ha asentado.Una amistad de los Sussex explicó a ‘HELLO!’ que la situación no significa que vaya a desaparecer de la vida de sus nietos. «Doria es una parte fundamental de la vida de los niños, pero tiene su propia vida en California. Por supuesto, seguirá viendo a la familia con frecuencia», aseguró.La distancia, sin embargo, cambiará inevitablemente el día a día. Pasar de vivir a pocas horas de la casa de Meghan a tener a su hija y a sus nietos al otro lado del Atlántico supone una transformación profunda para una mujer que ha podido acompañar de cerca el crecimiento de Archie y Lilibet.Y hay una paradoja difícil de ignorar. La mudanza de Harry y Meghan podría abrir una nueva puerta para que los niños recuperen el contacto con la familia británica de su padre. Carlos III tendría más oportunidades de ver a sus nietos y, aunque la reconciliación con el resto de la familia parece todavía mucho más complicada, la distancia física dejaría de ser el principal obstáculo.El otro lado de la nueva etapa de MeghanDoria, sin embargo, es quien podría pagar el precio emocional de ese acercamiento. La mujer que ha estado presente desde el nacimiento de Archie y Lilibet, que ha cuidado de ellos cuando sus padres han tenido que permanecer en Reino Unido y que ha acompañado a Meghan en algunas de las etapas más convulsas de su vida, tendrá que acostumbrarse ahora a otra relación con su familia.Siempre discreta, Doria ha evitado convertirse en una figura mediática pese a la enorme atención que rodea a su hija. Desde su aparición en la boda de Meghan y Harry en Windsor, donde acudió como única representante de la familia de la novia, sus intervenciones públicas han sido escasas.Meghan, sin embargo, nunca ha ocultado la influencia que su madre ha tenido en su vida. Durante una visita a Colombia, la duquesa aseguró: «Encuentro inspiración en las mujeres fuertes que me rodean. Por supuesto, mi madre es una de ellas. Gran parte de mi forma de abordar las cosas tiene menos que ver con la lucha y más con cómo nos mostramos en un espacio y lo inundamos todo con amor, amabilidad y generosidad».Ahora será precisamente esa fortaleza la que Doria tendrá que poner a prueba. Mientras Harry y Meghan comienzan una nueva etapa marcada por las expectativas sobre su futuro en Reino Unido, la madre de la duquesa se queda en California.Seguirá siendo una parte fundamental de la vida de Archie y Lilibet, como asegura el entorno de los Sussex. Pero por primera vez desde que la pareja construyó su vida lejos de la familia real británica, Doria no estará a apenas unas horas de distancia. Y para la abuela que ha estado siempre allí, ese puede ser el precio más alto de la nueva vida de Meghan y Harry.
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