No quieren los hijos de los gitanos buenos principios, y buenos no fueron, con el pañuelo verde desde primera hora. Pero cómo rodó todo lo demás en este 1 de septiembre: de puerta grande en puerta grande con una estupenda corrida de Núñez del Cuvillo, con un Parrando de superlativa clase en el que se rozó el indulto. De inicio a fin lo cuajó Tomás Rufo en una triunfal tarde de once orejas. Todos a hombros: el de Pepino, Morante, Talavante y el mayoral de la ganadería. A corrales había regresado Fumador, tan descoordinado. Otro aire tenía el sobrero, del hierro titular, con nobleza y calidad. Esparció el genio su perfume a la verónica, que creció en el torero prólogo. Disfrutó Morante en la cara de Tortolito en una faena pura armonía. Asentada y reunida por ambos lados, con mejor son del toro por el derecho. Y por ese lado cosió una serie vertical y despaciosa, con un redondo interminable llevando completamente embebido el viaje. Un ayudado, la firma y una trincherilla pusieron el broche antes de la estocada, algo defectuosa, pero efectiva. Se iluminó el rostro de José Antonio mientras paseaba las dos orejas. De lavada expresión el segundo, al que Talavante cuajó con determinación en un mixto de verónicas y gaoneras. Siguieron las musas en un quite a medio camino entre las cordobinas y las tafalleras. Variada y lentificada la apertura con el enclasado animal, al que dibujó naturales a cámara lenta, con una firma recreadísima. Y otra más, aprovechando la clase de Berlanguillo a babor. Arrimón final, crecido Alejandro, gustándose y jugando a su antojo con el cuvillo, con el que se desplantó a cuerpo limpio. Y de postre, unas bernadinas cambiándole el viaje. El fulminante espadazo desató una imparable pañolada, pero el palco frenó el rabo.Cuello para descolgar traía el cinqueño tercero, con el que Rufo entusiasmó ya en la larga cambiada de rodillas con la que remató en los medios el saludo. Pero el lío grande vino en el soberbio quite, con una docena de saltilleras y gaoneras. Apretadísimas las últimas, de impacto total. ¡Cómo era Parrando! Qué manera de colocar la cara en el arranque de hinojos, con aguante y profundidad mientras el de Cuvillo surcaba la arena. Ya en pie, se abría el animal, pero el toledano lo sujetó presto, llevándolo muy tapado, con una tanda de interminable ligazón. Por los dos pitones era caviar, que ojo a cómo metió la testa también por el zurdo. Mucho exigió el torero y bravo fondo enseñó Parrando, con esa fijeza y esa embestida incansable. No se hizo esperar el runrún del indulto mientras se marchaba a por la espada. Y allá que continuó toreando, ahora sentidísimo a dos manos. Y otra ración de rodillas, con el amago de quererse rajar. No se dejó llevar el presidente por la indultitis y viajó caída la espada, lo que frenó la opción de rabo. Maciza la obra de Tomás y excelso de entrega Parrando, con los honores de la vuelta al ruedo.De filigrana las chicuelinas de bienvenida de Morante a Dudosonito, al que dieron fuerte en el caballo. Qué torería contuvo la apertura genuflexa a dos manos, de esas que tanto calan en Madrid. Pero el colorado carecía de la clase de su anterior hermano, más bruscote. No importó: hundió el mentón el maestro, se atalonó y se lo pasó por la faja tras el molinete. El ritmo que le faltaba al toro ya lo ponía el sevillano, tan sonriente. Con qué facilidad le dio matarile. Y otra oreja al esportón.Con faroles saludó Talavante al más grandón quinto, que metió riñones en el peto, pero cabeceó. Proverbial el quite de Morante a Lili en banderillas. Y otro toro con calidad, aunque con el poder contado. A media altura acompañó la embestida el pacense, que le dio fiesta hasta el final con las manoletinas, la espaldina y esa danza tocándole los costados. Y doble galardón en la desatada tarde.Feria de Palencia Coso de los Campos Góticos Martes, 1 de septiembre de 2026. Casi lleno. Toros de Núñez del Cuvillo (incluido 1º bis), desiguales, de agradables hechuras y caras; de buen juego, el excelente 3º premiado con la vuelta al ruedo. Morante de la Puebla, de negro y oro: estocada trasera, tendida y desprendida (dos orejas); estocada desprendida (oreja). Alejandro Talavante, de verde esmeralda y oro: estocada desprendida (dos orejas con fuerte petición de rabo); estocada rinconera (dos orejas). Tomás Rufo, de buganvilla y oro: estocada baja (dos orejas); estocada (dos orejas). Más intención que dibujo la bienvenida al sexto, con el que se desmonteró la cuadrilla. Brindó Rufo a Morante y presentó la zocata en una suave serie, pero este toro era más mironcete, se lo pensaba más y pegó algún arreón. Entre los pitones, por delante y por detrás, acabó su pleno de cuatro orejas. Y en volandas se lo llevaron junto a sus compañeros y el mayoral. Para enmarcar la foto del estreno septembrino. De felicidad completa: toreros, ganaderos y tendidos. ¡Cómo gozaron!
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