La vocación por las estrellas le llegó a Pedro García Lario durante los veranos que pasaba en el pueblo de su abuela, que había emigrado desde Turmiel, un pueblecito de la comarca del Señorío de Molina-Alto Tajo, a Madrid. Allí, en un lugar remoto y con apenas población, los cielos eran -y siguen siendo- tan libres de contaminación lumínica que la Vía Láctea se ve a simple vista. Con 18 años descubrió que el 12 de agosto de 2026 un eclipse total de Sol pasaría por encima de su pueblo. Desde entonces, el ahora astrónomo de la Agencia Espacial Europea (ESA) lleva aguardando este momento, contagiando a todos sus familiares, amigos y vecinos su entusiasmo por el universo. Y ayer, por fin, este pequeño pueblo de tan solo 9 personas censadas vivió el fenómeno por el que llevaba esperando 44 años.Pedro se despertó con «una sensación extrañísima». Lo cuenta desde la terraza de uno de los tres bares ‘oficiosos’ del pueblo, autogestionado por los parroquianos, que en los veranos multiplica por 20 su población al calor de las fiestas patronales, que son esta semana. Con el aliciente del eclipse, hay incluso más, y cada arcén y hueco está repleto de coches. A su alrededor, vecinos y amigos charlan del fenómeno astronómico como quien lleva meses preparando una fiesta. «Nos lleva hablando del eclipse desde tiempos inmemoriales», resume Pilar, la última en nacer en el pueblo y una de las pocas censadas. Ultiman los preparativos combatiendo el calor con botellines y risas, rememorando viejas historias. Javier, comisario jubilado, le pregunta a Pedro sobre las fases del eclipse. «Nos tienes que avisar cuando se vean las perlas de Baily -le dice como un experto-. Pero luego nos lo explicas mejor». Pedro se ríe, porque aunque lleva décadas explicándolo, no le importa hacerlo una vez más.«Yo tenía un telescopio pequeñito que me compré con mis ahorros. 40.000 pesetas que me costó. Lo sacaba a las eras y la gente decía: «¡Que ha sacado Pedro el telescopio!». Y la gente venía». Maribel, cuyos abuelos también eran de Turmiel, asiente. «A mí me gustan las estrellas de Turmiel gracias a Pedro. Siempre que nos íbamos a los pueblos, nos fijábamos en las estrellas». Cuenta que la noche anterior vio algunas estrellas fugaces y se le puso «la piel de gallina ». Pedro, que ha visto eclipses en simulaciones, ha estudiado sus trayectorias y lleva media vida hablando de ellos, reconoce que nunca ha visto uno con sus propios ojos y que no sabe qué sentirá cuando la Luna tape completamente el Sol. «No tengo ni idea, no lo sé. Emoción sí», dice. Se le quiebra la voz y no puede evitar que se le salten las lágrimas. Y aún quedan cinco horas para que ocurra este fenómeno que no volverá a pasar por Turmiel hasta el 4 de octubre de 2480. «No creo que lleguemos a ese, así que imagina cómo estoy».Turmiel repite la historia de muchos de los pueblos de la zona de la España vaciada. Medio millar de personas vivían en el pueblo hasta que a partir del siglo XX el éxodo rural llevó a muchas de sus gentes a ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza. Incluso Francia o Alemania. Pero los que se fueron conservaron el pueblo, al que regresan los veranos. «La gente que tiene un pueblo tiene un tesoro », dice Pedro. «Tienes un sitio de referencia. Es como decía Antonio Vega : el sitio de tu recreo».siUn lugar que se ha volcado con el eclipse, tal y como demuestran las camisetas que todos los vecinos lucen para festejar el día. Con el letrero ‘Turmiel eclipsado’ presidiendo el skyline del pueblo, cientos de personas se preparan para el evento, como Esther y Juan Carlos, que son fijos cada verano y llegan desde Barcelona. «Con todo lo que nos ha hablado Pedro de esto, como para perdérnoslo», dicen. También hay gente del País Vasco, Valencia o Zaragoza. La gente joven, escasa en invierno, regresa al pueblo y echa una mano moviendo sillas y mesas para la fiesta astronómica que continuará después en los bares ‘oficiosos’.Siempre hay sitio para uno másEs el caso de Álvaro y Natalia, hijos de Pedro, y su amiga Laura. «En verano nos juntamos unos 20», cuenta Álvaro, que ha crecido oyendo hablar del eclipse y comparte con su padre la emoción. Y a ellos se suman los amigos que cada uno trae de sus respectivas ciudades, que se reparten por casas de todo el municipio, acogidos con una hospitalidad que dice mucho de Turmiel: aquí siempre hay una puerta abierta, una silla más en la mesa y cariño de sobra para quien llega.Pedro explicando a los vecinos y visitantes de Turmiel el fenómeno astronómico. José Ramón LadraTambién entre los amigos hay compañeros de Pedro en el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC). Los ingenieros de misión de la ESA Virginia Carcelén Aycart, Pedro Gómez Cambronero, Adrián Aranda Oliva, Guillermo Buendía del Campo, Ivan Valtchanov, junto con Rocío García Rubio, responsable de Woman in Aerospace Europe en Madrid, están en las eras de arriba, afanándose porque los equipos y la televisión de 65 pulgadas que han montado para proyectar el eclipse funcionen correctamente . «Todos pertenecemos al Club de Astronomía de la ESAC y Pedro es el presidente», explica Virginia bajo un sol de justicia mientras apremia a todo el mundo a echarse protector solar. «Nos dijo que él lo vería aquí y nos empezamos a juntar gente». Tanta que entre familiares y amigos son unos 30, que se suman a las más de 200 que han venido al pueblo.«Habéis notado que ha bajado mucho la temperatura, la luz y ahora ha aumentado el viento», explica Pedro con una sonrisa de oreja a oreja a través de un micrófono a todos los reunidos en la era, que le escuchan atentos. Va relatando por enésima vez lo que todos están a punto de observar, una casualidad astronómica que ocurre porque el Sol es unas 400 veces más grande que la Luna, pero también está 400 veces más lejos de nosotros. «Cinco minutos para la totalidad », dice Pedro, mientras Elisa, que ha venido desde Guadalajara con David y Jorge, compara la cuenta atrás con «las campanadas».Vista del eclipse total desde San Asensio, en la Rioja AFP«¡Gafas fuera!», dice Pedro cuando la totalidad se hace realidad ante un público que exclama maravillado al ver un punto negro en el cielo, bordeado por la luz de la enigmática corona solar. Aquello que están presenciando, la atmósfera exterior de nuestra estrella, encierra secretos que aún estamos intentando comprender, como por ejemplo por qué la corona alcanza temperaturas de alrededor de 2 millones de grados, mientras que la superficie visible del Sol, la fotosfera, está a ‘solo’ 5.000. «Esto es lo más espectacular de la naturaleza que puedes ver en el planeta Tierra», dice Pedro mientras a su alrededor mucha gente exclama, llora y se abraza.Entre los cientos de personas que están presenciando el eclipse en la era al lado de la iglesia hay muchos niños con sus gafas . «Estoy seguro que de aquí saldrán nuevas vocaciones», dice mirándolos. Y sueña con un futuro en el que Turmiel tiene una oportunidad de convertirse en referente del astroturismo. No en vano, él junto con la asociación astronómica Astroguada ha impulsado la candidatura de los cielos de la provincia como reserva Starlight. «El cielo que hay aquí no está en Europa« en referencia a cielos tan oscuros. Y ese es el principal aliciente del fin de fiesta, una ‘starparty’ para ver las Perseidas, cuyo pico de meteoros coincide precisamente con este día. Hace décadas, fue este cielo el que despertó en Pedro la vocación por las estrellas. Hoy, mientras mira a los niños de Turmiel con sus gafas puestas, quizá pueda decir que aquella vocación ya tiene nuevos ojos que la miran.
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