Mohamed bin Salman, el Príncipe Heredero y hombre fuerte de Arabia Saudí, tiene pesadillas con él. Benjamin Netanyahu ha dicho que correrá la misma suerte que los abatidos líderes de Hamás, Yahya Sinwar, y de Hizbolá, Hasán Nasrala. Es Abdul Malik al Houthi, el líder del movimiento rebelde de Yemen, los hutíes, que desde hace más de diez años controlan la capital, Saná, y, cada vez más, el paso estratégico de Bab el Mandab, que une el Mar Rojo con el océano Índico.Abdul Malik al Houthi no estaba llamado a dirigir el movimiento político-militar de la minoría chií de Yemen. En cierto modo, su llegada al poder fue similar a la del cachorro de los Assad de Siria –también perteneciente a una minoría chií– Bashar al Assad , que pretendía ser dentista, pero la muerte de su hermano mayor le impuso el deber de ser líder de la dinastía. La suerte de Al Houthi se jugó en 2004, cuando su hermano mayor Husein, fundador del movimiento hutí a comienzos de los años 90, murió durante un enfrentamiento con las tropas del dictador yemení Ali Abdulá Salé. Abdul Malik al Houthi, el menor de nueve hermanos, tenía entonces 25 años. Hoy, a los 47, sigue siendo el líder indiscutible de los rebeldes hutíes, que controlan el territorio más estratégico del Yemen, el país más pobre de Oriente Próximo.Su suerte se jugó en 2004, cuando murió su hermano mayor. Abdul Malik al Houthi, el menor de nueve hermanos, tenía entonces 25 años. Hoy tiene 47A diferencia de otros líderes islamistas de la región, Al Houthi no se prodiga en apariciones en público. Cuando cayó en sus manos la capital yemení, en 2015, se dirigió al país por televisión para anunciar el triunfo de la revolución «contra la dictadura y la corrupción» del anterior régimen. Convertido en líder no solo de su movimiento hutí, sino también de la minoría musulmana chií del Yemen -conocida como corriente zaidí-, Abdul Malik habló de un «islam moderado» que pretendía solo dar sanidad y educación a todos , también a la mayoría suní del país que constituye los dos tercios de sus 43 millones de habitantes.Un hombre sostiene un retrato del líder de la milicia hutí, Abdul Malik al Houthi, en una protesta contra EE.UU., en enero de 2024, en la capital, Saná. AfpEl mensaje de que el hutí es un movimiento de rebeldía ante la corrupción y la discriminación que sufrió la minoría religiosa chií, en tiempos del dictador Salé, explica el éxito inicial de los insurgentes también entre los desheredados suníes. Otro elemento clave de su tirón lo constituye la disciplina, que contrasta con la apariencia de las imágenes transmitidas al mundo por los medios de comunicación. En ellas se muestra un ejército de desarrapados nómadas de las montañas del norte, armados con fusiles o lanzacohetes que cuelgan junto a sus turbantes. Hoy las fuerzas hutíes cuentan con misiles y drones suministrados por Irán , con los que atacan navíos comerciales en el Mar Rojo e instalaciones petrolíferas en Arabia Saudí. Han llegado incluso a golpear instalaciones petrolíferas alrededor del aeropuerto de Riad, lo que ha hecho saltar todas las alarmas en el país.La ideología hutíLos hutíes nacieron en torno a 1992 con la organización de ‘campamentos de verano’ –promovidos por los hermanos Husein y Mohamed al Houthi– para dar doctrina política revolucionaria a jóvenes estudiantes zaidíes del norte. Se denominaron a sí mismos ‘Ansar Alá’, los seguidores de Alá en árabe . Un término y un origen parecido al de los islamistas suníes que en Afganistán se levantaron contra la dictadura de Kabul con el término de ‘talibanes’, estudiantes de teología.Su ideología es simple, populista, orientada hacia una población carente de educación y servicios médicos, y formada solo en los principios del islam chií. El padre de los creadores del movimiento hutí fue un erudito islámico –una suerte de teólogo– y los Al Houthi heredaron su ascendiente entre la población. En teoría, el islam zaidí es menos radical que el suní de Arabia Saudí -el wahabismo-, pero es también integrista: el Corán no puede interpretarse sino que debe vivirse en su forma literal, con un aparato estatal que lo imponga. Surgen así dos elementos diferenciadores del movimiento hutí. Por un lado el anti-wahabismo, porque consideran a Arabia Saudí y a su religión –la más estricta del planeta– como un poder colonial que oprime al Yemen. Por otro, el simplismo de sus fórmulas, convertidas en eslóganes. El primero, común a todos: «El islam es el camino», el único remedio para sacudirse el yugo del Occidente cristiano y resolver los problemas de la comunidad musulmana. Con la llegada de la guerra civil y el conflicto armado con Arabia Saudí aparecieron los eslóganes contra Israel y el de la ‘Muerte a América».El apoyo de IránIrán es, prácticamente en solitario, el principal apoyo del movimiento hutí del Yemen. Les une la corriente musulmana chií –históricamente siempre en guerra para sobrevivir en un entorno mayoritario suní–, que solo acepta al frente de la comunidad a herederos de la familia de Mahoma. Los hutíes tienen mucho del ardor revolucionario de los primeros seguidores del ayatolá Jomeini. Pero el contexto es muy distinto. Irán es una cultura milenaria no árabe, en la que la dictadura clerical es un ente alienígena en particular entre las mujeres urbanas. Yemen vive aún sumido en la pobreza y el analfabetismo.El caldo de cultivo del movimiento rebelde hutí se preparó en la década de los 90, con los campamentos veraniegos para jóvenes estudiantes y las enseñanzas revolucionarias en las madrasas –escuelas coránicas– del norte del Yemen, donde se concentra la población chií. El alzamiento armado contra el régimen dictatorial de Salé tuvo lugar en 2004. Durante años, el ejército contuvo a los levantiscos en las áreas montañosas, pero la llamada Primavera Árabe –la caída de la dictadura laica en Túnez– propagó las revueltas populares en todo Oriente Próximo. Las protestas contra Salé dieron fruto, y el dictador abandonó el poder, que puso en manos de Hadi. Fue la señal para que los hutíes lanzasen una ofensiva audaz contra la capital, que finalmente cayó en sus manos. La llegada al poder de los chiíes causó pánico en Arabia Saudí, que se alió con otros países de la zona para entrar en guerra en 2015 con el objetivo de tratar de restaurar el ‘gobierno legítimo’, que se había trasladado a la ciudad portuaria de Adén. Riad consideraba que la caída de Yemen era inadmisible para sus intereses económicos y geopolíticos, como el tiempo demostró. La instauración de un gobierno chií en Saná, apoyado por los enemigos más acérrimos de Arabia Saudí, los iraníes, creaba un ‘efecto pinza’ sobre la superpotencia petrolera y guardiana de los lugares sagrados de Meca y Medina.Por Bab el Mandab pasa buena parte del comercio marítimo internacional y es una vía de escape para el petróleo saudí ante el chantaje iraní por el norteLa guerra de Yemen, mezcla de conflicto civil y de resistencia a los saudíes, ha producido decenas de miles de muertos y una de las peores crisis humanitarias que trata de aliviar la ONU. En abril de 2022, Naciones Unidas logró que hutíes y saudíes firmasen una tregua en la guerra , que saltó por los aires el pasado mes de julio con la reanudación de los enfrentamientos.El control estratégico de Bab el MandabHace una semana, los hutíes dieron un golpe sobre la mesa con la captura de la localidad portuaria de Mocha, que les concede el control del estrecho de Bab el Mandab, la garganta que une el Mar Rojo con el Océano Índico y el Golfo de Adén. El canal no es tan importante como el Estrecho de Ormuz, la salida del Golfo Pérsico que controla en el norte Irán y por el que circula la quinta parte del comercio energético mundial, pero es igualmente muy valioso para los saudíes. Por Bab el Mandab transcurre buena parte del comercio marítimo internacional, y es hoy una de las vías de escape del petróleo saudí ante el chantaje iraní por el norte.Según varios medios de prensa norteamericana, el príncipe Bin Salman presionó este mes a Donald Trump para que se sumara a una operación terrestre en Yemen, pero el presidente norteamericano se negó. La Casa Blanca está obsesionada solo por salir ilesa del enfrentamiento con Irán, y en cierto modo ha pagado a Riad con la misma moneda. Hace meses Trump concibió también crear una coalición internacional para atacar Irán y liberar el Estrecho de Ormuz, pero Riad se echó atrás ante las posibles consecuencias de un gran conflicto armado a sus puertas.
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