En muchas oficinas, un empleado siempre queda bien en las reuniones mientras otro, sin hacer ruido, revisa los informes de todos y cumple cada plazo. El jefe suele acordarse del primero cuando reparte los ascensos, aunque el proyecto salga adelante gracias al segundo.
Una frase atribuida a Abraham Lincoln, decimosexto presidente de Estados Unidos, resume esa diferencia con una imagen del campo. El texto compara a la persona con un árbol y la opinión de los demás con su sombra.
En español, la versión más extendida dice: «El carácter es como un árbol y la reputación su sombra; el árbol es lo real y la sombra es lo que pensamos que es».
La frase de Abraham Lincoln que separa lo que somos de lo que otros ven
El árbol representa el carácter, es decir, lo que una persona decide y hace incluso cuando nadie la mira. Tiene raíces y tronco, y sigue en su sitio aunque cambie la luz.
La sombra, en cambio, depende del sol. Al mediodía apenas asoma y al atardecer se alarga varios metros, pero el árbol mide lo mismo a cualquier hora. La reputación funciona igual. El Diccionario de la Real Academia Española la define como la opinión o consideración en que se tiene a alguien, y esa opinión cambia según quién mire.
La frase no desprecia la reputación. Una sombra sólo existe porque hay un árbol que la proyecta, y una buena fama sin carácter detrás acaba desapareciendo con el primer cambio de luz. Un restaurante con buenas reseñas que empieza a cocinar peor lo nota pronto en las siguientes valoraciones.
En vida, Lincoln tuvo una reputación muy clara. Sus contemporáneos le llamaban Honest Abe, el honrado Abe, un apodo que nació de su forma de actuar y que todavía hoy acompaña su nombre.
Cómo se puede aplicar la frase de Lincoln en la pareja, la salud y los errores
Un ejemplo de la frase de Lincoln en la vida diaria puede ser la pareja. Un hombre presume ante sus amigos, en las cenas, de confiar plenamente en su novia, pero revisa su móvil cada noche mientras ella duerme. Los amigos ven la sombra, la imagen del novio tranquilo. El móvil revisado a escondidas, cuando nadie mira, es el árbol.
Quien publica en Instagram cada carrera de diez kilómetros tiene fama de cuidarse, aunque retrase durante meses la visita al médico de cabecera por una tos que no se va. Su vecina del tercero, por su parte, no sube ninguna foto, pero acude todos los años a su revisión. La salud real de cada uno depende de esas citas, no de las fotos.
Ante un error, el miedo a quedar mal lleva a buscar excusas o a culpar a otros, algo que protege la imagen durante un tiempo. El conductor que roza un coche aparcado y deja una nota con su teléfono en el parabrisas actúa al revés, asume el fallo aunque nadie lo haya visto. Ese gesto no le da fama, pero habla del árbol.
Quién fue Abraham Lincoln, el presidente de la guerra de Secesión
Abraham Lincoln nació el 12 de febrero de 1809 en una granja cerca de Hodgenville, en Kentucky. Aprendió casi todo solo, se hizo abogado en Illinois y en 1861 se convirtió en el decimosexto presidente de Estados Unidos. Gobernó durante toda la guerra de Secesión, que enfrentó al norte y al sur.
El 1 de enero de 1863 promulgó la Proclamación de Emancipación, que declaraba libres a los esclavos de los territorios rebeldes. En 1862 había firmado la Ley de Asentamientos Rurales, que ofrecía a los colonos unas 65 hectáreas de tierra pública. John Wilkes Booth le disparó el 14 de abril de 1865, y Lincoln murió al día siguiente.
La frase del árbol y la sombra tiene un origen menos claro. Su primera versión conocida apareció en 1879 en la revista Scribner’s Monthly, catorce años después de su muerte, y empezaba con un «quizá».
Hoy, los estadounidenses celebran Acción de Gracias cada cuarto jueves de noviembre, una fiesta que Lincoln proclamó como nacional el 3 de octubre de 1863.
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