Un árbol de bronce preside el encapsulado recinto de La Défense de París. En él figuran tantas ramas como rondas se deben superar para conquistarlo. En el tronco se inscribe el nombre del campeón de cada edición que, desde este domingo, lleva la serigrafía a Carlos Alcaraz. Un campeón inconmensurable tras consumar (7-6, 7-6) su revancha del US Open sobre Shelton, quien será entrenado por Ferrero a partir de la próxima temporada. ¿Morbo? Ahí van dos tazas. Se convierte Alcaraz en el segundo tenista español que conquista el Masters 1000 de París después de Ferrer. Ici, c’est Carlos Alcaraz.
Habla Boris Becker antes de la final, voz más que autorizada del mundo de la raqueta. «Jugar en París es increíble si tienes el público de lado, de lo contrario, se vuelve un infierno». Y cuando nombran a Carlos Alcaraz por megafonía, el recinto habla. «¡Carlos, Carlos!», braman entre aplausos, más que a Shelton, la otra raqueta finalista. El careo de Nueva York se traslada a París, con dos meses de diferencia y un escenario dispar. Ya no es el Alcaraz que llevaba cinco meses sin competir y buscaba sensaciones, ahora compite en modo campeón.
Tokio, Viena y final en París. Serie imponente. El capítulo francés posee diferente contexto, pero naturaleza similar para Shelton, tenista de profesión y sacador de vocación. Abrió boca sacando a 224 km/h. Así, para empezar. El saque como arma, para defender en momentos agobiantes y para atacar y llevar la iniciativa. El saque como forma de vida para Shelton. Era Alcaraz contra los misiles. Intentaba bloquear y jugar. Cuando el punto más se aproximaba al intercambio, más cerca está Carlos de ganarlo.
Se anima el murciano con su primer passing y vuelve a provocar aplausos en la grada, pero inicia con curvas. Impreciso de derechas y al saque. «No pasa nada, sigue ahí. Anímate», le dice Samu López cuando ve que Shelton se ha generado tres puntos de break prácticamente sin despeinarse, por errores no forzados de Alcaraz. No obstante, Carlitos tiene memoria pez. Lo dejó ver ante Fritz y queda patente contra Shelton. No invierte tiempo en lamentaciones y olvida rápido el error.
Salva las tres bolas de break y, posteriormente, una cuarta. Es el principio del partido, pero un póker de oportunidades desperdiciadas merma la confianza. Más cuando el murciano salva el juego. Se equivoca Shelton en las subidas a la red, ahí es más vulnerable porque Alcaraz encuentra el passing con comodidad y lo machaca y vuelve a machacar. Tras intercambios largos y al resto. El passing como recurso, aunque también recibe de su propia medicina cuando, con bola de break a favor, Alcaraz sube a la red y Shelton encuentra el espacio y evita perder el servicio.
Se habían desatado las hostilidades en un lado y otro. Shelton, más agresivo al resto, consigue dos bolas de break tras el enredo de Alcaraz con el revés y una caña de por medio. Vuelve a salir ileso el murciano y se libera. «¡Vamos!», grita. «Eso, saca la rabia», le dice Samu. La batalla se marcha, irremediablemente, al tie break, como en el US Open de hace dos meses. ¿Déjà vu? Pues toma dos tazas. El guion esta vez tiene sinuosidad de uno y otro. Aciertos cuando parece perdido y errores cuando aparenta facilidad. El tie break de Nueva York cayó del lado de Shelton, pero París es ciudad de Alcaraz. En tierra batida y pista dura. Set y primer paso dado.
El segundo
Powered by WPeMatico