Una montaña de flores y peluches en una pista forestal de Teo, al lado de la capital gallega, recuerda el hallazgo del cadáver de la niña Asunta Basterra hace justo 13 años. Lo que entonces se convirtió en inesperada escena de un crimen, hoy es una suerte de mausoleo en el que, cada septiembre, ciudadanos anónimos depositan todo tipo de objetos en un intento desesperado de que el tiempo no borre lo sucedido. Entre los mensajes más recientes, llama la atención un texto escrito en letra mayúscula, y a mano. «No supisteis amarla, ni quererla» . Síntesis de un filicidio que conmocionó a un país entero y que sigue dando de qué hablar. Desde que Rosario Porto, condenada por asfixiar a su hija, se suicidó en su celda de la prisión de Brieva en 2020, ya nadie publica en prensa las esquelas que, cada año, recordaban la prematura pérdida. Charo, como la conocían en los círculos más exclusivos de la capital gallega, se quitó la vida cuando supo que su primer permiso tras la sentencia a 18 años podría ser inminente. «No pudo con la presión, no tenía a dónde volver», reconocen en su entorno. Muy distinto parece ser el escenario que se le abre al otro autor del crimen, Alfonso Basterra, que coincidiendo con el aniversario ha vuelto a dar la batalla para lograr su primera salida. Y lo cierto, coinciden algunas de las fuentes consultadas, es que cada día está más cerca de la libertad. A su favor, explican, tiene no solo el tiempo de condena cumplido (13 de los 18 años a los que un jurado popular lo sentenció), sino también una mejoría en su comportamiento intramuros y un llamativo arraigo que podría apoyar su salida al exterior con un permiso de tres días. En cuanto a su paso por la prisión, el verdugo de Asunta llegó a recibir varias sanciones por sus frecuentes encontronazos con otros presos e incluso con algunos funcionarios a los que miraba por encima del hombro. Una actitud petulante con la que no se granjeó la mejor de las famas en los años que permaneció encerrado en la prisión coruñesa de Teixeiro. Pero su traslado a la cárcel de Topas, en Salamanca, estaría jugando a su favor. En su nuevo destino se encarga de la biblioteca y mantiene un perfil bajo que lo beneficia. Tanto es así que la Junta de Tratamiento del penal respaldó su última petición para salir a la calle e incluso remitió un informe dando el visto bueno al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria. La Fiscalía de Salamanca, por su parte, se opuso a la concesión, por lo que la decisión final recaerá ahora sobre el juez de Vigilancia Penitenciaria. Un punto crítico al que Basterra ya había llegado el pasado mayo y que finalmente no fructificó porque la Audiencia de Salamanca le denegó un permiso concedido en primera instancia.MÁS INFORMACIÓN noticia No El editor de Basterra: «Nunca nos planteamos usar un pseudónimo»En los intentos de Basterra por olvidarse de la celda durante unos días estaría teniendo un peso fundamental el apoyo de un despacho de abogados que se está haciendo cargo de todas las gestiones, así como una incipiente relación con una vecina de Salamanca con la que llevaría tiempo carteándose. Un arraigo fundamental a la hora de analizar la situación de un reo que, todos tienen presente, no es uno más. Con un libro en el mercado y la puerta abierta a nuevas publicaciones , sus circunstancias personales empiezan a ser argumentos a su favor, pese a que Basterra nunca ha reconocido el crimen ni ha participado de ningún curso de reinserción. Todo lo contrario. Durante el juicio por la muerte de su única hija, que se prolongó durante casi un mes, Basterra negó de forma taxativa cualquier relación no solo con el crimen sino con los ensayos previos que lo incriminaban y que lo acabaron sentenciando. Desde la compra de las pastillas que fueron encontradas en el organismo de la menor, hasta los episodios de sedación relatados por las profesoras de Asunta, los famosos «polvos blancos» o al atraco perpetrado por un «hombre de negro» que la propia víctima narró a una amiga y que nunca fue denunciado ni investigado. «Cómo voy a tener yo interés en matarla si era lo que más quería», se limitó a decir el periodista ante el cúmulo de indicios recabados por el instructor, José Antonio Vázquez Taín, y los agentes de la Guardia Civil. Una negación de los hechos probados que se mantiene hasta la actualidad y que, hasta ahora, ayudó a mantenerlo encarcelado por falta de reconocimiento del crimen. Una década después de ese plenario y sobre su posible salida, fuentes próximas consultadas aseguran que el preso puede elegir los días que va a disfrutar y que lo normal es que sea de viernes a lunes, aunque en el caso del asesino de la niña Asunta podría evitar estas jornadas para darle esquinazo a la prensa. A espera de la resolución final, que marcaría un nuevo hito en el caso Asunta, Basterra sigue colocando los mimbres de una nueva vida en libertad por la que, parece claro, no dejará de pelear.
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