EL 2026 tenístico ya es historia para Badosa. Hasta aquí ha llegado. Concluye de la forma menos deseada, con abandono ante la lucky loser Pridankina tras el primer set. Se sentó en su banquillo y rompió a llorar. Ya no jugará más hasta 2027, cierra el año como 57 del mundo tras una temporada de subidas, bajadas y mucha resiliencia. Lo hace también con movimientos en su banquillo tras la abrupta ruptura con Pol Toledo, su entrenador durante casi cuatro años.
La española, un alma pasional, trata de salir de una encrucijada prolongada en el tiempo. Nunca lo ha tenido fácil entre lesiones crónicas y fatigas mentales. Este año ha desprendido una energía más madura y analítica de una misma. Su mente proyecta unos objetivos de los que anda lejos. Este año ha caminado la número 140 del mundo, aunque con aspiraciones de, como poco, volver a la segunda casilla del ranking en la que llegó a habitar en abril de 2022.
«Esto que voy a decir es una barbaridad, pero no estaría feliz estando 50 o 30 del mundo. La gente sabe dónde quiero estar», detalló la tenista a los medios españoles desplazado el pasado julio a Wimbledon, entre ellos OKDIARIO. Badosa lleva imbuida en una montaña rusa emocional y deportiva en los últimos años. Ahora también en su banquillo después de romper con Pol Toledo, su entrenador durante los últimos casi cuatro años.
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