Poseidón, ese que atormentó a Odiseo en su viaje a Ítaca, custodia tridente en mano la gran escalinata de la joya renacentista que esconde el coqueto municipio de Viso del Marqués . Está lejos de su elemento el dios griego: aquí los únicos mares son de viñas y cereales. Pero su estatua fue una de las escogidas para engalanar los pasillos del rico palacio con tintes italianos que el primer Marqués de Santa Cruz se hizo construir en la actual Ciudad Real: don Álvaro de Bazán, el marino del siglo XVI que jamás perdió una batalla. Y vaya si luchó: de Lepanto a las Azores, donde aplastó a una armada francesa que casi le doblaba en efectivos.Hoy, por este templo del arte y de las hazañas navales transita José Calvo Poyato, todo un doctor en Historia Moderna. El de Cabra no enarbola tridente alguno, de tenerlo, no se lo ha traído, pero sí lleva su última obra bajo el brazo: ‘El imperio en la tormenta’ (HarperCollins). Una novela histórica que llegará a las librerías el 30 de septiembre y que, como explica a ABC mientras pasea entre frescos mitológicos, se centra en dos años –y pico– determinantes para el Imperio español: la salida de la Grande y Felicísima Armada para conquistar Londres en 1588 , y la humillación, en 1589, de la Contraarmada que los ingleses enviaron para dar la puntilla a la Monarquía Hispánica. «El relato inglés ha primado en ambos casos. Con esta novela quiero contar la verdad», afirma.La relación entre el palacio y el libro es como las meigas, ‘haberla, hayla’. Bazán, artífice de este edificio de impresión –hoy una de las sedes del Archivo Histórico de la Armada –, había sido el marino escogido por Felipe II para organizar la Grande y Felicísima primero, y para liderarla contra Isabel I después. Pero falleció en Lisboa en febrero de 1588, durante los interminables preparativos. La muerte le permitió dejar este mundo invicto, aunque Calvo Poyato asegura que, de haber participado en el desastre, lo habría seguido estando: «La propaganda isabelina bautizó a esta flota como la Armada Invencible con mucha sorna e ironía, aunque también con algo de verdad, porque jamás la vencieron».Entre mitos y derrotasPero vayamos por orden. Dice Calvo Poyato que el origen del guirigay se remonta al siglo XVI, cuando Felipe II «se hartó de los aguijonazos de los ingleses, algunos como el saqueo de Cádiz en 1587 ». Fue entonces cuando se decidió a «organizar una gran armada» con un objetivo en mente. «Su idea era formar una flota en Lisboa, entonces puerto de la Monarquía Hispánica , que embarcaran en ella los Tercios de Flandes y dejarlos en las costas inglesas», sentencia. Ahí es nada. Sus asesores fueron dos: Bazán y Alejandro Farnesio. Cada uno, con su propio parecer. «Al final, el rey no se decidió por el plan de ninguno. Fue una mezcla de los dos: la armada saldría de Portugal y recogería a la infantería en el Canal de la Mancha», finaliza.El imperio en la tormenta Editorial HarperCollins Precio 24,90 € Páginas 672A través de dos personajes ficticios, un sacerdote y un alférez, Calvo Poyato sumerge al lector en los problemas que planteaba la invasión y en los muchos retrasos que se vivieron en Lisboa. «Se habla poco de que los pilotos españoles disponían de magníficas cartas de navegación para cruzar el Atlántico, pero no para el Canal de la Mancha», señala. Tampoco se suele contar –desvela el autor desde una sala con un fresco que representa la victoria naval sobre Portugal en 1580– que Felipe II cometió un error al poner al mando, tras la muerte de Bazán, al duque de Medina Sidonia . «Él mismo envió una carta a Su Majestad diciéndole que no era el adecuado», subraya.El resto es historia… la que nos han querido contar los ingleses. Desde el gabinete de Isabel I se repitió que la ‘Royal Navy’ aplastó a la Grande y Felicísima en mar abierto. Una trola supina. «La armada inglesa no se atrevió a enfrentarse a la española en ningún momento. Y eso que los barcos de Felipe II la invitaron a combatir», señala Calvo Poyato. No hubo victoria naval de Francis Drake , pero sí un enfrentamiento directo con las tormentas: «Aunque creo que Felipe II no pronunció nunca la famosa frase de que no había mandado a sus barcos a luchar contra los elementos, esta idea sí define a la perfección lo que ocurrió: él los envió a enfrentarse a Inglaterra, no a los vientos que obligaron a muchos de ellos a rodear las islas británicas para regresar».Arriba: frescos pintados en las bóvedas de la escalera. Debajo, de izquierda a derecha: la segunda planta del palacio y el autor en el gran comedor Belén DíazPero ya está él para romper esa y otras tantas falacias como la que afirma que la pérdida de navíos de la Grande y Felicísima fue abultada: «Las cifras dicen que fueron 137 los barcos que zarparon de Lisboa. A cambio, volvieron entre 80 y 102, según la fuente». Muchos lo hicieron en condiciones pésimas, pero no se perdieron.Ocultar los mitosHasta aquí, el episodio más conocido. Pero Calvo Poyato abarca también el año posterior al desastre: «Tras su llegada, Felipe II ordenó reparar los barcos y construyó doce nuevos galeones que se botaron en 1596 y que fueron denominados ‘los apóstoles’». Así que, de cojera, nada de nada.«La propaganda isabelina bautizó a esta flota como la Armada Invencible con mucha sorna e ironía, aunque también con algo de verdad, porque jamás la vencieron» José Calvo Poyato Doctor en Historia ModernaEl plato fuerte de la segunda parte de la novela es un episodio que «los ingleses se han esforzado en ocultar» durante siglos: el desastre de la Contraarmada, la flota organizada por Isabel I para acabar con los buques españoles que habían regresado y saquear los puertos peninsulares. A Drake y John Norris, al frente de la operación, no les fue bien: se estrellaron contra las defensas de Coruña primero, y de Lisboa después. «Las fuentes afirman que contaban con hasta 190 barcos. Solo voy a dar un dato: no sabemos los que regresaron, eso se ha ocultado, pero sí que embarcaron 28.500 hombres y solo regresaron 3.500. ¡Murieron más del 80%!», sentencia el autor.Los británicos, como siempre, ocultaron esta derrota y ensalzaron una victoria, la de 1588, que nunca fue suya: «Existen dos grandes mitos ingleses: el fundacional –el del rey Arturo – y el de que vencieron a la Armada». Quizá por eso Poseidón sigue vigilando desde el palacio del Viso: para que, pase el tiempo que pase, nuestros vecinos no vuelvan a contar mal la historia. Tiene trabajo para hartarse…
Powered by WPeMatico