Chavela Vargas convirtió su vida en una declaración de libertad. Su voz rota, acompañada casi siempre por una guitarra, fue suficiente para transformar las rancheras en un territorio emocional propio y para convertir canciones de desamor y pérdida en himnos universales. Nació en Costa Rica, pero decidió hacerse mexicana.
Una de sus frases resume como pocas su manera de entender la existencia: «No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ese es el precio que tienes que pagar: la soledad». No era una reflexión abstracta. En boca de Chavela Vargas, la libertad tenía un coste que conoció de cerca y que convirtió en materia de sus canciones, sus entrevistas y su propia biografía.
La artista falleció en 2012, pero su figura continúa formando parte de la memoria musical y cultural de varias generaciones. Sus palabras siguen circulando porque detrás de muchas de ellas había una experiencia vital marcada por la búsqueda de identidad, el rechazo, el dolor y, finalmente, la conquista de una libertad que nunca estuvo dispuesta a negociar.
Una niña que decidió marcharse
Isabel Vargas Lizano nació el 17 de abril de 1919 en San Joaquín de las Flores, en la provincia costarricense de Heredia. Su infancia estuvo marcada por el aislamiento y el rechazo. Ella misma recordó en diferentes ocasiones aquellos primeros años como una etapa especialmente dolorosa.
La poliomielitis, las dificultades familiares y la sensación de no encajar en su entorno contribuyeron a que desarrollara desde muy pronto una personalidad independiente. Según los recuerdos recogidos en su biografía, llegó incluso a sentirse apartada de espacios que para otros niños formaban parte de la vida.
Sin amigos con los que compartir sus inquietudes, encontraba compañía en los animales. Aquella niña que se sentía diferente fue construyendo poco a poco la certeza de que su futuro no estaba en el lugar en el que había nacido.
A los 11 años, según relató ella misma, ya tenía claro que algún día abandonaría Costa Rica. «Me tocó nacer en Costa Rica, pero la vida de verdad la encontraría en México», escribió en Las verdades de Chavela, su biografía.
De Costa Rica a México
Su llegada a México estuvo rodeada de incertidumbre y también de una voluntad poco común. Chavela contó que consiguió reunir el dinero necesario para emprender el viaje después de vender algunas de sus pertenencias, entre ellas gallinas y una vaca.
Con ese dinero pudo subir a un pequeño avión de hélice que la llevaría hasta Ciudad de México. Después de varias horas de viaje, aterrizó en la capital con muy pocos recursos, pero con una determinación que terminaría acompañándola durante el resto de su vida.
Incluso sobre su edad al llegar existen versiones diferentes. Ella decía que tenía 17 años, aunque algunos episodios de su biografía quedaron envueltos en la incertidumbre. En el caso de Chavela, esa mezcla de realidad, misterio y relato personal terminó formando parte inseparable del personaje.
Una mujer adelantada a su tiempo
Chavela Vargas no se limitó a interpretar rancheras. Las transformó desde su propia personalidad, eliminando buena parte de los convencionalismos con los que tradicionalmente se asociaba este género.
Vestida habitualmente con una imagen sobria, convirtió su voz grave y quebrada en su principal instrumento. Apenas necesitaba una guitarra para llenar un escenario. Sus interpretaciones hablaban de la pérdida, el deseo, la ausencia y la soledad, pero también de una forma de vivir sin pedir permiso.
Fue una figura incómoda para muchos y una referencia para otros tantos. Su manera de desafiar las normas sociales le valió críticas durante buena parte de su vida, pero también terminó convirtiéndola en una artista admirada por generaciones posteriores.
Ella misma explicó en una de sus declaraciones más conocidas cómo había vivido esa batalla personal: «Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo».
Y añadió una frase que dejaba clara su posición: «Llevar el nombre de lesbiana. No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego».
En una época en la que hablar públicamente de la homosexualidad implicaba enfrentarse a un fuerte rechazo social, Chavela decidió no esconderse. Su orientación formó parte de su identidad y también de esa lucha por ser reconocida tal y como era.
Del dolor al mito
La vida de Chavela Vargas estuvo llena de contradicciones. Conoció el éxito y también etapas especialmente oscuras. El alcohol y el dolor llegaron a ocupar un espacio importante en determinados momentos, pero la cantante tuvo una capacidad extraordinaria para volver a levantarse.
Su historia estuvo ligada además a algunos de los grandes nombres de la música mexicana. José Alfredo Jiménez fue una de las figuras con las que compartió una estrecha relación artística y personal. Chavela fue una intérprete capaz de hacer que las canciones de otros parecieran escritas para ella.
Con el paso del tiempo, aquella mujer a la que muchos habían considerado extraña terminó transformándose en una referencia. La sociedad que en determinados momentos la había señalado acabó reconociendo su talento y su importancia cultural.
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