Hay historias que empiezan con una gran idea y otras que lo hacen con una pequeña pérdida. La de Amadei pertenece a la segunda categoría. Todo comenzó con un escapulario del Sagrado Corazón que su creador perdió cuando tenía ocho años. Entonces no podía imaginar que aquel disgusto infantil acabaría siendo, muchos años después, el origen de una firma de joyería construida alrededor de la memoria, la tradición y los objetos que guardan una historia.
La firma nació oficialmente en junio de 2026, aunque su historia se remonta mucho más atrás. Durante la pandemia comenzaron a aparecer las primeras ideas, los diseños y la intención de recuperar, de alguna manera, un universo que había formado parte de su vida desde pequeño. En el centro de todo estaba Petra, su abuela, anticuaria durante toda su vida y la persona que le enseñó a mirar los objetos antiguos de una manera diferente.
«La fe o el significado personal no tienen por qué estar reñidos con la moda»
«Mi abuela siempre ha tenido una relación muy especial con los objetos. Para ella las cosas antiguas no eran simplemente cosas viejas: cada pieza tenía una procedencia, una historia y alguien que la había llevado antes: Yo he crecido viendo eso», explica. Y esa forma de entender las cosas está hoy detrás de cada escapulario de Amadei.
La propia identidad de la marca nace, además, de una decisión deliberada: mantener en segundo plano a la persona que está detrás: «Desde el principio tuve claro que no quería que girara alrededor de mí. La protagonista de esta historia es Petra, mi abuela, y todo lo que representa. Quería que la gente se enamorara de las piezas, de la historia y de lo que transmite la marca sin que importara demasiado quién estaba detrás».
En tiempos en los que prácticamente todas las firmas tienen un rostro reconocible, Amadei apuesta por conservar ese pequeño misterio: «Hoy estamos muy acostumbrados a ponerle una cara a todo y a mí me gustaba que la marca conservara también ese pequeño misterio. Al final, quien me conoce sabe que hay muchísimo de mí en cada detalle, pero prefiero que la marca hable por sí sola».

El escapulario es el corazón de ese relato. Tradicionalmente asociado a la fe, la devoción y la protección, en Amadei quieren recuperar también su dimensión más íntima: «Hay quien lo lleva por su fe, quien lo lleva porque se lo regaló su madre, su abuela o alguien especial, y quien simplemente siente que necesita llevar algo que le recuerde a una persona o a un momento concreto de su vida. Para mí ahí está lo bonito: una pieza tan pequeña puede guardar una historia enorme».
Quizá por eso la marca no quiere convertirlo simplemente en una tendencia estética. La intención es que convivan moda y espiritualidad: «No quiero que sea simplemente el accesorio de moda de una temporada. Quiero que alguien compre un escapulario hoy y dentro de diez o veinte años siga llevándolo porque continúa significando algo para esa persona».
Y esa filosofía también explica la manera en la que se llevan las piezas. Las fotografías de Amadei muestran a hombres y mujeres, jóvenes y mayores, con estilismos muy diferentes. Incluso en bañador: «Antes parecía que una medalla o un escapulario tenían que llevarse de una manera mucho más clásica. Ahora ves a un chico en bañador, a una chica con un vestido increíble o a alguien simplemente con camiseta y vaqueros llevando un escapulario. La fe o el significado personal no tienen por qué estar reñidos con la moda».
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Los colores tienen también su propio lenguaje. En Amadei dicen que «los colores te eligen a ti», una idea que nace de observar cómo cada persona termina fijándose en una pieza determinada sin saber exactamente por qué: «Me gusta pensar que a veces no somos nosotros quienes elegimos una pieza, sino que hay algo en ella que conecta con el momento que estamos viviendo».
El rojo, el marrón y el negro son algunos de los tonos más solicitados, aunque las historias más interesantes aparecen cuando el color tiene detrás un recuerdo: «Alguien se enamora de un color mucho más especial simplemente porque le recuerda a una persona, a un lugar o a un momento concreto de su vida. Y ahí es cuando el color deja de ser solamente una cuestión estética y pasa a tener un significado mucho más personal».
También llegan mensajes de clientes que cuentan por qué han elegido una pieza: «Hay personas que compran una pieza para regalarla en un momento importante, porque quieren sentir cerca a alguien o porque están viviendo una etapa complicada o de cambio. Cuando te cuentan esas historias, entiendes que ya no estás enviando solamente una joya. Estás entrando, aunque sea un poquito, en la historia de otra persona».
Formentera ha sido uno de los modelos que mejor ha funcionado desde el principio, junto a AL-ÁNDALUS. Y mientras la marca comienza a recibir pedidos de personas que no tienen ninguna relación con su creador y empieza a enviar fuera de España, llega la sensación de que el proyecto ha dejado de ser personal: «Al principio siempre están los amigos, conocidos o la gente cercana que quiere apoyarte. Pero un día aparece el pedido de una persona que no conoces de nada, después otro de otra ciudad y posteriormente empiezas a preparar envíos fuera de España. Ahí piensas: esto ya está caminando solo».

El objetivo ahora es crecer sin perder aquello que hizo posible Amadei: «Me encantaría que algún día alguien pudiera descubrir Amadei en París, Miami, Roma o México y sentir exactamente lo mismo que siente hoy una persona cuando abre uno de nuestros paquetes en España».
Porque, en el fondo, todo sigue conduciendo al mismo lugar: Petra: «El corazón del logo representa el amor eterno, las alas son ella y la P nace de Petra:. Y si pudiera ver hoy hasta dónde ha llegado aquel recuerdo, probablemente se sorprendería: «Creo que al principio me miraría como diciendo: ‘¿Todo esto por mí?’. Mi abuela es una persona muy sencilla. Pero creo que estaría orgullosa».
La joya que mejor resume todo es, precisamente, Petra Eterna: «Habla de una abuela, de un nieto, de un escapulario perdido cuando tenía ocho años, de los recuerdos familiares y de esa necesidad que tenemos todos de conservar cerca a las personas que queremos».
Una historia familiar convertida en algo que cabe alrededor del cuello. O, como lo resume su creador: «Para mí, Amadei es precisamente eso: convertir un recuerdo en algo que puedas llevar siempre contigo».
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