Abrir los portales de alquiler de pisos o habitaciones en Madrid es para muchos jóvenes una experiencia casi traumática que se intensifica llegado el último tramo del verano. Con las clases a punto de empezar, la desesperación crece ante la escasez de anuncios dentro del rango dispuesto a asumir al mes, los requisitos solicitados por caseros y el insuficiente tiempo para concertar visitas antes de que otro pretendiente se adelante a la reserva. La alta demanda habitacional se ha transformado en una auténtica odisea para estudiantes que llegan a las grandes ciudades. Sin embargo, esta crisis de la vivienda ha encontrado una alternativa en otro fracaso social: la soledad no deseada que sufre la tercera edad en España.Una iniciativa puesta en marcha por la Asociación Cultural de Mayores de Fuenlabrada (Acumafu) busca conectar a la generación Z y los primeros ‘boomers’, mitigando uno de los principales problemas que castigan a ambas generaciones, envueltas en una problemática en la que unos no encuentran un techo sin precios abusivos y otros residen en casas con habitaciones cerradas, en algunos casos, durante décadas. Francisca es una de las madrileñas que se han inscrito para abrir las puertas de su vivienda a estos jóvenes a cambio de una mensualidad por debajo de la que ofrece el mercado. Conoció la iniciativa a través de Marcelo Cornellá, el presidente de esta asociación y encargado de la organización de este proyecto. «Nos viene de lujo que de vez en cuando tengamos a alguien cerca por lo que pudiera pasar», explica a ABC esta mujer de 74 años. Reside en Fuenlabrada, municipio madrileño en el que se encuentra el mayor campus de la Universidad Rey Juan Carlos, donde asegura que los precios se han disparado en los últimos años. «Me parece una vergüenza pedir estas cantidades tan grandes de dinero. Estas casas no son palacios. Me han contado que hay gente que está pagando 1.500 euros por un piso aquí», relata a este periódico.Para ella, supondría compartir «por el bien de ambos». «Me sentiría mucho más segura y a la persona que quiera vivir conmigo le vendrá bien económicamente », apunta. Con esta opción, no solo se busca aliviar a los estudiantes, sino también que el mayor pueda optar a unos ingresos extra y «fortalecer la confianza en los familiares ya que esta persona estará vigilada y acompañada durante parte del día», señala Cornellá a este periódico. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) , dos millones de personas mayores de 65 años vivían solas en 2019. En la Comunidad de Madrid, hoy son más de 276.400 ciudadanos de la tercera edad los que se encuentran solos en su domicilio, lo que supone cerca del 25% del total de la población en este rango de edad.En estos momentos, Acumafu está en un periodo de crear un «parque suficiente de pisos antes de difundirlo a estudiantes universitarios». Aunque la aceptación es alta por parte de los mayores, aún se encuentran en la fase de difundirlo al máximo número de personas posible. Sobre todo a aquellos que residen en municipios que cuentan con universidades. No solo en Madrid capital, sino también en Getafe, Móstoles o Fuenlabrada. «Con esto también buscamos fortalecer la confianza de los familiares ya que esta persona está acompañada durante el día» Marcelo Cornellá Presidente de AcumafuEl siguiente paso, explica Cornellá, será el de ofertar esta opción a los miles de estudiantes. La región es la que más cursos universitarios concentra en todo el país (739) en su veintena de centros educativos. «Es importante solidarizarse con ellos», continúa. El precio máximo que establecerá esta iniciativa, según señala el presidente de Acumafu a este periódico, debería rondar los 250 euros al mes, que es lo que consideran «una cantidad razonable». Un estudio elaborado por el Ministerio de Universidades ha alertado de que la subida de los precios de la vivienda puede incrementar las desigualdades entre estudiantes de distinto nivel económico. De hecho, ya hay más movilidad entre los hijos de aquellas familias con estudios universitarios (suponen un 61,9% del total de los que se desplazan para estudiar un grado o un máster), tal y como ha publicado este periódico .El piso compartido, según los últimos datos de la Fundación CyD, es la opción más elegida (un 55%) por aquellos que abandonan las casas en las que han crecido para estudiar. Madrid es, tan solo por detrás de Barcelona, una de las ciudades con los alquileres por habitación más caros. La cifra ya alcanza los 550 euros al mes –un 4% más que hace un año– y la oferta, según el portal Idealista, se ha disparado un 17% en el segundo trimestre del año en la capital, que además acapara el 23% del total de habitaciones de todo el territorio nacional. «Quien crea que va a tener una asistenta está muy equivocado» Esther PensionistaCon el fin de conectar a estas dos generaciones para paliar el problema que afrontan cada una de ellas también trabaja la ONG Solidarios desde hace décadas. En esta opción, los mayores no cobran a aquellos a los que abren las puertas de sus hogares, sino que a cambio les piden una porción de su tiempo que les haga sentirse útiles y acompañados. Se trata, según esta organización que ha facilitado 2.000 convivencias, de «un programa de convivencia entre generaciones que aporta beneficios a todas las partes participantes y que lejos de perder sentido con los años, cada vez resulta más pertinente».Esther (77 años) y Nuria (26) viven juntas desde hace dos años. La joven argentina escogió la Complutense para cursar Historia del Arte y en su caza por un lugar en el que vivir se topó con este programa. «Está muy complicado el tema de la vivienda, como todos sabemos. Miré pisos compartidos, pisos individuales, también colegios mayores. Entré en la página de la universidad para ver qué otras opciones podría tener y de repente me encontré con la página de Convive», cuenta a este periódico. Y tras pasar varias entrevistas y una pareja finalmente fallida, Nuria encontró a Esther. Compartir su casa no ha supuesto mucho para la que fue enfermera pediátrica en el hospital Gregorio Marañón durante décadas. «Ya cuando era estudiante me tocó», relata a este periódico la mujer a la que no le importa admitir que no le gusta vivir sola: «Siempre he estado con alguien. Desde hermanos, amigas y compañeras de trabajo. Yo sola no he vivido nunca. Mi madre y mi abuelo tuvieron alzhéimer por lo que no me interesa quedarme sola».Esther y Nuria, en la Cineteca de Madrid. ABC«Quien piense que va a tener una asistenta está muy equivocado. Puede que esto [el programa] no sea para todo el mundo. Hay que tener mucha empatía y saber compartir porque tú a ella le das lo que necesita, que es una casa; y ella a ti compañía, que lo es todo», añade esta pensionista.Esta forma de proceder por un bien común también tiene un potencial negativo: las diferencias en la forma de vida. Conseguir hacer un ‘match’ es también prioridad tanto para la asociación de mayores como para la ONG. Cornellá ha indicado a ABC que desde su organización concertarían una pequeña quedada para que ambas personas se conocieran; mientras que la organización, con ya mucha experiencia en estos emparejamientos, sigue el mismo procedimiento. «Solemos hacer cosas juntas. Salimos algún día a ver alguna cosa, o a tomar algo, o al cine, la compra, como es natural, aunque luego nos lo traiga el repartidor», ríe Esther.
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