En agosto de 1995 se celebraba la primera edición del Festival Internacional de Benicàssim. El abono costaba unas 8.000 pesetas. Y, a persona por peseta, unos 8.000 espectadores lo disfrutaron en el Velódromo Municipal. Entre ellos estaba un «melómano» extremeño, de nombre Agustín Fuentes, que quedó tan prendido de aquella experiencia que, en el camino de vuelta a casa -incluso, seguramente, antes del amanecer del primer día del FIB- ya tenía la convicción de que en su pueblo, Alburquerque, también se podía armar un gran festival . Un festival distinto, con identidad, desde la periferia, lejos de los grandes inversores y la industria. Desvaríos de un soñador, creían algunos, que acabó, contra todo pronóstico, armando la historia del primer festival que se atrevió a hablar de «indie», el Contempopránea.A Agustín, «el de la radio», le conocían en el pueblo por ser el locutor de la emisora local. No tardó en empezar a dar forma a su idea y verbalizarla, aunque el contexto no ayudase precisamente. A mediados de los noventa, apenas, como él mismo cuenta, existía una industria de festivales. O, al menos, no se parecía, ni por asomo, a lo que conocemos hoy. Tampoco había un circuito consolidado para la música independiente. El Contempopránea, de hecho, nació para ocupar un hueco que estaba prácticamente vacío, pero con la dificultad añadida de intentar hacerlo desde Alburquerque -municipio de no más de 5.000 habitantes-. No parecía, al menos para cualquiera que no se llamase Agustín y se apellidase Fuentes, el lugar llamado a ocupar ese hueco. Un pueblo extremeño, lejos de Madrid y Barcelona, sin los grandes presupuestos y, evidentemente, sin las infraestructuras de las grandes capitales culturales. Sin embargo, lo que, racionalmente, parecía una desventaja fue la gran virtud del festival: «Desde Alburquerque no podíamos competir con las grandes ciudades en presupuesto. Así que competimos con otra cosa: con identidad» , cuenta Fuentes.Tirando de verborrea convenció a varios grupos para cerrar la primera edición en 1996. No tardó más de un año en crear el festival con el que había soñado. La idea, desde el primer momento, era sencilla y, con el paso de los años, demostró ser también muy eficaz: seleccionar bien el cartel, cuidar la programación y, sobre todo, ofrecer al público algo que no podía encontrar en ninguna otra parte. Así, el Contempopránea fue convirtiéndose en marca y creando una comunidad alrededor de una determinada forma de entender la música: «La gente sabía que podía venir a Alburquerque y descubrir grupos que todavía no conocía».El Contempopránea, con el paso de los años IMAGENES CEDIDASIr un paso por delante y mirar por debajo del radar era parte de la seña de identidad del festival. Por sus escenarios fueron pasando grupos que después alcanzarían una dimensión muy superior. Esa lista la engrosan nombres célebres como Los Planetas, La Habitación Roja, Dorian, IZAL, Miss Cafeína, Love of Lesbian, La Casa Azul, Vetusta Morla o Supersubmarina , entre una incontable lista de convencidos por Agustín Fuentes. Con los años, el festival se convirtió en una suerte de radar de la escena independiente española: «Éramos un pequeño festival, en un pueblo de Extremadura, que programaba artistas que después se hacían grandes».Manual de supervivenciaEl Contempopránea nunca necesitó ser el festival más grande. Solo necesitaba ser reconocible. Mientras crecía, el festival mantenía una personalidad propia y una relación estrecha entre músicos, público y territorio. Todo en el privilegiado entorno de las laderas del Castillo de Luna de Alburquerque, que después se abrió paso en La Alcazaba de Badajoz, Olivenza o, ahora, en Don Benito. «Éramos un pequeño festival, en un pueblo de Extremadura, que programaba artistas que después se hacían grandes»Entretanto, el indie iba dejando ser una escena casi marginal para convertirse en lo que es hoy, una parte importante de la industria musical. Llegaron cientos de festivales, grandes recintos, patrocinadores, escenarios múltiples y carteles cada vez más ambiciosos. El mejor escenario para inflar, hasta la saciedad, los cachés. Fuentes reconoce que en 30 años «ha cambiado absolutamente todo». Organizar hoy un festival implica asumir unos costes que hace tres décadas no estaban en el vocabulario de ningún promotor : «Bandas que hace cuatro años actuaban por cantidades asumibles hoy multiplican por cinco o seis su caché». Paradójicamente, el crecimiento de música que quería rescatar el Contempopránea en sus inicios es lo que, hoy, hace mucho más difícil mantener el festival que sí era factible hace unos años. Y no solo es una cuestión de cachés. Es también una cuestión de público objetivo: «Para organizar hoy el festival que hicimos hace siete años, serían necesarios aforos de entre 6.000 y 8.000 personas, una infraestructura hotelera que no tenemos y un presupuesto completamente diferente».Un festival anclado a Extremadura Es complejo entender la esencia del Contempopránea sin ligarlo a su tierra. Extremadura no es el escenario. Es parte del festival. Las limitaciones de aforo, la disponibilidad de alojamiento y las infraestructuras condicionan, siempre lo hicieron, las posibilidades de crecimiento, pero es el propio carácter del territorio el que ha marcado también la personalidad del certamen. Porque, como recalca una y otra vez Fuentes, desde «la periferia» también se puede construir cultura.El festival en ediciones recientesA lo largo de tres décadas, el festival lo ha vivido todo. De etapas de crecimiento, a otras de crisis, pasando por varios cambios de sede, pero siempre con el mismo ADN . Fuentes no se considera el «padre» de los festivales que vinieron después, pero sí revindica lo que consiguieron, cuando nadie creía, a mediados de los noventa: «Muchos de los festivales que hoy llenan grandes recintos comenzaron mirando hacia esa misma escena que nosotros programábamos cuando todavía no era rentable». Este año, el festival celebra su trigésimo cumpleaños con un menú doble. Un aperitivo en Alburquerque, para recordar cómo empezó todo, y el gran cartel en octubre, en Don Benito, con figuras como Carlos Ares, La M.O.D.A o Ultraligera. Volverá a ser, como cada año, el Contempopránea: « Ese festival extremeño que consiguió que durante muchos años miles de personas de toda España mirasen a un pueblo de Badajoz ». Apostar por un gran festival de indie en 2026 es ir sobre seguro. A la vista está que hacerlo en 1996 era un suicidio que solo podía salir bien en un pueblo de Extremadura.
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