En 1969, para ir de la Catedral de San Pablo en Londres a los juzgados, o de los despachos de abogados a las casas de los ministros, tenías que atravesar la calle Fleet. El poder se cruzaba por unas aceras donde, no podía ser de otra manera, se establecieron los periódicos de la época, un tiempo glorioso para el periodismo y su negocio. Y allí viaja el siempre frenético y controvertido Danny Boyle para filmar su nueva película, ‘Ink’, un retrato de los orígenes del tabloide de Rupert Murdoch ‘The Sun’ , epítome del sensacionalismo y el periodismo basura con desnudo incluido (siempre femenino) en la página 3. Boyle, que siempre ha estado pegado a su tiempo, ya fuera con el retrato de la generación perdida de ‘Trainspotting’, con ‘Steve Jobs’ o incluso con lo metafórico de sus zombies en ’28 días después’, se va ahora a 1969 porque, dice, ese tiempo habla de nuestro presente. «Aquel año el ser humano pisó la Luna; pero la reunión con la que empieza mi película entre Rupert Murdoch y el editor Larry Lamb tiene más influencia en nuestras vidas que el viaje de los astronautas. Lo que hicieron con ‘The Sun’ cambió nuestro presente».Se refiere al relanzamiento de un diario que el joven Murdoch compró y que puso en manos de un editor ambicioso con ganas de vengarse de su anterior periódico, el ‘Daily Mirror’, que por entonces era el tabloide que más vendía. Decidieron dar la vuelta a todo: incluyeron por primera vez información de televisión, el horóscopo, hicieron seriales semanales con asuntos como las bragas (regalando un conjunto con la compra del periódico), llevando a portada temas como un caballo dopado… Y, por supuesto, con la idea de la chica de la página 3, que primero apareció en ropa interior hasta que en 1970 ya empezaron con los desnudos. ‘The Sun’, que no estaba entre los diez más vendidos a principios de año logró en apenas 365 días de escándalos ser el líder. «Nos gusta creer que Donald Trump y Rupert Murdoch son culpables [de la desinformación] pero todos somos responsables: 4 millones de personas leían el ‘The Sun’ cada día, y no por las noticias», ha explicado.Y es que Murdoch, como cuenta Boyle, entendía al vulgo. Recuerda que viajaba con frecuencia en el metro para ver qué leía la gente normal. Sobre todo en una época en la que «todos compraban prensa e iban todo el día con el periódico bajo el brazo… y llevar uno y no otro era una forma de decirle al mundo quién eras», ha explicado Danny Boyle, que se ha mostrado preocupado por los tiempos actuales en la rueda de prensa de San Sebastián, donde se ha convertido en el protagonista de la última jornada antes de la lectura del Palmarés. Ha hablado de IA (que él ha utilizado en su filme para animar unas ratas y ‘revivir’ unas fotografías antiguas’), del periodismo actual, de la situación de los jóvenes. Y ha explicado por qué en su película Rupert Murdoch no aparece como el villano criminal que muchos esperaban. Boyle dibuja a un empresario de medios ambicioso pero con escrúpulos, aunque siempre los guardara al fondo de la cartera repleta y las ansias de influir en política. «He contado la verdad, porque es una película en la que hablamos de las consecuencias de un tipo de periodismo y era importante contar la verdad de los comienzos. Y Murdoch no estaba cómodo con la moralidad de lo que se hacía en ‘The Sun’, incluyendo la chica desnuda. El periódico viene de Larry Lamb. Hay que decirlo aunque Murdoch no quede como un monstruo… y sé que la gente quiere convertirle en un monstruo, y con un buen motivo, pero en ese momento él no era así», ha explicado sobre esos inicios y, también, por lo necesario de un epílogo que mastica la película para que el espectador de ahora trague el mensaje sin esfuerzo: «Mostramos las consecuencias de este tipo de periodismo y el daño que han causado: antes solíamos estar de acuerdo en que había una verdad, aunque luego no estuviéramos de acuerdo en muchas cosas. Pero ese periodismo supuso el inicio de la desestabilización de la verdad y dio lugar a cosas como Fox News», ha dicho el británico.Ha querido defender también Boyle el trabajo de los grandes medios frente a las corporaciones tecnológicas y la IA. Recordando que los grandes casos de periodismo contra los políticos, como el Watergate, lo hicieron trabajadores de grandes cabeceras que fueron valientes contra los poderosos. «Me gustaría ver si estos gigantes permitirán a sus periodistas decir la verdad o si esos portales los protegerán contra los poderosos… Es poco probable», ha lamentado el cineasta, que ha cargado también contra la IA. «El periodismo es uno de los pilares que sostiene nuestro mundo… También los profesores, los artistas… Y parece que la IA los amenaza a todos. Estos pilares se están desmantelando. Las grandes tecnológicas tendrán que responder por ello», remató.’Le Faux Soir’´clausura la Sección OficialAparte de la Perla de Boyle, la Sección Oficial se clausuró este sábado con el cineasta belga Michael R. Roskam, que ha presentado ‘Le Faux Soir’, una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Según ha explicado en rueda de prensa, su filme utiliza la historia de la Resistencia para hablar de los conflictos y desafíos del presente. «Contamos algo del pasado para contar algo de lo que sucede hoy en día. Ahí es donde yace la razón por la que hay películas acerca de la Primera y Segunda Guerra Mundial. A veces utilizamos el pasado para contar algo acerca de la actualidad con la esperanza de que podamos cambiar algo de cara al futuro», ha señalado el cineasta, según recoge Europa Press.El director ha explicado que la película aborda el primer «hackeo mediático» de la historia a través de la publicación clandestina de ‘Le Faux Soir’, conectando ese episodio con el debate contemporáneo sobre las ‘fake news’ y la libertad de expresión. «Desde siempre ha habido una batalla a la hora de tener libertad para expresarnos», ha afirmado.El director también ha comparado el contexto actual con el de los años 40 y ha cuestionado la sensación de que el mundo contemporáneo se encuentre necesariamente ante una situación sin salida. «Si tú crees que es el fin del mundo, yo diría que en los años 40 los chavales tenían más razones para pensar que era el fin del mundo», ha señalado, antes de reclamar que se siga defendiendo la libertad.
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