Djokovic está empeñado en llevarle la contraria a la lógica, esa que dicta que el tiempo acaba atrapando a todo el mundo. Él corre más rápido y consigue mantener como rutina la laboriosidad que supone seguir ganando a las casi 40 primaveras que refleja su partida de nacimiento. Demasiado para unos, no para un serbio prácticamente cuarentón que está para lo que le echen. Este domingo le tocó bailar con Zverev, el mejor tenista de la temporada, reciente campeón del US Open y principal candidato al número uno.
Y vaya si bailó. Djokovic sacó los pasos prohibidos para remontar (4-6, 6-4, 6-4) y conseguirlo todo. Acceder a las semifinales de Pekín, la 202 semifinal de su vida, y arrebatar a Nadal otro histórico triunfo. Ya es el único tenista de la historia capaz de vencer sus primeros 32 partidos en un mismo torneo. Rafa dejó el listón en 31 en Roland Garros. Djokovic nunca ha claudicado en Pekín y está a dos pasos de revalidar corona y extender la gesta hasta los 34. Ahí es nada.
«Estos son los momentos por los que sigo jugando y compitiendo. La motivación es enorme. Estos son el tipo de momentos que hacen realidad los sueños de, creo, cualquier tenista. Así que sí, ha sido un año complicado, para ser sincero, pero sigo ahí. Sigo peleando. Sigo haciendo que los jóvenes tengan que pelear fuerte para ganarse el dinero. Me alegro de haber sacado adelante el partido», dijo el serbio, que se enfrentará a Medvedev en la antesala de la final.
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