La noche de este martes llevaba meses opositando a noche grande, de esas para festejar. Concretamente, desde que salió el sorteo allá por el mes de agosto. Sin embargo, los últimos siete días han encadenado desgracia tras desgracia y España se ha quedado con poco que celebrar y también sin ganas. Por no haber, no había ni himno de la Champions, que no sonó en el Metropolitano como homenaje a los fallecidos en la tragedia ferroviaria en Urda y Jesús de Miguel, futbolista del Tenerife fallecido por una entrada del portero rival. El fútbol es lo más importante de las cosas menos importante. El Atlético tampoco anduvo para muchos festejos. Una primera parte honrosa y una segunda impotente. Le Normand, sordo de un pie, costó el primer gol y Laimer lo cerró de un disparo de fútbol sala. El Bayern es mucho Bayern (0-2) para este Atlético.
Solo quedaban dos de aquella batalla de 2016, de cuando el Bayern fue una apisonadora y el Atlético una coraza indestructible. Uno era Koke, suplente, y otro, Jan Oblak, titular y de celebración. Con su partido ante el Bayern ya suma 553 partidos con el Atlético, igualando así a Adelardo, segundo en este escalón. El primero lo ocupa el otro veterano de Múnich 2016, Koke, que algutina 749 en sus piernas, uno más con el de este martes. Cuyo inicio recordó a batallas pasadas.
Presión asfixiante y acoso del Bayern y líneas juntas y resistentes del Atlético. Patadas, empujones, protestas, ritmo… Viva el fútbol de siempre. Como si el tiempo se hubiera quedado anclado en Múnich 2016 y aquella semifinal titánica.
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