Hay relojes que llaman la atención por su tamaño, otros por el brillo de sus piedras preciosas y algunos, mucho más discretos, porque solo quienes conocen la alta relojería saben lo que esconden. El que Jacob Elordi eligió para pasear por París junto a Kendall Jenner pertenece claramente a esta última categoría. Bajo una apariencia sobria, el actor llevaba una de las creaciones más singulares de Cartier: el Cartier Privé Tank à Guichets Oblique, una pieza de platino limitada a solo 200 ejemplares.
La elección resulta especialmente llamativa porque no se trata del típico reloj de lujo reconocible a primera vista. No hay una esfera convencional ni agujas, ni los característicos números romanos que suelen asociarse a Cartier. En su lugar, el reloj presenta una superficie de platino cepillado interrumpida únicamente por dos pequeñas ventanas. A través de ellas se pueden consultar la hora y los minutos, como si el tiempo apareciera detrás de dos discretas ventanillas.
Ese sistema es precisamente el que da nombre al modelo. Guichet hace referencia a una ventanilla y resume la filosofía de este reloj: mostrar únicamente la información imprescindible. La versión Oblique lleva todavía más lejos esa idea. Las aperturas están colocadas en diferentes ángulos, creando una composición geométrica que recuerda a los relojes utilizados por los conductores durante las primeras décadas del siglo XX. La inspiración no es casual: aquellos diseños permitían consultar la hora sin tener que girar completamente la muñeca mientras se conducía.
En la muñeca de Elordi, el efecto resulta especialmente peculiar. El acabado frío del platino contrasta con los discos dorados que aparecen tras las ventanillas, mientras que los números en color burdeos aportan el principal toque cromático. Todo queda rematado con una correa de aligátor negro. Es un reloj relativamente pequeño, 37,6 por 24,8 milímetros y apenas unos 6 milímetros de grosor, pero con una personalidad difícil de confundir.
También esconde una complicación mecánica poco habitual. En su interior funciona el calibre 9755 MC, un movimiento de cuerda manual desarrollado específicamente para el Tank à Guichets. La hora cambia de manera instantánea al completar cada ciclo, mientras que los minutos avanzan progresivamente. Además, el mecanismo de la hora saltante está integrado en la propia construcción del movimiento, una solución que ayuda a mantener el perfil extremadamente delgado de la caja.
Pero quizá la parte más fascinante de esta historia está en el pasado del reloj. El concepto procede de un diseño que Cartier presentó en 1928, cuando el Tank ya se había convertido en uno de los grandes iconos de la relojería de la casa. Aquella versión rompía con la lectura tradicional del tiempo y se acercaba a la estética geométrica del art déco. Durante los años siguientes aparecieron distintas interpretaciones, muchas de ellas producidas en cantidades minúsculas.
Entre quienes llevaron relojes de este estilo figura Duke Ellington, una de las grandes figuras de la música del siglo XX. Décadas después, Cartier recuperó el concepto en distintas ocasiones: primero en 1997, con una serie de 150 relojes de platino, y posteriormente en 2005, con 100 unidades de oro rosa dentro de la Collection Privée Cartier Paris.

La versión contemporánea mantiene precisamente esa condición de objeto para iniciados. Presentada dentro de Cartier Privé, la colección dedicada a recuperar diseños históricos de la maison, la Oblique quedó limitada a 200 ejemplares. Su precio oficial se situó en torno a los 66.000 euros. Y ahí empieza la parte complicada: encontrar una unidad.
Como sucede con muchas piezas de alta relojería producidas en cantidades reducidas, el precio de catálogo no cuenta toda la historia. En el mercado secundario, los Tank à Guichets pueden alcanzar cifras muy superiores, especialmente las referencias vintage. Algunas piezas históricas han superado ampliamente los 100.000 euros y determinados ejemplares han llegado a ofrecerse por varios cientos de miles de euros.
La elección de Elordi tampoco parece aislada. El actor es embajador de Cartier desde 2025 y ha demostrado en varias ocasiones una predilección por las referencias menos evidentes de la firma. En lugar de limitarse a los modelos más reconocibles, ha aparecido con diferentes versiones del Tank, incluyendo piezas de oro amarillo y la propia Oblique.
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