Es el drama de cada año. Un bucle del que el Ejecutivo es incapaz salir cada vez que se acerca el otoño. La Constitución Española fija en su artículo 134.3 que el Gobierno debe presentar los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el próximo año «al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior». Es decir, el texto articulado debe entrar en el registro del Congreso de los Diputados antes del 1 de octubre de cada año. Una fecha límite que, una vez superada, deja al Ejecutivo de coalición con el irremediable retraso, un año más, de las cuentas públicas.Desde aquella moción de censura de junio de 2018 que hizo a Pedro Sánchez presidente del Gobierno, jamás se han presentado los PGE a tiempo. La demora se ha enquistado hasta tal punto que ya parece un mal menor. De hecho, en los ejercicios correspondientes a 2020, 2024, 2025 y 2026, los Presupuestos ni siquiera se presentaron ante la Cámara Baja por la incapacidad de Moncloa para articular una mayoría parlamentaria.Hoy España funciona con las cuentas públicas prorrogadas de 2023. Si se confirma el bloqueo del proyecto para 2027, el líder socialista marcará un hito inédito: se convertirá en el primer presidente de la historia de la democracia que no logra presentar sus presupuestos en toda una legislatura. De momento, ya es el que más ha prorrogado las cuentas y el que menos las ha aprobado a pesar de ser el segundo presidente más longevo en el cargo, solo por detrás de Felipe González.Tan sólo hay que repasar los registros anteriores para confirmar que gobernar sin el aval económico del Parlamento es una rareza absoluta. José María Aznar estuvo ocho años en el poder y firmó un pleno: ocho cuentas aprobadas y las ocho registradas en el Congreso antes del 1 de octubre. Felipe González, a lo largo de sus catorce años de mandato, sacó adelante doce presupuestos. Once de ellos entraron en plazo, y solo recurrió a la prórroga en dos ocasiones debido a sendas convocatorias electorales.Incluso dentro de la historia reciente del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero logró aprobar sus presupuestos a tiempo durante siete años consecutivos. Cuando en 2012 constató que su fragilidad parlamentaria le impedía armar unas cuentas para hacer frente a la crisis económica, disolvió las Cortes y convocó unas elecciones anticipadas que acabarían dando la mayoría absoluta a Mariano Rajoy.El dirigente popular también logró aprobar los Presupuestos todos los años de su mandato, desde 2012 hasta 2018. Sin embargo, la fragmentación del hemiciclo le obligó a llevar los ejercicios de 2017 y 2018 a la Cámara con un notable retraso -ambos se aprobaron en el mes de abril-, una demora que fue duramente criticada desde la oposición por un Pedro Sánchez que exigía responsabilidades por incumplir el calendario.Tres prórrogas heredadasParadójicamente, la primera etapa de Sánchez en la Moncloa se sostuvo gracias a los Presupuestos que dejó armado su rival. Al llegar al poder, ejecutó las cuentas de Rajoy en 2018, las prorrogó en 2019 tras el rechazo del Congreso a su primer intento de proyecto, y las mantuvo vivas un año más en 2020 al no presentar alternativa. Tres prórrogas consecutivas que cimentaron su arranque.El diseño del próximo ejercicio es hoy un callejón sin salida para el Gobierno. Toda la estrategia diseñada por los socialistas saltó por los aires el pasado mes de julio, cuando el Congreso tumbó por segunda vez en apenas nueve días los objetivos de estabilidad . Los votos en contra de PP, Vox y Junts dinamitaron la senda de déficit y destrozaron el calendario del Ministerio de Hacienda.De hecho, el Gobierno asumió internamente a principios de septiembre que la tramitación de los Presupuestos sería inviable, como adelantó este periódico . La estrategia en Moncloa ha pasado por cambiar el foco y volcar todo el debate político en la polémica reforma de la financiación autonómica. En ese terreno territorial creen tener mayor margen de maniobra que en el regateo de las partidas presupuestarias a nivel nacional.A pesar de que los números no cuadran, la estrategia sigue adelante. Durante estas semanas, el Ejecutivo ha escenificado el arranque de las negociaciones con Sumar prometiendo incluir en el borrador «el mayor gasto social de la historia» . Se ha vuelto a hablar de medidas estrella para abaratar el acceso a la vivienda, inyecciones millonarias en investigación (I+D) y apoyo para los jóvenes, aunque ni siquiera dentro del Gobierno tienen mucha fe en que salgan adelante. Sin embargo, la presión de algunos socios del Gobierno ya es evidente. La semana pasada, el presidente del PNV, Aitor Esteban, aseguró que «si el presidente no aprueba los presupuestos generales, tendrá que dar por finiquitada la legislatura y convocar elecciones».Pero en los pasillos de la Cámara Baja el veredicto es claro. Sin el ‘sí’ de Junts y sin el paso previo de los objetivos de estabilidad resuelto, ese listado de promesas nace herido de muerte. Gobernar sin Presupuestos ha dejado de ser la excepción para convertirse en la norma.
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