El próximo 12 de agosto tendrá lugar un eclipse solar total que cruzará la península ibérica y que apenas durará minuto y medio (en el mejor de los casos). Para ese pequeño instante en el que la Luna se interpondrá perfectamente entre nosotros y nuestra estrella, convirtiendo repentinamente el día en noche, hay quien lleva años preparándose. Entre ellos está Miquel Serra-Ricart, director científico de Light Bridges e investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), uno de esos ‘fanáticos de los eclipses’, en su mayoría científicos , que aprovecharán el fenómeno también para intentar responder algunas de las preguntas que aún encierra nuestro astro rey. Pero Serra-Ricart no verá el eclipse desde una loma con vistas al atardecer o una playa con el mar tocando el Sol. Él será testigo a 11.000 metros de altura. «Una gran opción era el avión, sobre todo porque desde tierra la probabilidad de tener nubes es alta», explica a ABC el investigador del IAC, que viajará acompañado por Javier Parra, astrofísico y meteorólogo; Carlos J. Rodríguez, doctor en aprendizaje experiencial; y Juan Carlos Casado, astrofotógrafo, todos integrantes del proyecto científico y educativo Shelios . Y su principal objetivo, más allá de maravillarse con cómo la Luna va tapando nuestro Sol, será observar la codiciada y enigmática corona solar, donde ocurren fenómenos que los científicos aún se afanan por entender, como las tormentas solares. «Desde un avión, verla está prácticamente asegurado; tendrían que pasar cosas muy raras para no poder hacerlo».La compañía española Iberia se ha sumado a la iniciativa organizando el vuelo que despegará del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas a las 18.45 horas con una ruta diseñada para situarse sobre la provincia de Palencia en el momento de la totalidad del eclipse. Con código IB1473 en homenaje al año de nacimiento de Nicolás Copérnico, un Airbus A321XLR «se convertirá en un laboratorio a 11.000 metros durante los 127 segundos de totalidad», señalan desde la web. El vuelo contará con una tripulación encabezada por el comandante Javier Lopera Alcalá y el piloto Javier Meana Fernández, quien además posee formación en astrofísica.Los investigadores dispondrán de muy poco tiempo para trabajar, por lo que la preparación resulta casi tan importante como la propia observación. Serra-Ricart explica que el vuelo está diseñado para pasar dos veces por la misma zona: la primera servirá como ensayo general, aproximadamente cuarenta minutos antes del eclipse, para comprobar que todos los equipos funcionan correctamente y ajustar cualquier detalle; la segunda será la definitiva. Entonces, «la cabina del A321XLR se convertirá en un laboratorio a 11.000 metros durante los 127 segundos de totalidad. Es la ciencia lo que justifica el vuelo», señalan los promotores de la iniciativa, que contará con hasta cuatro experimentos que tendrán lugar durante el vuelo.Los experimentos que realizarán El principal experimento durante será el estudio de la morfología de la corona solar. Para ello, el telescopio Seestar, compacto e ideal para operar desde la ventanilla, registrará imágenes de alta resolución de la propia corona, dos cámaras (gran angular y 360°) capturarán el entorno del Sol durante toda la secuencia del eclipse. Y mientras tanto, se estará retrasmitiendo imágenes del eclipse en tiempo real a través de una cámara de vídeo con zoom regulable. No solo documentarán la corona, sino todo el entorno solar, intentando capturar Venus, Mercurio y estrellas próximas. Incluso intentarán detectar la lluvia de meteoros de las Perseidas, que marcarán ese mismo día su máximo. Además, habrá una parte de estudio social: la experiencia a 11.000 metros de altitud «induce cambios significativos y medibles en el comportamiento de los pasajeros: aumenta la conducta prosocial espontánea, altera la percepción del tiempo, genera sincronía conductual de grupo y produce un estado temporal de asombro que modifica actitudes y conductas durante las horas posteriores al vuelo», indican en la web. Todas las emociones serán recogidas durante el vuelo. No solo eso: han creado una aplicación móvil en la que cualquier persona a través de su smartphone y de forma totalmente anónima podrá registrar su experiencia. «Todo lo que le pase al Sol sin duda tendrá consecuencias para nuestra sociedad en la Tierra» Miquel Serra-Ricart Director científico de Light Bridges e investigador del Instituto de Astrofísica de CanariasEl interés no se limita a la astronomía. Según explica el investigador, toda la actividad que se produce en la corona solar acaba teniendo consecuencias sobre nuestro planeta. Las tormentas solares pueden afectar a satélites, sistemas de navegación, comunicaciones o redes eléctricas. De ahí la importancia de conocer mejor estos procesos para poder anticiparlos en el futuro. «Todo lo que le pase al Sol sin duda tendrá consecuencias para nuestra sociedad en la Tierra», afirma. El objetivo, añade, «es llegar algún día a predecir estos fenómenos de una forma similar a como hoy se predice un huracán».El gran enemigo: las nubesLa observación desde tal altitud permitirá evitar no solo las nubes -uno de los mayores obstáculos con los que conviven quienes estudian los eclipses-, sino también los efectos de la atmósfera. No es una preocupación menor: el astrónomo que ‘persigue’ eclipses totales desde 1998 explica que en más de una ocasión las nubes han resultado un problema para el trabajo de todo un equipo. Recuerda especialmente una expedición en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica. El día anterior el cielo estaba completamente despejado, pero el mismo día del eclipse un frente nuboso cubrió la zona e impidió cualquier observación. «Es bastante desmotivador», resume. Precisamente esa incertidumbre fue una experiencia también vivida en 2003, cuando participó en una expedición estadounidense que sobrevoló la Antártida para observar otro eclipse total. Aquella misión le hizo comprender las ventajas de trasladar la investigación al aire. De hecho, para 2026, que según señala, «es el gran año de los eclipses ibéricos», investigar desde las alturas es la opción más idónea.Esta imagen muestra la sombra de la Luna sobre la Tierra durante el eclipse solar total del 8 de abril de 2024, visto desde unos 27.000 metros (90.000 pies) de altura por una cámara montada en un globo científico. Proyecto Nacional de Globos Aerostáticos para Eclipses/Virginia Tech Aún más alto: la NASA también perseguirá el eclipse desde el cielo El vuelo de Iberia no será la única misión científica que aprovechará el eclipse del 12 de agosto desde las alturas. La NASA desplegará en España varios experimentos para estudiar tanto la corona solar como los efectos que el súbito oscurecimiento del cielo provoca en la atmósfera terrestre. Uno de ellos se realizará a bordo de un avión WB-57 que volará a unos 15.000 metros de altura, por encima de las nubes. Sus cámaras captarán imágenes de la corona en luz visible e infrarroja, con las que los investigadores esperan estudiar su estructura, las protuberancias solares y su relación con el viento solar. Al desplazarse siguiendo la sombra de la Luna, el avión podrá prolongar la observación de la corona hasta casi tres minutos. La NASA también lanzará seis globos aerostáticos desde España equipados con cámaras de 360 grados y sensores de ozono. El objetivo será observar cómo responde la atmósfera a la desaparición repentina de la luz solar y comprobar cambios en el ozono detectados durante eclipses anteriores.
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