Desde la corrida de ayer estaba un gallo presidiendo la barrera del ocho. Dos vueltas al ruedo dio ayer Víctor Hernández , pero cuando pasaba por este tendido, ya llevaba otros capones, así que ahí se quedó Manolo -que así se llama-, que volvió a su localidad este viernes. Qué dignidad llevaba, siempre con la cabeza alta atendiendo a los estímulos de su alrededor. Si fuera toro, sería muy distraidillo e iría engallado. Pero a buen seguro Luque lo habría hecho embestir y lo habría metido en la canasta. Eso fue lo que se dedicó a hacer en Guadalajara. Inventarse faenas, daba igual lo que tuviera delante. Sólo que lo hace tan fácil que no siempre se le da el mérito que tiene. Por eso una importante tarde viene reseñada con dos silencios en la ficha, que quedan muy lejos de la imagen que ofreció. También es verdad que, si no hay orejas, todo lo demás queda en silencio en esta plaza, ya que empiezan las peñas a tocar y no se oye nada, por más que la sombra intente aplaudir. Abrió la tarde un toro de José Vázquez con los cuartos traseros más que flojos. No los sostenía en pie, vaya. Y por más que se pidió su devolución los primeros tercios, hizo caso omiso el usía. Renqueante y mugiendo como un descosido, se fue a encontrar con la suavidad que le ofreció el de Gerena, que, en maestro, logró que no volviera a caerse. Un poco más y lograba que dejara de mugir, que fue lo único que le faltó a Daniel (eso ya era demasiado), que, con la figura relajaba, lo cuajó, ligándolo y llevándolo cosidito a la muleta, sin un tirón de más, ni atacarlo. Así, hasta parecía que iba Mundano, con el que terminó el entregado sevillano por una serie de derechazos sin montar la espada y sus luquecinas.Al cuarto le pegó una brionesa en el recibo que fue una preciosidad. Con guapeza se sacó Luque a Riojano, tras unos eficaces primeros tercios, donde ya se vio al animal cogido con alfileres. Pero eso no impidió al torero torear con la zurda como si nada, con suma facilidad. Un molinete de rodillas fue precursor de una templadita tanda por la diestra. Después, de uno en uno tuvo que ir tirandito del de José Vázquez, con toques sutilísimos y sin atosigarlo. Con el toro ya entregado, acabó en las cercanías para meter al público; pero, antes de cambiar el estoque, pegó unos últimos naturales con la chivana de Ponce para darle sus tiempitos. Una leve petición en la sombra fue un premio bastante rácano a una tarde de mayor mérito, después de haber fabricado dos faenas a un lote muy soso y flojo.El que sí vio recompensa a su esfuerzo fue Borja. Dos orejas le cortó al último de la tarde. Tampoco se fue Manolo con él, pero sí salió el rubio matador por la puerta grande tras un estoconazo como pocas veces ha metido en su carrera. Esa espada era de premio. A ese Polvorilla le había pegado de salida el de Espartinas tres faroles de hinojos, en un variado recibo de capa, en el que empalmó delantales, chicuelinas y una revolera, llevando al toro de punta a punta de la plaza. Tras una buena brega de Juan Carlos Rey, brindó Jiménez a los presentes, teniendo que improvisar, ya que el castaño se le arrancó antes de que pudiera lanzar la montera. Así, de rodillas se puso, con el público entregado. Y también se entregó él, que pudo enseguida al de José Vázquez, viniéndose abajo el toro muy pronto. Eso sí, conectó mucho con los tendidos, tanto que, tras (posiblemente) la estocada de su vida, le premiaron con el doble trofeo.Borja Jiménez por la puerta grande de Guadalajara Guadalajara TorosY otra le podría haber cortado al tercero, que también recibió penitente de capa. Tras dos tercios eficaces, se sacó por bajo Borja al toro a los medios, siempre aliviándolo al final. Poco a poco fue bajándole la mano y exigiéndole, quitándole el feo defecto de derrotar al final de cada muletazo, y quedando más suavito Precavido, que respondió para bien.Por la izquierda desarrolló la faena Jiménez, metiendo la cara el astado por ahí y yendo con transmisión. También es verdad que esas virtudes las sacó con paciencia Borja, dándole los tiempos justos, y estando técnicamente perfecto, si bien es cierto que faltó mayor acople. Feria de la Antigua Plaza de toros de Guadalajara Viernes, 18 de septiembre. Entrada: Más de ¾ de plaza. Toros de José Vázquez. Daniel Luque, de obispo y oro. Pinchazo y estocada desprendidilla (silencio). Estocada corta perpendicular (silencio). Emilio de Justo, de rosa y oro. Estocada caída y atravesada (silencio). Pinchazo, pinchazo hondo y nueve descabellos (silencio). Borja Jiménez, de azul pavo y oro. Estocada casi entera contraria y atravesada y cuatro descabellos (silencios). Estocada (dos orejas).El segundo de la tarde tampoco se tenía en pie. Por bajo, pero sin exigirle, comenzó Emilio de Justo, cuando comenzó a hacerse presente una incómoda brisa. Iba el de José Vázquez con un trotecillo cochiquero muy tonto desde que salió. Lo habían cuidado durante la lidia y no se había caído, pero no podía con su alma. Tampoco se le cayó al de Torrejoncillo, cuidadoso de su enemigo, pero Mañanero no tenía apenas recorrido, ni humillaba ni nada. Estuvo muy por encima el extremeño, que pegó un trincherazo muy bonito, pero poco más podía hacer con el deslucido animal. Alargó en demasía De Justo, eso sí, y se puso el animal muy incómodo para matar.Lo mismo le ocurrió en el quinto, donde todo lo puso el torero, sacando muletazos a un animal que tenía una embestida muy incómoda y desordenada. Ya de salida se vio que no iba a regalar nada, ya que intentó recibirlo Emilio con el capote a una mano, pero el animal salió abanto, tendiendo que cambiar la intención el extremeño por templadas verónicas. Bajo los cánticos de las peñas tuvieron lugar los primeros tercios, que volvieron a atender cuando el extremeño brindó al público. También tuvo que improvisar De Justo, al ir Pudoroso a él antes de que montara la muleta, solucionándolo al ponerse a torear directamente. El de José Vázquez era muy incómodo y costaba cogerle la distancia, porque una vez iba bien, otra cruzado y otra se caía. Pero rápidamente Emilio se la cogió, y, bajo los sones de su pasodoble, basó la faena al natural, llevándolo largo y templadito, rematando las tandas siempre con sus consabidos pases de pecho. El toro nunca se entregó, y le faltó fijeza, pero el torero estuvo entregadísimo, hasta las manoletinas finales. Pero se pasó de faena, y el toro estaba completamente parado cuando se perfiló con el estoque.
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