«Habrá un Ave María en pleno centro de París, en el corazón de un país donde el ateísmo resulta central. Me parece algo impresionante». Antony Poujol, de 39 años y que trabaja como ingeniero informático, resumía con estas palabras su emoción ante la misa gigante que el Papa León XIV iba a presidir en la Plaza de la Concordia. Eran las doce y esa zona central ya estaba abarrotada de gente, aunque todavía faltaban tres horas para que empezara la ceremonia impartida por el pontífice. La Iglesia francesa había previsto 600.000 asistentes, y las impresionantes imágenes aéreas de los Campos Elíseos no la desmintieron. Finalmente, hubo 700.000, según el Vaticano.Tras un viernes marcado por una oración en Notre Dame y dos discursos con una orientación política evidente, con especial énfasis en la paz y los riesgos de la IA, el Papa se dio un baño de masas en la monumental avenida parisina. Esta ofreció un aspecto parecido —en número de participantes— al de las grandes ocasiones, como las celebraciones de las Copas del Mundo de la selección francesa (1998 y 2018). Con gritos de «León» y «Viva el Papa», una multitud eufórica acompañó el recorrido del papamóvil. Robert Prevost, que ha caído con buen pie en el país vecino, tomó su tiempo para saludar a los asistentes y bendecir a bebés, niños y personas con discapacidades físicas y mentales.Elogio a los adultos que se convierten al cristianismoEl Papa dio en la Plaza de la Concordia una homilía bastante clásica, con pocas referencias más allá de la religión cristiana y la fe en Jesucristo. «En este bello país que es Francia, muchos bebieron de esta agua (de Jesús) y le dedicaron totalmente su vida», aseguró el pontífice estadounidense y peruano durante la lectura de la misa, en la que mencionó mártires franceses como Blandine, Pothin o Irene. Como había hecho el viernes, reivindicó durante su misa la «civilización del amor».«El ser humano es fundamentalmente un ser de deseo y solo Dios puede culminar este vacío interior», dijo el Santo Padre durante la pronunciación de una misa en francés. Con este mensaje, también reivindicó a las personas mayores de edad «que toman el camino de la fe y se convierten al cristianismo». No fue ninguna sorpresa. El número creciente en Francia de adultos que se bautizan es uno de los mensajes en el que más insiste la Iglesia gala durante este viaje de cuatro días de Prevost. Ha representado la primera vez que el pontífice iba a París desde Benedicto XVI en 2008.«Nadie es tan pobre que no tenga algo que ofrecer; nadie es tan rico que no tenga algo que recibir» Papa León XIV«Rol fundamental de las mujeres»De hecho, el pontífice ya se había referido a este número creciente de franceses que se bautizan durante su visita por la mañana al Instituto Católico. Después de su recepción como una estrella de rock por 80.000 jóvenes el viernes por la noche en el Estadio de Francia, fue a esta universidad privada y confesional. Ahí alabó «a los numerosos adultos que piden el sacramento de iniciación al cristianismo». De hecho, estableció un curioso paralelismo entre los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial en que «los bautizos aumentaron» y el presente de un mundo en crisis marcado por una actualidad informativa poco tranquilizadora (guerras, cambio climático…). Prevost también reivindicó «el rol fundamental de las mujeres en la construcción de una civilización del amor». Lo dijo durante una visita a la Maison Bakhita, asociación católica que apoya y ayuda a personas migrantes y refugiadas en el distrito XVIII (norte) de la capital gala. Este grupo, fundado hace cinco años, recibió este nombre en homenaje a Josefina Bakhita, una esclava sudanesa nacida en el siglo XIX que fue monja. Su ejemplo «nos invita a ver a los invisibles y liberar a aquellos que la economía y la cultura siguen esclavizando», dijo el Papa. Presencia de varios aspirantes al ElíseoLeón XIV «representa todo lo contrario de Donald Trump», dijo a este medio Albert, de 68 años, un francés jubilado que se encontraba junto con su esposa en una parte de los Campos Elíseos cercana a Concordia. Allí había una multitud de cristianos, de todas las edades y con distintas orientaciones ideológicas. Algunos de ellos se felicitaban de que Prevost haya seguido la línea humanista y pacifista de su predecesor, Francisco. «Es un hombre muy pacífico y me parece algo esencial en un mundo donde hay tantas guerras», subrayaba Lisa, de 16 años, que llegó a la céntrica plaza cuatro horas antes de que empezara la misa.En cambio, otros fieles elogiaban que «haya encontrado un buen punto de equilibrio entre los Papas modernos y los clásicos». «A diferencia de su predecesor, le da una mayor importancia a Europa y la prueba de ello es que ha venido a París», sostenía Poujol, un cristiano practicante de la región parisina. Con su viaje a la capital francesa, ciudad que Jorge Bergoglio prefirió evitar, la Iglesia francesa ha hecho una demostración de fuerza. Esta misa multitudinaria contrasta con las últimas décadas de pérdida de influencia del catolicismo en el país, así como los escándalos de violencia sexual dentro de esta institución en los últimos años. No obstante, los responsables eclesiásticos galos quieren ver el éxito de este viaje como un reflejo del ligero repunte de la fe católica en su país vecino desde 2020. Desde entonces, el número de bautizos aumentó de 100.000 a 175.000 en 2024.Ningún político relevante en Francia, nación marcada por su ADN laico, se ha atrevido a criticar esta misa gigante en el corazón de la capital. Aunque el presidente, Emmanuel Macron, no ha participado en ella —a diferencia de lo que hizo en septiembre de 2023 en Marsella—, sí que han asistido varios de los aspirantes a sucederle, como el centrista Édouard Philippe, el macronista Gabriel Attal o la ultraderechista Marine Le Pen. Ha sido uno de los momentos centrales de este viaje del Papa. Su próxima etapa es en Lourdes. Allí tiene previsto rezar este sábado por la tarde en la gruta y santuario que hizo mundialmente conocida a esta ciudad, cercana al País Vasco francés.
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