En mayo de 1961, un joven director barcelonés, Albert Boadella , organizó un curso de mimo; de allí saldría el núcleo -el propio Boadella, Antoni Font y Carlota Soldevila- que, siete meses después, crearía Els Joglars . Sesenta y cinco años después, la compañía sigue en activo -«no hay ninguna en Europa tan longeva como nosotros», presume el dramaturgo. Els Joglars celebra este aniversario con la puesta en escena de ‘El retablo de las maravillas’, subtitulada ‘Variaciones contemporáneas sobre un tema de Cervantes’, con dramaturgia de Ramón Fontseré -desde 2012 director de la compañía- y el propio Boadella, que dirige la función. Estarán en el Teatro Fernán Gómez del 4 al 27 de septiembre.Cuando se le pregunta a Albert Boadella por el ‘secreto’ para la continuidad de Els Joglars, dice que «la creación de una estructura fuera de la ciudad, en un lugar fantástico que permite una dinámica de ensayos y de trabajo… Es una estructura casi de empresa familiar. La compañía acumula a lo largo de los años tradición, experiencia, una forma de trabajar que se va pasando de unos a otros; es también una escuela para los que entran nuevos. Y por fin, habría que hablar de cohesión en los objetivos de quienes forman Els Joglars. Se la juegan todos; no hay un administrador ni un empresario. Así empezamos y así seguimos».A pesar de dejar la dirección de la compañía en 2012, Albert Boadella ha seguido estrechamente vinculado a Els Joglars, cuya batuta, sin embargo, lleva Ramón Fontseré. «Entré en 1983 y para mí fue un impacto el sistema de trabajo, de jugar, de entender el teatro, incluso el sitio donde está situada, que es un sitio precioso, con la cúpula. Cuando Albert me dijo que tenía que dejar la dirección, decidí continuar: no quería perderlo porque lo que habíamos creado era una utopía ; y claro que me asustaba, pero me dije: ‘Ya que hemos llegado hasta aquí, voy a seguir para que esto no se acabe, para que no tenga un final’».Ha habido momentos muy difíciles que hicieron zozobrar el barco; los recuerda Boadella. «Cuando tuve el conflicto con los militares tras el estreno de ‘ La torna ‘ en 1977 -fue detenido y se escapó a Francia mientras esperaba un consejo de guerra- y me exilié en Francia; rehíce la compañía en Perpiñán. Fue una cuestión de tozudez: ‘No me vais a joder la compañía’. Fue el momento más duro, pero hubo más: el boicot que se nos hizo en Cataluña, la comunidad en la que habíamos nacido todos los que estábamos y por la que girábamos bastante. Los ayuntamientos de Convergència nos boicoteaban… Pero en lugar de pensar en tirar la toalla, eso nos dio más fuerza. No hay nada como tener buenos adversarios…»Ramón Fontseré interviene, y habla de la «ética y la estética» de Els Joglars. « Mantenemos nuestra forma de entender el teatro, el juego del teatro . También la inspiración en la realidad que nos envuelve, a veces inmediata, a veces más lejana». «Y nuestra idea -interviene Boadella- de que el teatro no es literatura. Es, en cualquier caso, poesía, música, pero no literatura».Albert Boadella. De San BernardoEsa relación con el entorno es la que ha generado más dolores de cabeza a la compañía, porque ‘molestar al poder’ es una constante en la trayectoria de Els Joglars. « No nos hemos censurado absolutamente en nada , pero hay formas de decir las cosas», dice Ramón Fontseré. «Cuando ves que hay reacción en alguna administración o en alguna persona, tienes la sensación de que lo que hacemos sirve de algo, de esto no hay duda -completa Boadella-. No es que seamos masoquistas. Preferiríamos no tener inconvenientes, pero…»Asegura el dramaturgo que el mayor problema que existe hoy en día, «y que hay que vigilar, es el de la autocensura. Toda la trama de programadores está sujeta en el fondo a la administración, a los ayuntamientos o comunidades, que tienen determinados signos políticos. Es lo que yo llamo la cultura de estado. Esta unión de la política y la administración de la cultura pues provoca la autocensura, porque los programadores no quieren cabrear al consejero o al concejal de turno». «Esto no ocurría en los años ochenta o noventa -apostilla Fontseré-. Había más libertad en este sentido; Muchas de las cosas que hacíamos entonces serían ahora un escándalo tremendo».También, dicen los dos, ha cambiado el público. « Era mejor público el de los comienzos de la compañía ; era más libre y se armaban unas broncas del carajo, unos pateos… Era enormemente exigente, y esto ha desaparecido; se levantan a aplaudir en menos que canta un gallo. Sin duda alguna, yo añoro el público de los inicios», lamenta Boadella.Hablan los dos de que el teatro no es literatura, pero Els Joglars ha vuelto a Cervantes, y a su ‘Retablo de las maravillas’, que ya montaron en 2004, y en el que unos farsantes hacen creer a un pueblo que solo las personas de ‘buena sangre’ pueden ver un espectáculo invisible. «Es una función muy actual -justifica Fontseré-. Si Cervantes viviera ahora no daría abasto con la multiplicación de retablos ». Su puesta en escena actual es mucho más esencial que la de hace dos décadas. «Hemos hecho lo máximo con lo mínimo, pero creo que el espectáculo es más entendible y más trabajado que el anterior, más concreto». «Y dramáticamente hemos conseguido aspectos mejores, y la metáfora funciona todavía mejor».«El teatro -continúa Fontseré- es un espejo que confronta al espectador con la realidad; quizá nosotros mostramos una realidad todavía más real que la oficial. Y esos complejos, esas cosas que la gente no se atreve a decir por lo que sea; por pereza, por mecanización, por miedo a que le llamen facha, los ponemos sobre el escenario. Y creo que está bien, hay que desacralizar algunas cosas, tomar distancia sobre ellas» Los dos coinciden en que quedan Joglars para rato. «Hemos pasado épocas espléndidas y épocas menos espléndidas, otras muy difíciles. Es una compañía muy entrenada en circunstancias complicadas. Y hay jóvenes que dirigirán la compañía, seguramente, dentro de 10 o 15 años. No le veo final -concluye Albert Boadella, mientras Ramón Fontseré asiente- a Els Joglars».
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