El repunte del coste de la vida en la mayor parte de los países desarrollados está provocando un impacto directo en las cuentas de todos esos Estados con la subida de los intereses que les exigen los mercados por colocar su deuda pública. El rendimiento de los bonos estatales -el tipo que se compromete a pagar cada país a cambio de que los inversores les presten su dinero a corto, medio y largo plazo- ha subido un escalón con el inicio de septiembre después de un verano en el que ya venía recorriendo un camino al alza. De media, el interés de esa deuda a diez años se coloca se sitúa en el 3,7% , una referencia que no se veía desde 2008.La punta de lanza de esta situación la protagoniza Estados Unidos , cuya economía está comprobando el efecto de una subida de precios inesperada, hasta poco antes de comenzar la guerra en Irán, y rechazada por su presidente, Donald Trump, obsesionado con rebajar el coste de su deuda a pocas semanas de las elecciones legislativas de noviembre. La rentabilidad del bono norteamericano supera ya el 4,7% en los mercados internacionales, un punto porcentual más que hace apenas seis meses. Japón es el epicentro de este problema al otro lado del mundo, con un interés que le exigen ya por encima del 3%, el más alto desde hace tres décadas, para la economía más endeudada del G7. Todos estos registros no traen precisamente buenos recuerdos ni a gobernantes, ni a economistas, ni a inversores. Porque fue el inicio de la gran recesión que provocó una de las mayores crisis de deuda de la historia. El contexto actual es distinto, tal y como indican los analistas consultados por ABC. «Todavía no estamos en un momento de crisis de deuda porque no se prevé una crisis de liquidez a nivel estatal a corto plazo, que es cuando comienzan a aparecer en los mercados dudas sobre el repago», indica Javier Cabrera, analista de XTB. En el caso de EE.UU., este experto considera que «es difícil una gran recesión derivada de los problemas de la deuda porque implicaría un desplome absoluto del dólar , una referencia mundial», destaca Cabrera. Y esa situación no ha ocurrido. Tampoco con el euro, otra de las divisas que ejercen como pilar económico.Una preocupación crecienteCoincide en este análisis con Javier Molina, analista senior de mercados de eToro: «Por ahora hablaría de un reajuste importante del precio del dinero a largo plazo, no de una crisis. Pero si esta enorme oferta de deuda soberana y corporativa continúa, el mercado puede exigir primas cada vez mayores para absorberla». Por su parte, el informe elaborado por Pramol Dhawan, jefe de mercados emergentes en PIMCO, y Marc Seidner, director de estrategias de inversión no tradicionales en esa misma firma apunta que habrá «episodios de volatilidad, más que una crisis fiscal repentina, a medida que los mercados vuelvan periódicamente a poner el foco en la sostenibilidad de la deuda». En cualquier caso, no quieren quitarle hierro al problema al recordar que «el reajuste de precios de la deuda soberana ha sido global y el aumento de los niveles de deuda pública sigue siendo una preocupación central» para los inversores internacionales.El problema al que se enfrentan las economías desarrolladas no es tanto las emisiones sino el nivel de deuda acumulada en los últimos años. En Francia alcanza el 120% del PIB, en Italia el 135% y la de España ronda el 100% con más de 1,7 billones comprometidos para las próximas generaciones. Aunque la economía mundial no se encuentra inmersa en una crisis de deuda no es óbice para descartar que esté adentrándose en un terreno peligroso para muchos Estados. Incluido España. El interés del bono español a 10 años se encuentra cotizando ya en el 3,78%, un nivel que no veía desde hace ahora tres años. No es el interés más alto que ha pagado España -en la gran recesión los mercados llegaron a exigirle más de un 6%. Pero sí obligará al Gobierno a cambiar parte de los cajones presupuestarios para destinar más dinero al pago en intereses. Una partida que se encuentra, además, blindada tras la reforma de la Constitución acometida en 2010 para aliviar las dudas sobre la deuda que tenían los inversores frente al Reino de España en aquel convulso momento. 3,78% Interés del bono español La deuda pública que España emite a 10 años tiene que colocarla en el mercado con un interés cercano al 4% después de que también haya escalado en los últimos meses Los cálculos de los analistas estiman que, solo en el caso de Estados Unidos, un punto porcentual más de intereses de la curva de su deuda implica un alza de su endeudamiento de 3,5 billones de dólares en una década. Y si hay que destinar más dinero a esa cuestión «habrá que recortar otras partidas o, en su caso, acometer una subida de impuestos» , explica Javier Cabrera. En el caso de España, a falta de una actualización presupuestaria desde 2023, el gasto anual en intereses de la deuda pública supera ampliamente los 40.000 millones de euros. Habrá que esperar al proyecto de cuentas públicas que ultima el Ejecutivo para 2027 en el que plasmará sus previsiones sobre esta partida, una de las más relevantes del presupuesto. Esta situación -subida de inflación y de los intereses de la deuda- derivará en un nuevo alza del precio oficial del dinero. El Banco Central Europeo (BCE) acometerá esta decisión el jueves 10 de septiembre en una cita en la que los analistas ya descuentan que los tipos suban al 2,50%. La factura para España de un alza del rendimiento de su bono de un punto porcentual supone un gasto adicional de unos 2.500 millones de euros en intereses por la deuda que emite ese ejercicio. Aunque si se mantienen esos intereses, el coste acumulado supera los 15.000 millones al tener que acometer el vencimiento de la deuda que tiene que ir refinanciando a futuro.
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