Rafa Nadal es medida del tiempo. Las cosas en el tenis se narran antes, durante o después de su era. ¿Cómo se supera la última vez de algo que uno lleva haciendo toda la vida? Rafa se tomó tiempo. Para él mismo y para su familia. Tiempo para dejar de sufrir dolores diarios; tiempo para disfrutar de la crianza de sus hijos; tiempo para descubrir otras aficiones. En definitiva, tiempo para ser más persona y menos deportista de élite.
Desde 2024 únicamente había cogido la raqueta en «cuatro ocasiones» y la mayoría para hacer de sparring en su academia, que este fin de semana celebra su X aniversario y Rafa ha vuelto a sentirse Nadal. Al menos durante unos instantes; al menos durante unos golpes. Ha vuelto a jugar un partido de tenis dos años después para celebrar la década de la Rafa Nadal Academy. Un día memorable para él.
«Tener la oportunidad de poder jugar aquí, delante de la gente de mi pueblo, me hace especial ilusión aunque esté en las condiciones que estoy», dijo. En su Manacor natal reunió a Moyá, Ferrer y Gasquet en su equipo y Murray, Fognini, Thiem y Safin en el rival. Buena pléyade de estrellas. Golpes ganadores, aces y muchas sonrisas y bromas. «Ya ni me acuerdo de cómo se juegan los dobles», dijo Ferrer cuando Nadal le recordó que le tocaba restar.
Todos los partidos, los siete, disputados a super tie breaks de diez puntos. Igualdad hasta el definitivo, donde una volea de Nadal inclinó la balanza a su favor. Menos mal que dijo que no era día de competir. Es él y una raqueta contra el mundo.
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