La industria textil y del calzado española no termina de hilvanar el patrón de la sostenibilidad. El sector afronta una profunda transformación de su modelo de negocio con nuevas normas que llegan de Europa y con un Real Decreto, que ultima el Gobierno español, para poner freno a las cerca de 900.000 toneladas de residuos textiles (unos 20 kilos de ropa por persona, muy por encima de la media europea, fijada en 16 kilos) que generamos cada año. A la espera de que el texto nacional se apruebe este mismo otoño, las empresas se debaten entre el compromiso con el medio ambiente y la incertidumbre por el impacto económico y regulatorio que se avecina. Por no hablar de que las nuevas obligaciones pueden debilitar a buena parte de esta industria frente a los productos de bajo coste que llegan de terceros países como China y que podrían esquivar las nuevas exigencias. Un equilibrio delicado para preservar la competitividad de un tejido empresarial que supone 2,9% de nuestro PIB, genera el 3,6% del empleo del país y cuenta con 16.964 empresas, según el último informe de 2025 del Observatorio del Textil y la Moda. A la vez, también se abre una oportunidad para rediseñar esta industria hacia la economía circular.Durante años, la cultura ‘fast fashion’ ha fomentado la sobreproducción, el consumo rápido de ropa con una vida útil cada vez más corta, generando montañas de residuos textiles. Y a día de hoy solo el 12% de estos desechos se recogen de forma separada para su reutilización o reciclaje, con datos del Ministerio de Transición Ecológica. El 88% restante termina en vertederos o incinerados, perdiendo así un gran valor para la economía.Quien contamina pagaPara cambiar este modelo de usar y tirar, la nueva ley aplicará el principio de ‘quien contamina paga’ a través de la llamada Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP). De forma que las marcas, los fabricantes y los importadores que pongan ropa, calzado o textiles del hogar en el mercado español tendrán que cubrir los costes (mediante una ecotasa) de la recogida, clasificación, reutilización y reciclaje de los residuos que generen sus productos. Para ello tendrán que crear o adherirse a lo que se conoce como Scrap (Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor) —como el recién creado Re-viste o Gerescal—. En nuestro país ya operan mecanismos similares para envases, vidrio y papel.Desplegar este sistema no resulta sencillo, como reconoce Ana Isabel López-Casero, presidenta ejecutiva de la patronal ARTE (Asociación Retail Textil España): «Estamos hablando de construir prácticamente un nuevo ecosistema de recogida, clasificación, reutilización y reciclaje, y eso requiere tiempo, inversión, capacidad industrial y coordinación entre muchos actores. España tiene capacidades, conocimiento, centros tecnológicos y empresas muy punteras en este ámbito, pero todavía es necesario desarrollar y escalar considerablemente la infraestructura para responder al volumen que puede generar el nuevo modelo».Hay mucho camino todavía por recorrer. «Necesitamos aumentar la capacidad de clasificación y de reciclaje con nuevas plantas, desarrollar tecnologías de reciclaje, generar demanda para las materias primas secundarias y garantizar que exista una salida económicamente viable para los materiales recuperados», apunta López-Casero.El sector ya está valorando distintas tecnologías para clasificar esta heterogeneidad de residuos textiles y para su reciclaje, que tiene una gran complejidad. Las prendas de ropa están fabricadas con mezclas de diferentes tipos de fibra naturales y sintéticas (algodón, nailon, poliéster…) y contienen tintes, tratamientos químicos, y accesorios (botones, cremalleras, remaches…) que dificultan su separación y recuperación. El calzado presenta un reto similar por la mezcla de goma, componentes metálicos o cuero.2,9% Es el peso en el PIB de este sector, que además genera el 3,6% del empleo del país y cuenta con 16.964 empresasPor ejemplo, la espectroscopía de infrarrojo cercano (NIR) permite identificar fibras como algodón, poliéster, lana o viscosa con mayor precisión que un triaje manual. «Es una tecnología ya disponible y presente en algunas instalaciones españolas, pero su implantación sigue siendo limitada y requiere inversión», indica Juan Ramón Meléndez, director general de Re-viste, el Scrap que están impulsando los gigantes de la moda (Inditex, Mango, El Corte Inglés, H&M, Tendam…). Además, también se necesitan operaciones de corte, triturado y retirada de componentes.El desafío es aún mayor en el tratamiento final del residuo. Si bien el reciclaje mecánico es una tecnología madura en España para el residuo postindustrial (más homogéneo), debe adaptarse todavía para procesar el textil posconsumo. «Y el reciclaje químico ofrece oportunidades para recuperar fibras y polímeros, especialmente poliéster, pero aún está en fase de desarrollo industrial y no cuenta actualmente con capacidad operativa instalada en España», indica Meléndez.El objetivo prioritario es conseguir materias primas competitivas. Se trata de «obtener fracciones limpias, consistentes y suficientemente homogéneas para que puedan convertirse en materias primas secundarias que compitan con materias primas vírgenes. La fibra o materia prima recuperada debe cumplir unos requisitos de calidad y tener una salida industrial», afirma.12% de los residuos que genera esta industria se recogen. El resto termina en vertederos o incineradosRentabilidadSin olvidar que las plantas tienen que ser rentables. «Hay tecnología, pero que sea económicamente viable no es fácil. Algunas aún están poco maduras en términos de coste-eficiencia, y provocaría que el coste de operación de una planta no sea sufragable», considera Sergi Simón, asesor académico de Ealde Business School y director ESG en Nalba.El proyecto de real decreto va más allá de establecer una tasa por el tratamiento de los residuos. Además, prohibirá la destrucción de textiles y calzado no vendidos, en stock o descatalogados. Se deberán destinar a la donación, reutilización o reciclaje. Las prendas tendrán que seguir criterios de ecodiseño: serán más duraderas y fácilmente reutilizables o reciclaje (por ejemplo fomentado el uso de monomateriales). Además los productos llevarán su correspondiente pasaporte digital, que incluirá información sobre su composición, origen, métodos de producción y reciclabilidad.Habrá sistemas colectivos para recoger los desechos de ropa similar al que hay para envasesSe creará un registro de productores textiles donde se inscribirán los fabricantes e importadores antes de iniciar la comercialización en España y deberán declarar anualmente el volumen de los productos puestos en el mercado. «Para las pymes va a ser una agonía porque tienen que documentar todo: calcular lo que hay en stock, lo que se acaba vendiendo… Y eso va a ser difícil de controlar en los importadores, al igual que saber cuál es su stock real», advierte Sergi Simón.Y luego hay una serie de metas que alcanzar. Para 2030, se tendrá que haber reducido un 5% el volumen de residuos textiles generados; recoger al menos un 30% de ellos, reutilizar el 30% y reciclar el 25% en peso de lo recogido. Unos objetivos cuantitativos que no establece la Directiva Marco de Residuos de la Unión Europea: mientras Bruselas se limita a exigir la implantación de la recogida selectiva y la tasa RAP, el Gobierno español ha fijado sus propios porcentajes obligatorios.Planta de preparación para la reutilización de textiles usados de Humana en Leganés (Madrid)AdvertenciasLa propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha recomendado revisar este punto, con un «análisis de la viabilidad de obtención de dichos objetivos y de su posible impacto sobre los operadores del sector», advirtiendo de que debería confirmarse si España «dispone de la infraestructura y tecnología necesarias para gestionar la cantidad de material según los objetivos fijados». En la misma línea, el sector ve con preocupación que se fijen metas «cuando todavía no disponemos de datos suficientemente consolidados ni de la infraestructura que necesitamos, junto a una eventual ecomodulación que se adelanta a los criterios armonizados que está desarrollando Europa», advierte Ana López-Casero. Desde Re-viste admiten que España «todavía no dispone de toda la capacidad de procesamiento de residuo textil y calzado posconsumo necesario para afrontar los objetivos previstos para 2030», reconoce Meléndez, y «habrá que aumentar el número y tamaño de las plantas de clasificación de residuos textiles para poder cumplir los objetivos». De hecho, la entidad ha sacado a licitación un estudio que definirá un plan nacional de infraestructuras para evaluar «dónde será necesaria nueva capacidad y qué inversiones y tecnologías se requieren».ImportadoresUno de los puntos que más preocupa es cómo se va a vigilar que estas nuevas exigencias las cumplan todos los productos que llegan al mercado español a través de plataformas transfronterizas como Shein o Temu. Si bien el proyecto de real decreto responsabiliza también al importador o distribuidor logístico en España de financiar un Scrap y cumplir con las nuevas obligaciones, el sector exige firmeza. «Hay un principio fundamental: mismas reglas para todos los operadores que comercializan productos en nuestro mercado, independientemente de dónde tengan su sede, del canal de venta que utilicen o de si cuentan o no con una red física en España», defiende López-Casero. «El crecimiento del comercio electrónico transfronterizo -continúa- hace que esta cuestión sea especialmente importante. No tendría sentido que las compañías establecidas en España, que generan empleo, inversión y actividad económica, soportaran unas obligaciones que en la práctica no pudieran exigirse con la misma eficacia a otros operadores.».Sin embargo, los controles sobre el terreno plantean serias dudas operativas, como opina Sergi Simón. «El proyecto de real decreto contempla la supervisión de diferentes autoridades. Lo va a controlar las autoridades ambientales autonómicas, las aduanas, la agencia tributaría, la inspección de consumo, el registro de productores, la agencia de residuos de la comunidad autónoma y los controles habituales sobre plataformas y operadores logísticos. Esto hace que controlar pueda ser imposible en la práctica».Se da otra derivada: si bien los gigantes del retail cuentan con músculo financiero y recursos para asumir los nuevos requerimientos, a la industria de autor se le estrechan las costuras. «Una gran marca de retail puede absorber el coste de un departamento de ecodiseño, de sistemas de trazabilidad o de adherirse a un Scrap sin que eso altere su estructura. Un taller de moda de autor, muchas veces, son tres o cuatro personas. Ahí la misma obligación pesa de forma completamente distinta. La moda de autor, por cómo trabaja —producciones muy medidas o bajo pedido, sin apenas stock— ya genera mucho menos residuo que el modelo que esta normativa intenta corregir. Corremos el riesgo de que el peso administrativo caiga sobre quienes menos contribuyen al problema que se quiere resolver», defiende Pepa Bueno, directora ejecutiva de la Asociación Creadores de Moda de España (ACME) y vicepresidenta de la Fundación Academia de la Moda Española.El Gobierno ha propuesto objetivos de recogida, reutilización y reciclaje para 2030Para esta industria la nueva norma plantea dos retos: Por un lado, señala Pepa Bueno, «todavía no distingue bien entre quien fabrica en serie y quien confecciona a medida o bajo pedido, que es como trabaja buena parte de la moda de autor. Hemos pedido que esa frontera se aclare. El segundo reto es de proporcionalidad: la norma obliga a registrarse en un sistema colectivo y a pagar una tasa independientemente del tamaño de la empresa. Hay cierto alivio en los trámites para las estructuras más pequeñas, pero no una exención real ni plazos claramente distintos según el tamaño. Y pedimos que se revise».ACME agrupa a más de 100 asociados entre creadores independientes y marcas de moda de autor española, que también compiten a nivel internacional y que nada tiene que ver con el ‘fast fashion’. «La crisis de residuos textiles nace, en gran parte, de un modelo de consumo: comprar mucho, barato y rápido, y desechar con la misma rapidez. La moda de autor es la respuesta contraria a eso. Son prendas pensadas para durar, hechas a mano o en talleres pequeños, con nombre y con oficio detrás. Es una industria que hoy compite con márgenes mucho más ajustados que otros países de nuestro entorno», dice Bueno.Contenedores para la recogida de residuos textiles en San Miguel de Abona (Tenerife), un proyecto de Re-viste.AvancesPese a los desajustes, la industria ya camina hacia la transformación. Las marcas avanzan en la implantación de etiquetas inteligentes RFID, incorporan fibras recicladas a sus prendas y abren nuevos negocios circulares como la reparación o el alquiler. En este contexto ha aparecido Re-viste, el Scrap de los grandes retailers, que cuenta con 25 empresas adheridas, y que está testando el modelo con proyectos piloto en seis municipios antes de dar el salto a la recogida, clasificación, reutilización y reciclaje de residuos textiles en los más de 8.000 ayuntamientos del país. «Las empresas adheridas financiarán el sistema mediante tarifas calculadas sobre la cantidad de productos que ponen en el mercado», indica Meléndez.6 Municipios españoles están testando el modelo que propone Re-viste, el Scrap de los grandes retailersEl reto ahora es que la nueva normativa se convierta en una palanca de desarrollo para este sector. «La economía circular es una oportunidad de reindustrialización y de desarrollo de una innovadora política industrial textil: atraer inversión, desarrollar tecnología, generar empleo y cohesión territorial para convertir a España en un hub de reutilización y reciclaje textil en el sur de Europa», concluye López-Casero. Todo un desafío para rediseñar, puntada a puntada, el futuro de nuestra industria textil y del calzado.
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