Era el día grande de la tierra de afán, «granero de España, vega y valle, llanura y montaña». Trepó el himno hasta ese cielo completamente despejado con la voz coral de esos tendidos que habían llenado la plaza, con ¡vivas! a España, a Palencia y a Ceuta. ¡Qué ambientazo! Pero el día había salido largo de platos y sobremesa, de cañas y copas. Y Lorenzo apretaba. Tuvieron que atender las asistencias varios golpes de calor y la Policía se llevó a más de uno del graderío. Anécdotas aparte, el ambiente era extraordinario, con el gentío deseoso de ver una tarde de toros tan triunfal como la del día anterior. No pudo alcanzarse tal balance: once orejas del lunes frente a las seis del martes. Un trébol cortó la máxima figura, Roca Rey, y otro tanto el joven que aspira a serlo, Marco Pérez. Madera de sobra tiene: valor, inteligencia y conexión. Y, claro, sabe torear. A hombros los sacaron mientras las peñistas aguardaban en el exterior: los Balasteros, los del Capote, los del Ruedo… Y la peña taurina Palentina, incansable en promocionar la fiesta y en echar un buen rato hablando de toros desde hace medio siglo. De todo hubo en la corrida de Juan Manuel Criado, de aparentes hechuras y de buena condición pese a su justa raza. Tremenda la vuelta de campana del primero, lo que no benefició. A media altura lo sobó en los inicios Manzanares, en una faena cimentada en la ligazón, llevándolo muy tapado y apretando aquella obediente movilidad. Más hilván que ajuste hubo.Asentado natural de Roca Rey A. A.Andaba la gente aplatanada por el insoportable bochorno. Pero Roca Rey caldeó más la atmósfera y despertó al personal en una faena de perfecto planteamiento, técnica y estructura. Se santiguó el peruano antes de la salida de Estornino, en el que combinó pausadas verónicas y chicuelinas. ¡Vaya con la cuadrilla!: durísimo el choque (lo acusaría) contra el burladero. Todo a favor del toro haría Andrés, siempre firme. En el toreo fundamental y en ese arrimón del epílogo, con un redondo invertido que provocó la locura, agigantada en el desplante a cuerpo limpio. Imparables las dos orejas tras el espadazo. Marco Pérez, por chicuelinas A. A.Voló el capote por los aires en la portagayola de Marco, que volvió a hincar las rodillas en dos largas, encadenadas a verónicas de manos bajas. Y más repertorio en las salerosas cordobinas del quite. No pudo coger su cuadrilla habitual el avión en Melilla y actuó una distinta, por lo que lidió al estupendo toro Gómez Escorial. Importante este Jilguerillo, al que cuajó una extraordinaria apertura de hinojos por ayudados. Intensa e inmensa, con el peso del valor. Respondía el de Criado en su hilvanada derecha -hubo algún pase de pecho hermoso- y también enseñó su clase a izquierdas, con los vuelos echados. Un molinete de penitente descorchó la senda de las cercanías, con arrucinas y un arrimón en el que atropelló la razón entre los arreones del animal, podido ya. Ambicionaba más y se marcó unas manoletinas antes de la defectuosa espada, suficiente para que trepara la doble pañolada.Lástima de AldeanoDe mítico bautismo Aldeano -imprescindible pilar en Victoriano del Río-, al que no le sentó bien la banderilla en el puyazo y, además, pareció lastimarse las manos. Insostenibles los apoyos. Una lástima, pues el de Criado, de divinas hechuras, había apuntado un prometedor galope. Imposible armar faena, de caída en caída, por lo que Manzanares se vio obligado a abreviar. No le sobraba la fortaleza al quinto y Roca dio la orden de poca leña en el peto: para un análisis. Sin probaturas, se lo sacó a los medios, lo oxigenó y presentó la derecha. Revuelo en el 1 para llevarse a una señora indispuesta: toda la fila 2 tuvo que levantarse y formaron una pantalla humana para el resto. Algunos se perdieron una serie de soberbio temple al natural. Y por ese lado siguió, con el animal apagado. Muy por encima del descastado Dinero anduvo el Cóndor, asentado entre los pitones hasta el desplante final. Y otro trofeo al esportón. Feria de Palencia Coso de los Campos Góticos Miércoles, 2 de septiembre de 2026. Lleno aparente Toros de Juan Manuel Criado, de aparente presencia, con amables caras, y de variado juego. José María Manzanares, de sangre de toro y oro: pinchazo hondo y estocada (saludos); estocada (saludos); Andrés Roca Rey, de nazareno y oro: estocada (dos orejas); estocada (oreja). Marco Pérez, de blanco y oro: estocada atravesada (dos orejas); estocada que hace guardia y descabello (oreja con petición). No se quería quedar atrás en orejas Marco, templado a la verónica con el sexto. Un toro medio, de buen aire, en el que descorchó con el pase pendular erguido y acabó de rodillas en medio del clamor. De querer y querer su dispuesta faena. Entregado el torero y entregado el público, que pidió dos premios, pero el palco lo dejó en uno por el defectuoso acero. Y con la doble puerta grande se coronó el exitoso San Antolín.
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