El arte siempre ha formado parte de la vida de Eugenia Martínez de Irujo. Creció rodeada de obras, piezas únicas y objetos con historia, en un entorno en el que la belleza y la sensibilidad artística convivían de manera natural. Una pasión que heredó de su madre, Cayetana Fitz-James Stuart, y que con el paso de los años ha encontrado distintas formas de expresión. De la pintura a la moda y, ahora, a la decoración. La duquesa de Montoro se adentra en el universo de las alfombras de lujo con una colección en colaboración con Alfombras Hammid, en la que sus lienzos abandonan el papel para convertirse en piezas artesanales capaces de vestir cualquier estancia.
Su infancia estuvo marcada por los estímulos artísticos del Palacio de Liria y el Palacio de las Dueñas. Dos escenarios muy distintos, pero unidos por una misma sensibilidad hacia el arte y la belleza. Con el tiempo, Eugenia ha ido construyendo un imaginario propio a través de la pintura, trasladando sus dibujos a diferentes formatos. Ahora, ese universo creativo llega al suelo en forma de alfombras, con diseños que guardan una estrecha relación con sus recuerdos y con los lugares que han marcado su vida.
La colección es el resultado de un proceso largo y de un encuentro que surgió casi por casualidad. «Estoy muy contenta con el resultado y muy feliz. Esto fue anterior a la colección de moda, pero el proceso ha sido largo. Surge de Hammid, que nos conocimos en un pop-up, comenzamos a hablar y me lo propuso», explica Eugenia. La propuesta despertó rápidamente su curiosidad, especialmente por su interés por la decoración y el trabajo artesanal. «Vio mis pinturas y le encantaron. A raíz de ahí me empezó a hablar y me lo propuso. Me picaba la curiosidad y la decoración, así que pensé: ¿por qué no?».
Eugenia Martínez de Irujo rinde homenaje a Sevilla y su infancia en Andalucía
Hay un poema de Antonio Machado que sirve como punto de partida para entender la esencia de esta colección: «Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla». Una referencia que conecta directamente con la historia personal de Eugenia y con el vínculo que mantiene con Andalucía. Cuando recibió la propuesta, tuvo claro que quería rendir homenaje a esa tierra y, especialmente, a uno de los lugares más importantes de su vida: el Palacio de las Dueñas.
«Cuando me propuso la idea, yo lo que pensé fue en hacer un homenaje a Andalucía, a Sevilla y al Palacio de las Dueñas, por ese amor que mi madre me inculcó. El azahar también está presente y es un olor que me apasiona y es característico del verano en Andalucía en general», cuenta.
El limonero, el azahar, el olivo y el romero en flor forman parte de ese paisaje emocional que Eugenia ha querido trasladar a sus creaciones. «También hay una mirada hacia el campo y hacia esa conexión con la naturaleza que sigue siendo imprescindible en su día a día. He querido plasmar el olivo, el romero en flor… En resumen, la parte del campo que está en contacto con la naturaleza. No puedo estar mucho tiempo sin ir y sin estar con mis animales. No te sabría decir un momento exacto, pero todos los diseños, en general, representan mucho para mí porque todos tienen mis sentimientos», explica.
No son, por tanto, dibujos elegidos al azar. Cada elemento tiene una historia detrás y responde a una parte de su memoria. La colección adquiere así una dimensión personal en la que la decoración se convierte también en una forma de conservar los recuerdos.
El trabajo artesanal detrás de cada alfombra: más de un millón de nudos en algunas piezas
Haber crecido entre las alfombras históricas del Palacio de Liria podría hacer pensar que Eugenia ha encontrado en ellas una fuente directa de inspiración. Sin embargo, la duquesa de Montoro reconoce que lo que más le ha interesado de este proyecto no ha sido reproducir aquellos diseños, sino descubrir de cerca el proceso artesanal que hay detrás de cada pieza. «La verdad es que no. Lo único que a mí me ha fascinado de estas alfombras es el tema artesanal. Cómo es el proceso, el trabajo, cómo se forma nudo a nudo, los pigmentos… Esto sí lo puedes comparar. Hoy en día, todo dura dos minutos y medio y antes las cosas artesanales perduraban para siempre. En eso sí lo comparo», asegura.
Una dedicación que se entiende mejor cuando se conocen las cifras que hay detrás de cada creación. Según explica Eugenia, cada metro cuadrado cuenta con aproximadamente 120.000 nudos. Una alfombra de tres metros por dos puede superar el millón de nudos, lo que da una idea de la precisión y el tiempo que requiere su elaboración. La firma y los detalles de cada diseño terminan de dar forma a unas piezas en las que el trabajo manual tiene tanto protagonismo como el propio dibujo.
La herencia artística de Cayetana de Alba y el futuro de Tana Rivera
La sensibilidad por la pintura también tiene un componente familiar. Eugenia Martínez de Irujo heredó de Cayetana de Alba su afición por el arte y ha sabido llevarla a terrenos diferentes, desde la moda hasta la decoración. Una pasión que, inevitablemente, invita a preguntarse si también podría transmitirse a la siguiente generación. ¿Ha heredado Tana Rivera ese gusto por la pintura?
La respuesta de su madre llega con naturalidad y una sonrisa. «No lo sé… A mí siempre me ha gustado pintar desde pequeñita. A Tana no le gusta pintar, pero sí que le gusta la decoración. Realmente cada una lleva su vida y su trayectoria. No creo que eso pueda pasar con la pintura porque en el colegio le hacía yo los dibujos». Un detalle que ya confesó a COOL en charla que tuvimos sobre la anterior colección.
Después de dos colaboraciones que han ocupado buena parte de su agenda, Eugenia prefiere no adelantarse demasiado a los próximos proyectos. «¡Uy, lo próximo! Déjame respirar», responde divertida. Ha sido un año especialmente intenso, marcado por la exposición dedicada a su madre en Sevilla y su posterior llegada a Madrid. Ahora, además de disfrutar del resultado de esta colección, tiene la mirada puesta en una nueva colaboración con Sushita que verá la luz en Navidad.
Precisamente, la llegada de las fiestas invita a conocer una faceta más personal de la duquesa de Montoro. Aunque reconoce que de pequeña vivía estas fechas con ilusión, hoy no se considera una gran entusiasta de la Navidad. «La verdad es que no me gusta mucho la Navidad. Bueno, de pequeña sí porque te hacía ilusión, pero, quitando el día 24, que es más familiar, me parece una fiesta un poco triste», confiesa.
Su manera de disfrutar de estas fechas pasa por cambiar de escenario y, si puede, buscar el buen tiempo. «He intentado siempre irme a sitios diferentes, como una playa… No soy de esas fanáticas de la Navidad. Lo que me encanta es hacerme un viaje y que haga calor. Me encantaría. A veces incluso he ido a Argentina, que allí es verano. Buenos Aires está fenomenal en Año Nuevo», cuenta. Otras veces, sin embargo, prefiere la tranquilidad del campo, rodeada de sus animales y junto a la chimenea. «Y ahí estoy feliz».
Una conversación en la que Eugenia Martínez de Irujo vuelve a demostrar que su universo creativo está estrechamente ligado a su historia personal. Sus nuevas alfombras no son únicamente una extensión de sus pinturas: son una manera de trasladar a otro soporte los paisajes, los aromas y los recuerdos que han acompañado su vida. Andalucía, Sevilla y el legado de Cayetana de Alba quedan así convertidos en piezas artesanales que, nudo a nudo, dan forma a una parte de su propia memoria.
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