Los miles de inmigrantes ilegales que entraron con la invasión de Ceuta aguantan gracias al dinero y los productos que les suministran sus familiares y conocidos, ya en persona o a través de empresas de envío de divisas. Los que cuentan con familiares o conocidos que trabajan en Ceuta disponen de un suministro habitual de dinero, alimentos e incluso teléfonos móviles de última generación. «Los vemos desempaquetando los teléfonos que les traen o que compran con el dinero que les suministran», confirma una fuente policial.
Estos trabajadores transfronterizos marroquíes con permiso de entrada diaria a Ceuta constituyen un auténtico flotador para los inmigrantes ilegales dispuestos a resistir hasta que ceda el Gobierno de España o hasta que puedan conseguir de las mafias de la inmigración un billete de ida a la península.
Otros muchos de los inmigrantes ilegales que se encuentran en Ceuta reciben dinero de sus familias en Marruecos a través de empresas de transferencia de divisas, que retiran de cajeros automáticos o gestionan con sus móviles. El suficiente para pagar en el mercado negro hasta 900 euros mensuales por un alojamiento en un garaje, un sótano o un piso patera.
Pagan alquileres a 1.500 euros
Entre las inmobiliarias de la ciudad autónoma se conoce que algunas familias de inmigrantes ilegales marroquíes que entraron durante la invasión de Ceuta buscan piso de alquiler en la ciudad pagando altas sumas de dinero por encima del precio de mercado.
Los inmigrantes llegan a ofrecer hasta 1.500 euros mensuales por el alquiler de un apartamento de 50 metros cuadrados, llegando a sorprender a los agentes inmobiliarios por su capacidad económica.
Algunas agencias inmobiliarias llegan a confesar que la Policía Nacional ya les ha advertido que podrían meterse en un «lío legal» si alquilan sus pisos a inmigrantes en situación irregular en Ceuta.
Un mercado negro de subsistencia
El dinero y los productos recibidos por sus familias o sus contactos en la ciudad autónoma también han servido para financiar el mercado negro de subsistencia que ha emergido en los campamentos de los inmigrantes.
En los puestos callejeros que florecen en los asentamientos de inmigrantes ya se vende todo tipo de productos traídos desde Marruecos o comprados en Ceuta con el dinero que envían sus familias, también ropa de segunda mano. Todo para conseguir un poco de dinero para aguantar el mayor tiempo posible en suelo español.
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