Vivir con un perro implica mucho más que proporcionarle comida, cariño y un lugar donde dormir. También es necesario conocer sus necesidades físicas y emocionales y entender que no siempre lo que hacemos por afecto beneficia al animal.
La creciente presencia de mascotas en los hogares españoles ha hecho que la relación entre personas y perros sea cada vez más estrecha, pero también ha abierto un debate sobre determinados problemas de conducta.
El adiestramiento canino, fundamental desde los primeros meses
La educación del perro debería comenzar desde que llega a casa. Establecer unas normas claras desde el principio facilita que el animal comprenda qué se espera de él y evita que determinadas conductas terminen convirtiéndose en hábitos difíciles de corregir.
Sin embargo, es frecuente que los propietarios esperen hasta que aparece un problema evidente para buscar ayuda. Ladridos constantes, destrozos, tirones durante el paseo o dificultades para acudir a la llamada son algunas de las situaciones que pueden complicar la convivencia. Actuar cuanto antes permite trabajar sobre la conducta antes de que quede más asentada.
Uno de los casos que más preocupa es la ansiedad por separación. El perro puede experimentar un elevado nivel de angustia cuando se queda solo y manifestarlo mediante ladridos, llantos, destrozos o comportamientos inadecuados. La intervención debe adaptarse a cada animal, ya que no todos aprenden al mismo ritmo ni responden de la misma manera.
¿Cómo afecta la humanización de los perros a su comportamiento?
Tratar a un perro como si fuera una persona es una práctica cada vez más habitual. El problema no está en demostrarle afecto, sino en trasladar al animal comportamientos humanos o protegerlo en exceso hasta el punto de impedirle desarrollar recursos propios para afrontar situaciones habituales.
Según explica el adiestrador Fran Estévez en declaraciones recogidas por El Periódico de Extremadura, la humanización no tiene por qué ser la causa directa de todos los problemas de conducta, pero sí puede favorecer una dependencia excesiva hacia los propietarios.
Esta dependencia puede hacerse especialmente visible cuando el perro tiene dificultades para quedarse solo o gestionar determinados cambios en su entorno.
Por eso, el objetivo del adiestramiento no consiste únicamente en conseguir que obedezca órdenes, sino también en favorecer una convivencia equilibrada y proporcionarle herramientas para desenvolverse con mayor autonomía.
Entre los problemas que aborda este experto se encuentra la ansiedad por separación, la desobediencia, las dificultades durante los paseos y los problemas de socialización.
La estimulación física y mental de los canes también es importante
Una educación adecuada debe combinar normas, ejercicio y estimulación intelectual. Las actividades estructuradas pueden ayudar a mantener al perro activo y a canalizar determinadas capacidades, especialmente en animales con mucha energía o necesidades específicas.
En este ámbito destaca el trabajo deportivo de Fran Estévez, que cuenta con experiencia como instructor canino y más de 800 casos de análisis e intervención en problemas de comportamiento, según los datos publicados por su escuela.
También ha formado unidades caninas para Policía y Bomberos y ha conseguido el subcampeonato de la Copa de España de Mondioring Grado 1. El Mondioring combina ejercicios de obediencia, saltos y defensa, por lo que requiere una preparación exigente y planificada.
Humanizar a una mascota no significa necesariamente cuidarlo mejor. El afecto debe ir acompañado de límites, educación y respeto por sus necesidades. Aprender a interpretar su comportamiento y pedir asesoramiento profesional cuando aparecen señales de alarma puede marcar la diferencia.
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