El módulo lunar Griffin-1, de Voyager Technologies, ha superado varias semanas de pruebas en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en el sur de California, donde lo sometieron a 153 decibelios de ruido y a temperaturas de entre 75 y -100 grados. Según la nota del JPL, publicada el 13 de octubre de 2026, los resultados muestran que la nave está lista para aguantar el viaje hasta el polo sur de la Luna.
La misión forma parte de los Servicios Comerciales de Carga Lunar (CLPS, por sus siglas en inglés), con los que la NASA paga a empresas estadounidenses para que lleven sus instrumentos a la superficie lunar dentro del programa Moon Base. El Griffin-1 tiene previsto despegar este mismo año a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX.
Diez cargas de seis países
El módulo, de 1.265 kilos, llevará más de 455 kilos de carga al cráter Nobile, cerca del polo sur lunar, una capacidad que lo coloca en la categoría de módulos de infraestructura, según el JPL. A bordo irán 10 demostraciones científicas y tecnológicas de seis países.
La mayor de ellas es el rover FLIP, de la empresa Astrolab, que la NASA describe como la mayor carga comercial que se habrá llevado nunca a la Luna.
El Griffin nació en Astrobotic, la compañía de Pittsburgh fundada por John Thornton, y estaba destinado a llevar el rover VIPER de la NASA. Cuando la agencia canceló VIPER en julio de 2024 por problemas de presupuesto y retrasos del módulo, el contrato se transformó en un vuelo de demostración de un módulo grande con una masa parecida a la de VIPER. La nota de 2026 ya atribuye la nave a Voyager Technologies y sitúa su fábrica en las instalaciones de Voyager Lunar Systems en Pittsburgh.
Una mesa giratoria en Pasadena
Las pruebas empezaron en julio, después de que la nave cruzara Estados Unidos por carretera desde Pittsburgh hasta el JPL, al pie de los montes de San Gabriel. El 20 de julio, los ingenieros la hicieron girar sobre una mesa especial para medir sus propiedades de masa y buscar bamboleos inesperados, un dato que el laboratorio considera clave para la navegación en vuelo y para el aterrizaje.

El módulo pasó también por la cámara anecoica, una sala cuyas paredes están cubiertas de largas puntas de espuma que absorben el sonido y las ondas electromagnéticas. Allí comprobaron que las señales de los componentes electrónicos del módulo no se interfieren entre sí.
153 decibelios con bocinas de nitrógeno
En los ensayos de vibración, cientos de sensores vigilaron al Griffin-1 mientras una mesa vibratoria lo sacudía en tres direcciones, con una fuerza cada vez mayor, para reproducir la subida a través de la atmósfera sobre un gran cohete.
El 12 de agosto tocó la prueba acústica. Dentro de una cámara sellada, unas bocinas gigantes alimentadas con nitrógeno comprimido dispararon contra la nave hasta 153 decibelios, el estruendo que soporta una carga durante el lanzamiento, mientras un círculo de micrófonos registraba la respuesta.

«El Laboratorio de Pruebas Ambientales del JPL de la NASA lleva poniendo a prueba exploradores robóticos desde que el programa Ranger nos dio las primeras vistas de cerca de la superficie de la Luna a mediados de los años sesenta», dijo Charles Whetsel, responsable de la Oficina de Desarrollo de Sistemas de Exploración del JPL, según la nota.
La cámara que probó las Voyager
La última etapa fue el Simulador Espacial de 25 Pies, una cámara de vacío térmico que el JPL levantó en 1961 y que figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos de Estados Unidos. Según la ficha de la instalación, es un cilindro de acero inoxidable de 7,6 metros de diámetro y 26 metros de altura con una puerta lateral de unos 4,6 por 7,6 metros.
Por ella pasaron las sondas Ranger, Surveyor, Mariner y Voyager y, ya en este siglo, el rover Perseverance y la nave Europa Clipper. El 31 de agosto, una grúa metió el Griffin-1 en su interior.
Durante unas dos semanas, el módulo se alternó entre un horneado de hasta 75 grados y un frío de hasta -100 grados en el vacío. Con esos ciclos, el JPL reprodujo los extremos de temperatura que encontrará en el espacio y sobre la superficie lunar.
«Ver que la nave completa estas exigentes pruebas ambientales es un hito importante porque demuestra que el Griffin-1 está listo para el viaje extremo que tiene por delante», declaró Thornton, ahora vicepresidente ejecutivo de Voyager, que presenta la misión como el arranque de una nueva etapa de la exploración lunar comercial.
Un rover de ruedas deformables
Astrolab explica en la página oficial del FLIP que el rover sirve para probar piezas de su vehículo grande, el FLEX: baterías de tamaño real, ruedas, aviónica, sensores y software. Las ruedas, hiperdeformables, son de su socio Venturi, que también diseñó la carcasa de las baterías para que el rover guarde energía suficiente y sobreviva a la noche lunar.
«Traer el FLIP a la Luna nos da la oportunidad de demostrar y probar muchas de las tecnologías críticas que harán avanzar el vehículo comercial FLEX», afirmó Jaret Matthews, fundador y consejero delegado de Astrolab. La empresa añade que el rover recogerá datos para reducir los riesgos que el polvo lunar plantea a vehículos, estructuras y naves.
El Griffin-1 no es la única entrega en marcha. La NASA ha adjudicado ya 17 entregas lunares a cinco empresas para llevar más de 60 cargas, con contratos que suman un máximo de 2.600 millones de dólares hasta noviembre de 2028, y el pasado verano pagó casi 600 millones a tres compañías para nuevas misiones de carga.
La carrera hacia el polo sur tiene también un frente chino: Pekín ya busca 50 kilos de experimentos para su módulo Lanyue, y el administrador de la NASA, Jared Isaacman, ha advertido de que China logrará lo que los soviéticos nunca pudieron.
El día del despegue sigue sin fijarse
La nota del JPL solo dice que el lanzamiento será «más adelante este año», sin día concreto, y la propia página de Astrolab todavía situaba el aterrizaje del FLIP en el verano de 2026, un plazo que ya ha pasado. El laboratorio tampoco detalla qué otras nueve cargas viajan a bordo ni cuánto pesa cada una.
Tras las pruebas, el Griffin-1 ha vuelto a Pittsburgh para el montaje final y, según el JPL, le quedan las operaciones de preparación para el lanzamiento antes de su envío a Cabo Cañaveral. Superar los ensayos en tierra no garantiza el aterrizaje, que sigue siendo la fase más delicada de cualquier misión lunar.
Las pruebas se han dado a conocer en la nota del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA del 13 de octubre de 2026.
Crédito de la imagen: NASA/JPL-Caltech.
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