¿Puede una central nuclear diseñada en los años setenta seguir dando luz en 2060? En España la pregunta ya no es teórica. El 14 de agosto el Gobierno autorizó a Almaraz (Cáceres) a funcionar hasta junio de 2030 y se discute si las demás seguirán ese camino o irán apagándose según el calendario.
Ignacio Sánchez Galán, de 75 años y presidente ejecutivo de Iberdrola desde 2006, ya había movido ficha. Su empresa controla Cofrentes y es la mayor accionista de Almaraz y Trillo. El 25 de febrero de 2026, en la presentación de resultados de 2025, anunció a los analistas que pedirá alargar también otras centrales porque «la mayor parte de las centrales nucleares pueden llegar hasta los 60 e incluso 80 años».
Qué dijo exactamente Galán
Defendió que los reactores españoles son «necesarios, seguros, eficientes y sirven para bajar los precios de la electricidad», pese a una carga fiscal tres o cuatro veces mayor que la de los países vecinos. Ese día Iberdrola presentó un beneficio de 6.285 millones de euros en sus resultados de 2025.
¿Y la factura? «Los países europeos sin centrales nucleares, como Italia y Alemania, tienen precios estructuralmente altos, unos 20 euros más en comparación con España y Francia», sostuvo. Fue más lejos que José Bogas, consejero delegado de Endesa, que la víspera pidió diez años más para todo el parque.
Por qué una central puede durar tanto
Suena raro que una máquina pensada para 40 años aguante el doble, pero esa cifra nunca fue un límite técnico. La NRC, el regulador nuclear de Estados Unidos, recuerda que ese plazo se fijó por razones económicas y de competencia. Alargar una planta que ya existe sale, según Endesa, la mitad de caro que sustituirla por solar, baterías y gas.
Una central es un enorme hervidor rodeado de miles de piezas. Las que se desgastan, como turbinas, bombas o generadores de vapor, se sustituyen. La vasija y el edificio de contención no se cambian, así que se vigila cómo envejecen acero y hormigón. El Consejo de Seguridad Nuclear examina cada central española cada diez años y en julio avaló que Almaraz siga hasta 2030 sin inversiones extra.
Lo que dicen los datos
¿Cuánto pesa hoy la nuclear en el enchufe de casa? Bastante. Los siete reactores de cinco centrales produjeron en 2025 51.836 gigavatios hora, el 19,06% de la electricidad del país, solo por detrás de las renovables, que aportaron el 55,5% según Red Eléctrica.
Los 80 años tampoco son una ocurrencia. La NRC ya ha concedido la segunda renovación de licencia, la que cubre de los 60 a los 80 años, a trece centrales, desde Turkey Point (Florida) en 2019 hasta Hatch (Georgia) en junio de 2026. Y allí también se levantan nuevos reactores junto a plantas veteranas. Canadá proyecta centrales nuevas.
Con los precios hay matices. Según Eurostat, a finales de 2025 un hogar alemán pagó 38,7 céntimos por kilovatio hora, frente a 29,7 en Italia, 26,7 en España y 25,6 en Francia. Galán no va desencaminado, aunque Irlanda, la más cara, tampoco tiene nucleares y la Hungría nuclear es la más barata. Impuestos, redes y gas pesan tanto como el tipo de central.
El Gobierno mantiene el cierre en 2035
La prórroga de Almaraz llegó por orden ministerial el 14 de agosto. Sus dos reactores, que debían apagarse en 2027 y 2028, funcionarán hasta el 8 de junio de 2030. El Ministerio para la Transición Ecológica lo atribuyó a la incertidumbre de los mercados por la guerra en Oriente Medio y sostuvo que «puede contribuir a moderar la exposición de los consumidores españoles a unos picos de precio no previstos».
¿Precedente para el resto? La vicepresidenta Sara Aagesen lo negó el 9 de septiembre en el Congreso. «El horizonte de cierre definitivo permanece en el año 2035», zanjó. El calendario pactado en 2019 con Enresa sigue en pie, con Ascó I y Cofrentes en 2030, Ascó II en 2032 y Vandellós II y Trillo en 2035. Como las renovaciones se piden con tres años de margen, la de Cofrentes tocaría a finales de 2027.
Las centrales pagan a Enresa desde julio de 2024 una tasa de 10,36 euros por megavatio hora, un 30% más, que las propietarias quieren revisar. Ese dinero costea el futuro desmantelamiento. Greenpeace cifra en 3.831 millones de euros el sobrecoste de la prórroga de Almaraz hasta 2033. Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica, recordó en 2025 que la mayoría de los países que decidieron cerrar, salvo España y Alemania, han cambiado de opinión.
Ochenta años es más de lo que dura cualquier máquina de casa. Que los reactores españoles los cumplan dependerá menos de la ingeniería que del calendario político.
El audio íntegro de la sesión de preguntas con analistas se ha publicado en la web de Iberdrola.
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