“Siempre he sido muy reservado, mucho, y creo que uno de los motivos por los que me he abierto con este libro ha sido porque no quería ni podía sostener más esta enfermedad en secreto”. Habla el bailarín y coreógrafo vasco Igor Yebra (Bilbao, 54 años) desde Montevideo, donde ha viajado para organizar un concurso para fomentar la danza clásica entre niños y niñas. En Uruguay son las ocho y media de la mañana, pero él ya luce como si llevara despierto varias horas. Cuenta por videollamada que suele entrenar temprano y en los últimos años, más aún.

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