Siempre se ha dicho que, a la hora de mostrar respeto y rendir homenaje a sus grandes iconos, no hay ninguna cultura como la estadounidense. Pero ellos también tienen sus carencias y cometen sus errores y fechorías. No había más que ver el deplorable estado en que se encontraba la casa natal de John Coltrane en High Point (Carolina del Norte), abandonada durante décadas hasta que varias asociaciones locales se pusieron manos a la obra para restaurarla con el objetivo de ofrecer visitas guiadas.Los esfuerzos comunitarios sirvieron para recaudar los fondos necesarios para iniciar su rehabilitación, pero pronto se mostraron insuficientes y el proyecto quedó en punto muerto hasta agosto de 2025, cuando el Ayuntamiento de High Point, al caer en la cuenta de que se avecinaba el centenario del artista (este 23 de septiembre de 2026), aprobó una partida para terminar las obras y evitar un ridículo sonrojante, de manera que por fin ha podido abrirse al público a principios de este mes.El genio del saxofón en realidad nació en un pueblecito cercano llamado Hamlet en una casita que hoy luce una placa conmemorativa, pero su familia se mudó a High Point cuando era un bebé de tres meses y vivió allí su infancia y adolescencia. Tras graduarse en la escuela secundaria, a mediados de los cuarenta se marchó a Filadelfia para arrancar su carrera en el circuito de jazz. Allí pasó varios años en un piso compartido y en 1952 se compró su primera casa, donde permaneció toda la década en la que se convirtió en un coloso del género. Esa vivienda fue adquirida en 2004 por un seguidor del saxofonista que intentó restaurarla para abrirla al público, pero en 2012 se clausuró por peligro de derrumbe y el fan se vio desbordado por los gastos, ya que se necesitaban 50.000 dólares para apuntalarla. Entonces creó The John Coltrane House Philadelphia, una organización cuyo único objetivo era reunir dinero para salvar la construcción y convertirla en un centro cultural para la difusión del jazz, un proyecto que convocó a cien músicos de jazz residentes en Filadelfia para reunirse con los medios en la entrada de la casa y así dar testimonio de su penosa situación.Aunque aquello pareció un buen comienzo, los esfuerzos se diluyeron por la falta de apoyo institucional y, al igual que en el caso de la residencia de High Point, no ha sido hasta la inminencia del centenario cuando las autoridades locales se han puesto las pilas. Pero lamentablemente no ha sido posible llegar a tiempo para la fecha señalada, y lo previsible es que se inaugure a finales de año o ya en 2027. Algo parecido ha ocurrido con la casa que Coltrane compró en Huntington (Nueva York) en 1964. Allí compuso ‘A Love Supreme’ y habilitó un pequeño estudio para sus ensayos, motivo suficiente para que hoy fuese un museo. Pero tras su muerte en 1967, la familia la vendió y la propiedad acabó inmersa en una serie de cambios de dueño que derivó en un abandono total desde mediados de los setenta. Estuvo a punto de ser demolida en 2002, pero fue rescatada por activistas locales y adquirida por el ayuntamiento para ser declarado Tesoro Nacional por el ‘National Trust for Historic Preservation’. Sin embargo, la reconversión en museo no arrancó hasta 2020, y aún hoy sigue sin terminarse, así que la reapertura completa está programada para principios de 2027.Una joya oculta durante seis décadasLo que sí ha llegado a tiempo, como era de esperar, son los lanzamientos conmemorativos. Uno de ellos es ‘John Coltrane 1960–1964 6CD Box Set’, una caja recopilatoria de 6 CD que incluye audio proveniente de las cintas maestras originales en mono de los álbumes ‘Giant Steps’ (1960), ‘Coltrane Jazz’ (1961), ‘My Favorite Things’ (1961), ‘Olé Coltrane’, (1961), ‘Coltrane Plays The Blues’ (1962) y ‘Coltrane’s Sound’ (1964). Pero la joya discográfica de esta efeméride es, de lejos, ‘The Tiberi Tapes’, una serie de grabaciones que han permanecido sesenta años en la penumbra de la leyenda y que ahora se desempolvan para celebrar los cien años de Coltrane.Las captó el también saxofonista Frank Tiberi, un ferviente fan que siguió a Coltrane por varios clubes de jazz en los años que vivía en Nueva York, grabando sus actuaciones con un magnetófono portátil de bobina abierta que escondía dentro de una bolsa de tela sobre su regazo, pasando el micrófono por debajo de su abrigo para registrar el sonido sin que nadie se diese cuenta.Arriba, el contenido de las ‘Tiberi Tapes’ y el magnetófono Concertone TR-100 Transicorde usado por Frank Tiberi para grabar los conciertos de Coltrane. Abajo, la caja recopilatoria ‘John Coltrane 1960–1964 6CD Box Set’ ABCDado que Coltrane prolongaba sus actuaciones hasta alcanzar una duración extraordinaria, Tiberi tuvo que aprender a cambiar las bobinas de tres pulgadas al tacto, sin sacar el aparato de la bolsa, en un esfuerzo por preservar la mayor parte posible de cada concierto dentro de las limitaciones de su modesto equipo.Así reunió un extraordinario archivo privado de más de 80 cintas con más de 26 horas de música y, aunque su existencia llegó a oídos de saxofonistas, estudiantes, coleccionistas y admiradores del músico, nunca se han publicado hasta la llegada de esta efeméride (aunque habrá que esperar al 6 de noviembre, fecha de su salida al mercado). MÁS INFORMACIÓN Opinión «Blue World», un filón de oro llamado ColtraneSus once pistas, reunidas en formato 4LP o 3CD con diferentes versiones de ‘Giant Steps’, ‘Thing in D Flat’, ‘Lover’, ‘West 42nd St.’, ‘Impressions’ y otros temas incluyendo una composición original sin título, suponen un extraordinario hito discográfico que, en esta fecha de su centenario, transmite la grandeza de un Coltrane en su máximo esplendor, volcánico e inalcanzable, un Coltrane al que seguramente no se le ha rendido a tiempo el homenaje que merece.
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