Jorge Sánchez Flores, junto a sus socios, quiere hacerse un nombre propio en el mundo del emprendimiento . Hijo del exfutbolista y entrenador Quique Sánchez Flores y de Patricia Casanova, el joven empresario forma parte como socio de una ‘startup’ especializada en inteligencia artificial aplicada al mercado inmobiliario. Desde hace año y medio trabaja junto a los dos cofundadores de un proyecto que pretende facilitar la compra de vivienda en España y que ya ha conseguido reunir cerca de 200.000 usuarios, una comunidad de casi 100.000 seguidores en redes sociales y cerrar una primera ronda de inversión. Todo ello, insiste, con el objetivo de que el protagonismo recaiga en la empresa y no en su apellido.La idea nació, explica, al detectar una necesidad que hasta ahora apenas estaba cubierta . «Vimos que el mercado inmobiliario estaba muy enfocado a las personas que quieren vender casa. Todas las aplicaciones, todas las inmobiliarias, todo el mundo realmente se centra en ayudar al que quiere vender y luego el que quiere comprar, que es el que realmente tiene el dinero, está al descubierto porque no tiene gente que le ayude», asegura. A partir de esa reflexión comenzaron a desarrollar una herramienta basada en inteligencia artificial con un objetivo muy concreto: facilitar todo el proceso de compra de una vivienda.«Somos la primera inteligencia artificial en España que se focaliza en ayudar a la gente a encontrar casas», resume. La plataforma acompaña al usuario durante todas las fases del proceso, desde la búsqueda hasta el análisis y la comparación de inmuebles. Pero, según explica, una de las grandes diferencias respecto a otras herramientas es que «hemos conseguido agregar toda la oferta del mercado en un mismo sitio. No solo lo que aparece en los portales habituales , sino toda la oferta del mercado. Es como un SkyScanner, pero de casas».«Nuestro objetivo fundamental es hacer que el español tenga más facilidades a la hora de comprarse una casa»El proyecto ha despertado rápidamente el interés tanto de los usuarios como de los inversores. Han conseguido cerrar una primera ronda de inversión con financiación procedente de familiares y personas cercanas. « Conseguimos facturar unos 250.000 euros el primer año y gracias a eso pusimos la empresa en un punto donde ya era algo tangible. Ya no era solo una idea, sino una empresa seria», explica. Esa evolución permitió afrontar la búsqueda de inversión desde una posición mucho más sólida.Más allá del componente tecnológico, Jorge insiste en que detrás del proyecto existe también una vocación social. «Nuestro objetivo fundamental es hacer que el español tenga más facilidades a la hora de comprarse una casa. No solo está el ámbito económico, también hay una parte social. Queremos ayudar a que una persona que quiere acceder a una hipoteca y no dispone de mucho dinero pueda encontrar más oportunidades. Nuestro trabajo consiste en hacérselo más fácil», afirma.La implicación del equipo es absoluta. Él mismo reconoce que apenas existe separación entre su vida personal y profesional. «Todo el equipo está ‘full time’ con esto», asegura: «Tenemos unos horarios de oficina súper poco normales. La gente alucina cuando se lo contamos porque el estrés de las inversiones y de tener usuarios que confían en ti hace que prácticamente no puedas levantarte de la silla». Una intensidad que, reconoce, ha marcado los últimos dieciocho meses.Espíritu emprendedorSin embargo, emprender nunca le ha dado miedo. Al contrario. Asegura que lleva haciéndolo desde que tenía apenas 16 años . «Siempre he tenido una mentalidad muy americana a la hora de emprender», explica. Antes de este proyecto creó una marca de sudaderas, después una agencia de marketing y, más tarde, decidió dar el salto a esta nueva aventura empresarial. «No he visto otra opción. Siempre ha sido emprender. Si salía bien, perfecto, y si no también».Aunque es consciente de que montar una empresa implica asumir riesgos, prefiere quedarse con la oportunidad antes que con el miedo. «¿Qué es lo peor que me puede pasar? Que la empresa quiebre. No pasa nada. Siempre sé que voy a tener un sofá donde dormir y unos padres o unos amigos que me cubran las espaldas», reflexiona. Una filosofía con la que afronta un proyecto al que dedica prácticamente todo su tiempo.Sobre el apellido de su padreA partir de ahí, la conversación cambia inevitablemente hacia el apellido que lleva. Jorge es hijo de Quique Sánchez Flores y Patricia Casanova, pero tiene muy claro que quiere construir su propio camino . «Siempre me quiero desligar mucho de mi familia y del nombre que traen porque quiero montármelo por mi cuenta. Cuando llegue el momento ya se sabrá lo que he hecho, pero quiero que este trabajo salga de mí, no de mi familia», explica con total sinceridad. De hecho, reconoce entre risas que sus propios padres «prácticamente no saben ni a lo que me dedico», porque ha preferido mantenerlos al margen por decisión propia.Lejos de considerar su apellido un obstáculo, cree que simplemente abre algunas puertas al principio. «Lo bueno es que tienes acceso a los medios de comunicación más fácilmente, pero luego el apellido no importa nada . Si un inversor pone dinero no lo hace por cómo te llamas, sino porque le gusta tu producto». Una reflexión con la que resume perfectamente la filosofía que quiere aplicar a su carrera profesional: demostrar que el éxito de la empresa dependerá únicamente del trabajo realizado y no de la familia de la que procede.Ese espíritu emprendedor también está muy presente en casa. Sus hermanos, Quique, Pablo y Paty han desarrollado también sus propios proyectos y entre ellos existe una relación de apoyo constante. « Siempre nos hemos ayudado mutuamente . Nos damos consejos, nos apoyamos y hasta nos ponemos objetivos entre nosotros. Es una competencia sana. Si uno se da un golpe, intenta ayudar al otro para que no le pase lo mismo», cuenta. Una relación muy estrecha que convierte los éxitos de cada uno en un estímulo para el resto.Fuera del trabajo apenas le queda tiempo para otras aficiones, aunque durante varios años llegó a competir en jiu-jitsu y MMA, una disciplina que terminó aparcando cuando el crecimiento de la empresa comenzó a absorber prácticamente todas sus horas. Hoy intenta seguir haciendo deporte siempre que puede y reconoce que también mantiene una faceta mucho más desconocida: toca la guitarra y no descarta que, más adelante, pueda mostrar públicamente esa vena artística que también forma parte de su familia . «Cualquier persona puede llegar a tocar bien un instrumento, pero hay que dedicarle horas y ese es un sacrificio que no todo el mundo está dispuesto a hacer», reflexiona.Por ahora, sin embargo, todas sus energías están centradas en consolidar una empresa que nació con la intención de hacer más sencillo el acceso a la vivienda y que ya empieza a hacerse un hueco dentro del ecosistema emprendedor español. Un proyecto con el que espera que, dentro de unos años, el foco deje de estar en el apellido que lleva y se centre únicamente en el trabajo que él y todo su equipo han sido capaces de construir.
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