Hay apellidos que terminan convirtiéndose en una auténtica institución dentro de la pequeña pantalla. En España, uno de ellos es Arguiñano. Durante décadas, Karlos Arguiñano ha conseguido llevar la cocina a los hogares españoles con un trabajo que va mucho más allá de las recetas. Ahora, uno de sus hijos, Joseba, ha tomado el relevo para continuar ampliando un legado que comenzó mucho antes de que él mismo se pusiera delante de una cámara.
A sus 41 años, Joseba cuenta con una trayectoria propia dentro del mundo de la gastronomía, aunque reconoce que su relación con los fogones comenzó prácticamente desde que tiene memoria. Ser uno de los siete hijos de Karlos Arguiñano y Luisi Ameztoy significó crecer en un entorno en el que la cocina no era únicamente una profesión, sino una parte fundamental de la vida familiar.
El restaurante de sus padres se convirtió en una prolongación de su propia casa. Allí aprendió, observó y descubrió desde muy pequeño los entresijos de un oficio que acabaría marcando su futuro. Una infancia en la que las tareas de cocina se repartían entre hermanos y en la que cada uno tenía una función perfectamente definida.
Una infancia entre croquetas y fogones
Joseba ha contado en diferentes ocasiones que algunos de sus recuerdos más queridos están ligados precisamente a aquellos momentos compartidos con sus hermanos. La cocina era entonces un espacio de aprendizaje, pero también de convivencia y diversión.

«Con mis hermanos hacíamos croquetas en la encimera de casa. Uno cogía la bechamel, otro hacía la bola, otro la pasaba por harina… hasta el paso final, que les correspondía a los mayores: ¡a freír!», relataba en una entrevista concedida a El Mundo.
La escena refleja hasta qué punto la gastronomía estaba integrada en la rutina de los Arguiñano. No hacía falta organizar una clase de cocina para que los hijos aprendieran. El conocimiento se transmitía de manera natural, observando a los mayores y participando en todas las tareas.
Ese aprendizaje es algo que Joseba ha querido trasladar también a las siguientes generaciones. Sus propios hijos y sus sobrinos han crecido con la cocina como una parte importante de su entorno, y el cocinero considera que deben entenderla como un patrimonio familiar que merece ser conservado.
En su caso, el aprendizaje comenzó mucho antes de que pudiera imaginar que algún día acabaría trabajando delante de las cámaras. Durante su infancia pudo conocer de primera mano el esfuerzo que había detrás del éxito de su padre y de la consolidación del restaurante familiar.
El recuerdo de un padre muy trabajador
Aunque para el gran público Karlos Arguiñano es el cocinero espontáneo y cercano que lleva décadas entrando cada día en las casas a través de la televisión, para Joseba siempre ha sido, ante todo, su padre.
El hijo del chef recuerda especialmente las largas jornadas de trabajo y los periodos que su padre pasó lejos de Guipúzcoa. La televisión obligó a Karlos a dedicar muchas horas a grabaciones y desplazamientos, una circunstancia que sus hijos vivieron desde dentro.
«Ha trabajado mucho y ha pasado muchas horas grabando. También pasó cinco años en Argentina. Pero bueno, luego en casa siempre hemos sido muy piña y lo ha compensado bien», explicaba Joseba.
Esa imagen familiar contrasta con la del personaje televisivo que millones de espectadores conocen. Joseba asegura que su padre siempre ha sido muy parecido en casa al hombre que aparece ante las cámaras, aunque también recuerda que, como cualquier padre, sabía sacar su carácter cuando la situación lo requería.
De la mecánica a la cocina
El camino profesional de Joseba no estaba escrito desde el principio. De hecho, durante una etapa de su juventud pensaba en dedicarse a la mecánica y se estaba formando para ello. Sin embargo, llegó un momento en el que decidió que aquel no era el camino que quería seguir.
Cuando comunicó su decisión a la familia, la respuesta fue clara: si abandonaba sus estudios, tenía que buscar una alternativa.
«Cuando planteé en casa que no quería seguir estudiando me dijeron que algo había que hacer. Así que… ¡lo que había visto siempre!», recordó.
Fue entonces cuando empezó a trabajar en el restaurante familiar y a formarse en el mundo de la gastronomía. Una decisión que, con el paso del tiempo, terminaría convirtiéndose en su profesión.
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