El Gobierno ha conseguido culminar, sobre la bocina, una negociación en la que lleva inmerso desde principios de año. Pedro Sánchez, con cierta osadía, vaticinó que esta legislatura —sin mayoría progresista y estéril en lo legislativo— iba a ser la de la vivienda, pero ha tenido que ser el desahucio de Maricarmen, una anciana de 84 años, lo que ha acabado de agitar las conciencias, mover la calle y espolear a unos poderes públicos que llevaban ocho años sin aplicar recetas eficaces para embridar la emergencia habitacional desbocada. El Consejo de Ministros materializó este martes una propuesta en firme, articulada en dos decretos — tal como avanzó ABC — que permitirá plantear nuevas alternativas en un campo de competencia autonómica. Aunque en Moncloa reconocen que buscan «aprovechar un contexto social que brinda una oportunidad histórica», lo cierto es que las negociaciones llevan tiempo fraguándose en silencio. Fuentes gubernamentales revelan a este diario que los contactos con los grupos se han dilatado durante meses para lograr que hoy se sumen al pacto y lo doten de viabilidad parlamentaria el viernes. «Maricarmen ha sido el clic definitivo para quienes iban arrastrando los pies, pero esto [armar los apoyos suficientes] no se monta en una semana», resuelven. En concreto, las citadas fuentes aseguran que con Junts, partido imprescindible en la aritmética, llevan cinco meses negociando. Especifican que fue en abril cuando comenzaron a intercambiar los primeros papeles, un momento en el que desde la formación de Carles Puigdemont se pedían públicamente elecciones y se negaba cualquier interlocución con Moncloa, hasta llegar a la semana pasada, cuando oficializaron que volvían a sentarse a la mesa de negociación. En julio se perfiló un primer esbozo, en forma de borrador de real decreto-ley, pero en Vivienda prefirieron no forzar la máquina y consolidar los avances a la vuelta de verano. Sobre ese texto se ha trabajado ahora, introduciendo cambios y añadidos que han terminado de cerrarse a última hora del día. Tanto es así que la ministra del ramo, Isabel Rodríguez, compareció ante los medios sin tener la última versión del texto definitivo. «Se ha negociado en la puerta del Consejo de Ministros», aseguran fuentes gubernamentales del ala socialista, que explican así el retraso de más de una hora con el que empezó la reunión, que, finalmente, dio comienzo pasadas las diez y media de la mañana.Durante la espera, los ministros —que por motivos de seguridad tienen que entregar su móvil antes de acceder a la sala que acoge el cónclave gubernamental— iban paulatinamente saliendo a recuperarlos y responder mensajes antes de volver a entrar a la reunión. «No ha sido una negociación a dos, ha sido a tres y a cuatro», apuntan en el Gobierno. «Hemos vivido un ‘revival’ de hace seis meses», reconocían otras voces internas, aludiendo al plante de Sumar de marzo cuando entonces ya se tuvieron que desgajar las iniciativas de vivienda del decreto anticrisis por la guerra de Irán para que este último no decayera en el Congreso.«Todos han jugado un papel», trasladan desde Sumar sobre sus cinco ministros. En el espacio se elogia, eso sí, el papel jugado por Yolanda Díaz, obligada a aterrizar de nuevo en la política doméstica, dejando de lado momentáneamente su candidatura al liderazgo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Esa que tan atareada tiene en los últimos meses a la vicepresidenta segunda del Gobierno, desentendida ‘de facto’ del liderazgo de su propia coalición desde que anunciara su paso a un lado el pasado mes de febrero. «Es imposible pensar que esto hubiera salido sin que haya jugado un papel. Siempre tiene uno importante», comentan, aún así, sobre ella.«Se ha desgajado solo en una proporción 90-10. El primer decreto está ‘guay’», se conforman los de DíazLa cuota de Sumar fue la última en sentarse, antes de que diera finalmente inicio el encuentro, y se sellara un acuerdo que las partes definen de «histórico». Antes de llegar a un punto de encuentro, una «dura» negociación que se prolongó durante toda la noche del lunes al martes hasta bien entrada la mañana y, al menos, cuatro versiones distintas del texto hasta finalmente llegar a un decreto de vivienda sin la prórroga de los alquileres indefinidos, que va en un segundo. «Contentos porque hemos aprobado lo que teníamos que aprobar. Se ha desgajado solo en una proporción 90-10», apuntan voces del ala de Sumar en conversación con este periódico. «El primer decreto está ‘guay’», trata de convencer otra fuente.A la salida de la reunión, caras de satisfacción y de cansancio. «Hemos dormido muy poco», señalaba un ministro. «Solo cuatro horas», terciaba otro. La coreografía del acuerdo también estaba ensayada. Mientras en el PSOE —Isabel Rodríguez y Carlos Cuerpo— se reservaban la oficialidad de Moncloa, los ministros del partido minoritario se trasladaban hasta la sede de Trabajo para comparecer juntos y sacar pecho por el acuerdo . Una fotografía de unidad en el ministerio de Díaz de la que hacen uso siempre que la situación se presenta seria. Con la líder de Sumar en un segundo plano, fue un ojeroso Pablo Bustinduy el que cogió el micrófono. Reconoció no haber conseguido «todo» lo que se quería, pero habló de «importante conquista». «Hemos negociado hasta el último minuto, pero ha quedado así», lamentó.Un «éxito compartido»«Es un éxito compartido», reconocen desde el ala socialista, donde aseguran que la atención a medios paralela de los de Yolanda Díaz estaba comunicada y se había previsto a una hora que no interfiriera con la de Moncloa, aunque por el retraso habitual acabaron solapándose. «Estamos en año electoral, es normal que Sumar quiera reivindicarse, es fundamental para ellos», se hacen cargo fuentes socialistas, sin aire de reproche a su escenificación. Atrás quedó el cruce de acusaciones y la competición por ser el partido más «izquierdista» de la coalición en redes sociales de la anterior semana. Todo lo contrario. El ministro Bustinduy, al frente del grueso de las conversaciones con Cuerpo y Rodríguez junto a Urtasun, llegó incluso a hacer un «reconocimiento» público a la titular de Vivienda. En privado, en cambio, afloraba cierta decepción en Sumar al ser preguntados por el desdoble del decreto: «Es el Partido Socialista Obrero Español», contestaban, resignados. Esta vez, no hubo aire de reproche alguno ni cruce de acusaciones. En Sumar llegaron incluso a hacer un «reconocimiento» público a la ministra de ViviendaEn Moncloa creen que el decreto principal contará con el apoyo suficiente para salir adelante. Se ha forzado un pleno extraordinario el viernes en el Congreso para no dar demasiado margen al arrepentimiento de los grupos que han asegurado su apoyo y para que tampoco afloje la presión social. «Lo que hace una semana no concitaba apoyos, hoy sí lo hace», señalan, conscientes de que la prórroga de los alquileres, que se ha desgajado en otro decreto, cuenta con más dificultades para prosperar. «Esta parte es relativamente nueva y no hemos querido poner en riesgo medidas que se lleva mucho tiempo trabajando», reconocen fuentes gubernamentales.
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