En Suecia gobierna desde 2022 la típica coalición de centro-derecha con el respaldo parlamentario de un partido identitario, Demócratas Suecos. El 13 de septiembre se celebrarán elecciones y este experimento, que causó asombro entre quienes consideran a Escandinavia el paraíso del progresismo, podría acabar gracias al voto en bloque de los musulmanes a los partidos de izquierdas.
Una de las paradojas de la política europea es el imperio del feminismo y de todos sus dogmas, como la discriminación de los varones y el aborto libre, con el aumento imparable de inmigrantes de países donde se desprecia y oprime a las mujeres.
Por ejemplo, el gobierno británico (da igual que lo dirijan laboristas o, como antes, conservadores) reconoce su preocupación por el crecimiento disparado de las violaciones en los últimos años, a la vez que distribuye una guía de comportamiento a los solicitantes de asilo en la que se les dice que la violación de mujeres, el sexo con menores de 16 años de edad y la violencia doméstica constituyen en el Reino Unido delitos con penas de cárcel. El primer ministro, el católico Andy Burnham,defendió en una entrevista la guía con el argumento de que esos supuestos perseguidos provienen de lugares con otro tipo de normas sociales.
Pero la pregunta se mantiene: ¿por qué las élites europeas se empeñan en traer inmigrantes de países con conductas bárbaras o salvajes, quienes, además, tienen mayor tendencia que los nativos a cometer delitos, sobre todo contra un grupo superprotegido como es el constituido por la mujeres?, ¿por qué hacer más machista una sociedad ya machista?
Se entiende que promuevan la inmigración descontrolada los políticos que representan los intereses de los empresarios que quieren mano de obra barata, pero ¿por qué lo hacen los políticos de izquierdas, que presumen de una ideología centrada en proteger a los más débiles? La respuesta la encontramos en las urnas. Todos los partidos socialistas, ecologistas y de nueva izquierda pretenden sustituir al electorado que están perdiendo por inmigrantes, sobre todo musulmanes. En vez de obreros nativos, extranjeros subsidiados.
Ante las elecciones al Riksdag sueco, las encuestas señalan que el partido socialista volverá a ser el más votado y que, en esta ocasión, la coalición de izquierdas obtendría la mayoría necesaria para nombrar al primer ministro. El actual, Ulf Kristersson, del Partido Moderado, fue elegido en una ajustada votación: 176 a favor contra 173 en contra.
En este cambio será fundamental el voto de los inmigrantes musulmanes (sirios, iraquíes, bosnios, paquistaníes…) convertidos en ciudadanos, y que se oscilan entre 300.000 y 450.000. La empresa Novus ha dado a conocer una encuesta en la que asigna la preferencia de los musulmanes a los principales partidos: al Partido Socialdemócrata, el 61,6%; al Partido de la Izquierda, un 18,7%; y al Partido Verde, un 4,9%. El 85% de los musulmanes escogería partidos que se definen como ateos… pero les conceden generosos subsidios.
Kristersson felicitó a los musulmanes por el final del Ramadán en abril de 2024. Este ridículo intento de ganar simpatías da como resultado, según Novus, un escuálido 2,1%. Los democristianos y liberales reciben un 1,5% y un 0,2% respectivamente.
También en Francia, el voto musulmán se decanta mayoritariamente por las izquierdas. De acuerdo con una encuesta de Ifop, en la primera vuelta de las presidenciales de 2022, a Jean-Luc Mélenchon, de La Francia Insumisa, le votó el 69% de los musulmanes, cuando en 2017 fue solo un 37%; a Macron lo hizo un 14%; y a Le Pen un minusculo 7%.
Esta tendencia explica que el rojísimo, ateo y laicista Mélenchon haya pasado de criticar los velos femeninos a defenderlos y, también, a afirmar que cualquier crítica a la religión islámica o a sus practicantes, es “islamofobia” y, por tanto, una amenaza a la república.
En una conferencia que pronunció el 9 de abril pasado en el instituto La Boétie, Mélenchon confesó que quiere hacer la revolución (o sea, ganar la presidencia), como sea y con quien sea: «Si confían en que los trabajadores cristianos blancos traerán el socialismo a Francia, eso no sucederá. Pero nuestros hermanos y hermanas musulmanes sí lo harán». Como el pacto de Stalin con Hitler en 1939, es simple táctica revolucionaria, aunque suponga la destrucción de su país.
Aquí España no es una excepción, sobre todo en Cataluña. Junts (antes CiU), ERC y el PSC-PSOE halagan desde hace años al votante marroquí o paquistaní, después de haberle concedido la nacionalidad. Desde 2018, ERC tiene como diputada en el Parlamento regional a Najat Driouech Ben Moussa, que se cubre con el velo. El mismo juego practica el PP en Ceuta y Melilla.
Ya aulló Irene Montero en un mitin que quería sustituir los votantes españoles que Podemos perdía con los que ella definió como chinos, negros y marrones. ¿De verdad el Gran Reemplazo es una teoría de la conspiración?
Que las divisiones políticas habituales en los países europeos entre izquierdas y derechas, trabajadores y empresarios, campo y ciudad, impuestos altos o bajos, estén siendo superadas por otras basadas en la raza y la religión es uno de los disparates provocados por los partidos socialistas, a fin de disponer de un nuevo electorado.
El modelo social de la izquierda parece el de Al-Ándalus, en el que diversas comunidades se repartían un mismo territorio. Aunque, a diferencia de los cristianos y los judíos de esa época, todavía los europeos no están sometidos a gobiernos de musulmanes, salvo en algunos municipios británicos y franceses.
Los rojos y los morados están convencidos de que los musulmanes son sus compañeros viaje. Sin embargo, los musulmanes les asignan a ellos ese papel. Y sólo puede quedar un bando.
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