Si está pensando seriamente en dejar de fumar , vaya a su centro de salud y pregunte por el arsenal terapéutico con el que pueden ayudarle. De todas las herramientas que le ofrecerán, hay una que seguramente no va a aparecer: el cigarrillo electrónico . No es un tratamiento médico, no cuenta con suficiente evidencia científica y puede provocar problemas de salud. Sin embargo, la industria del tabaco lleva años intentando asentar la idea de que son menos perjudiciales que el cigarrillo convencional y que pueden ayudar a dejar de fumar.Cada cierto tiempo, aparece un estudio que los señala como una opción viable. Precisamente este miércoles se publica una revisión Cochrane que asegura que los cigarrillos electrónicos con nicotina son más eficaces para ayudar a las personas a dejar de fumar que métodos como los chicles y parches de nicotina.El análisis, que forma parte de una revisión sistemática continua actualizada a medida que aparece nueva evidencia, examinó 80 ensayos controlados aleatorizados con 29.861 participantes, nueve de los cuales se han incorporado en esta actualización.La revisión encontró evidencia de certeza alta de que los cigarrillos electrónicos con nicotina produjeron mayores tasas de abandono que el tratamiento de reemplazo de nicotina (TRN), como los parches y los chicles, lo que supone 4 personas más por cada 100 personas dejen de fumar. Los cigarrillos electrónicos con nicotina también superaron a los cigarrillos sin nicotina, con 2 personas más por cada 100 que dejan de fumar.Sin embargo, los expertos en tabaquismo consultados por este periódico consideran que hay que ser muy prudentes con estos estudios porque presentan «varias alteraciones metodológicas», en palabras de Maribel Cristóbal, coordinadora del área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). En concreto, señala que «hay 8 estudios financiados por la industria tabacalera y de los cigarrillos electrónicos por lo que los resultados son dudosos. Se trata de estudios aleatorizados, no son doble ciego (un método de investigación científica donde ni los participantes ni los investigadores saben qué persona recibe el tratamiento real y quién recibe un placebo) y no están controlados con un grupo placebo». La coordinadora del área de Tabaquismo de la Separ también apunta a que en algunos de estos trabajos, donde se compara el cigarrillo electrónico con la terapia de reemplazo de nicotina para dejar de fumar, «al consumidor del cigarrillo electrónico se le regala el dispositivo, mientras que los otros tienen que comprar los parches en la farmacia, por lo que la adherencia a cada método no es valorable», asegura. En su opinión, tampoco es estimable en cuanto a eficacia porque cualquier tratamiento para dejar de fumar es una medida a corto plazo y «curiosamente el 80% de los del grupo de cigarrillos electrónicos seguían utilizándolo al año». « No es un método para dejar de fumar , es un método para seguir adicto a la nicotina. Su capacidad adictiva es similar a los cigarrillos convencionales y, si se le añaden aromas y sabores, esto produce una estimulación de las terminaciones nerviosas que genera mayor liberación de dopamina y más adicción», concluye Maribel Cristóbal, que añade que «el objetivo debería ser preservar la salud y no continuar la adicción a un producto tóxico cambiando el vehículo».En la misma línea, Josep M. Suelves, vicepresidente 1º del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), recuerda que, en el caso de los medicamentos para dejar de fumar, normalmente, su uso se limita a un periodo que no suele ir más allá de los 3 meses. «En cambio se ha visto en bastantes estudios que 6 meses o más después de haber comenzado con el cigarrillo electrónico con el objetivo de dejar de fumar, muchos de estas personas siguen utilizándolos o han iniciado un consumo dual y lo que era un problema ahora son dos. Entre los adultos que usan vapeadores, más del 60% hace un uso mixto del cigarrillo electrónico y el normal».Pero la gran diferencia entre los tratamientos con evidencia para dejar de fumar y un dispositivo como éste es que « no es un medicamento, es un producto de consumo . Nadie ha querido fabricarlo y registrarlo como medicamento porque eso implica tener la dificultad de demostrar eficacia, seguridad y calidad. Es mejor salir al mercado como producto y hacerlo atractivo para los menores», critica Suelves. Para el vicepresidente de la CNPT, la gran preocupación con el cigarrillo electrónico o vapeador es que es un producto «diseñado para captar a personas que no sean fumadoras adolescentes. La última encuesta ESTUDES refleja que el 27,1% de los adolescentes españoles de entre 14 y 18 años los ha consumido en los últimos 30 días», advierte.Aunque las autoras de la revisión de estudios de Cochrane reconocen que vapear también entraña riesgos para la salud, consideran que éstos son menores en comparación con los peligros de fumar. Sin embargo, los expertos antitabaquismo consultados por ABC recuerdan que estos dispositivos contienen, entre otras sustancias, acroleínas y nitrosaminas, que son potencialmente cancerígenas. «No son seguros. Ya se ha visto que pueden producir daño cardiovascular y lesiones incipientes en células del epitelio bronquial que pueden evolucionar a Epoc», señala la coordinadora del área de Tabaquismo de la Separ.Mejor prevenir«El énfasis lo deberíamos poner en conseguir que la gente no empiece a fumar y esto es complicado si al mismo tiempo que avanzamos en la prevención del uso de tabaco convencional aparecen nuevos productos como los cigarrillos electrónicos que enseñan a fumar a los menores y generan adicción a la nicotina», advierte Josep M. Suelves, quien recuerda que esta estrategia por parte de la industria del tabaco no es nueva: «El juego de lanzar nuevos productos alimentando la expectativa de que el fumador seguirá fumando sin hacerse tanto daño tiene cerca de un siglo de recorrido, con la introducción de los cigarrillos light, bajos en nicotina, el tabaco sin combustión…»Lo que ha demostrado evidencia para dejar de fumar es la combinación de estrategias conductuales y un apoyo farmacológico adecuado pautado por un profesional sanitario. Además, para el vicepresidente del CNPT, hay dos herramientas para fomentar la prevención del tabaquismo que aún no se están aplicando en España: «r evisar la fiscalidad del tabaco y los nuevos productos de nicotina para que sean más caros porque esto tiene un impacto muy grande sobre el fumador y disuade a los adolescentes de comenzar a fumar, e introducir el empaquetado neutro para que el tabaco sea menos atractivo y puedan visualizarse más fácilmente la advertencias sanitarias del paquete».
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