La UEFA tiene un problema con los partidos de Israel. No con Israel, que juega con normalidad al fútbol más allá de que no puede jugar en su territorio, sino con los rivales que se miden a Israel, ya sea en el fútbol de selecciones o de clubes. En pocos días, el sectarismo de algunas selecciones o equipos ha llevado a que la UEFA tenga que hacer malabares para que partidos oficiales se disputen. Combinados nacionales o clubes boicotean sus encuentros ante Israel, a los que se tienen que enfrentar sí o sí toda vez que están adscritos a la UEFA, y el organismo que dirige Aleksander Ceferin tiene que aceptar cosas que hace unos años hubieran sido imposibles.
Los dos ejemplos más claros se han oficializado esta semana: Irlanda, en el fútbol de selecciones, y el club belga Union Saint-Gilloise. La primera se negó a jugar con la selección de Israel en un ambiente muy hostil contra ellos. Su seleccionador, el islandés Heimir Hallgrímson, dijo que van a tener que jugar «contra el genocidio». «Estamos jugando contra Israel, no estamos jugando con Israel», dijo.
Algunos jugadores se negaron en un principio a ir convocados con la selección para no tener que medirse ante Israel, pero la UEFA les dejó claro que eso podría acabar en sanción. Irlanda buscó una alternativa para sortear a Ceferin: jugar tienen que jugar, pero lo harán… ¡en Serbia!
Se niega así Irlanda a jugar en su territorio un encuentro ante Israel. La UEFA como tal no le puede decir nada, ellos organizan el partido y ellos deciden no hacerlo en su casa y perder la fuerza de la afición. El encuentro, de la cuarta jornada de la Liga de las Naciones, se disputará el próximo 4 de octubre en Serbia.
A nivel de clubes, el Union Saint-Gilloise, un equipo belga que el año pasado jugó Champions y este año está en Europa League, ha preferido sacrificar uno de sus encuentros como local porque su rival es el Hapoel Beer Sheva de Israel, campeón de la liga de ese país. Han preferido disputar el encuentro, que se jugará el 22 de octubre, en Düsseldorf (Alemania).
Realmente, el Union Saint-Gilloise no puede jugar en su estadio este año en Europa League (la UEFA no lo acepta porque no cumple sus requisitos), pero cogió la localidad de Leuveen para albergar allí esos encuentros. El Ayuntamiento de esta ciudad vetó la presencia de los israelíes alegando que no podían garantizar la seguridad.
Así, cada vez son más los problemas que tiene la UEFA con los partidos de Israel, porque equipos o selecciones se niegan a jugar contra ellos. Como saben que serían sancionados si se niegan a disputar encuentros ante Israel, en vez de ser consecuentes con su postura y ser valientes, lo que hacen es llevar los encuentros a otros lados, haciendo un vacío futbolístico a partidos oficiales.
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