Se llamaba Alonso López y, según revelan los documentos de época, era «de unos veinte años, desbarbado y mediano de cuerpo» cuando se unió a los Tercios de la Monarquía Hispánica allá por septiembre de 1570. «Se alistó como arcabucero. Su nombre aparece de forma esporádica en los archivos hasta que murió en una acción en Ugíjar en marzo de 1571. No sabemos cómo fue su testamento, pero podemos intuirlo gracias a otros tantos que hemos estudiado este año». El historiador Juan Víctor Carboneras recuerda en ABC las peripecias de este soldado, uno de los muchos que vivió y murió en el siglo XVI, pero de los pocos que fueron alumbrados en el pequeño municipio de Albaladejo (Ciudad Real) de los que se tiene constancia documental.Esta semana, Alonso López tendrá su merecido homenaje en la recreación histórica que organiza la asociación ‘ Albaladejo Siglo de Oro ‘ los próximos 4, 5 y 6 de septiembre. «Ya es la sexta edición, y seguimos creciendo. Este año contaremos con unos 270 recreadores llegados no solo de España, sino también de Italia, Francia, Portugal o Hungría», sentencia Carboneras, también presidente del grupo. Tanto ha crecido el evento, que este 2026 ha recibido el apoyo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Diputación de Ciudad Real, el Ayuntamiento de Albaladejo y cerca de setenta empresas locales, regionales y nacionales. Última voluntadEn esta edición, ‘Albaladejo Siglo de Oro’ quiere centrarse en un tema que Carboneras considera olvidado de forma injusta: la última voluntad de los soldados. Esa que dictaban antes de abrazar al altísimo, y en un tiempo, el siglo XVI, en el que la relación con Dios era la columna vertebral de los mundos civil y castrense. «He podido estudiar más de un centenar de testamentos en el Archivo General de Simancas durante meses. Lo cierto es que ha supuesto un reto porque es una información que no se ha investigado lo suficiente hasta ahora. En parte es lógico: no había una institución que la recogiera», sostiene.El soldado testaba donde creía que iba a morir, y lo más habitual era el campo de batalla. Muchos de los documentos que ha hallado Carboneras están firmados durante el asedio a la ciudad de Maastricht, ya fuera en el hospital de campaña, ya fuera antes de una brega. La fórmula más habitual se suele repetir: «Estoy mal de cuerpo, pero sano de juicio». De esta forma, el testamento era válido. «Un soldado podía dictar varios a lo largo de su vida, pero el último antes de su muerte era el que prevalecía. Los transcribían religiosos o escribanos, aunque un 20% son ológrafos, hechos por el propio combatiente», finaliza.Estos documentos, afirma, también sirven para acabar con uno de los mayores mitos que rodean a los soldados de los Tercios: «Tenemos la imagen de un combatiente barbado, de unos 50 años, magullado y baqueteado por la guerra, pero no era lo habitual. Es cierto que me he llegado a topar con el testamento de un combatiente de 70 años, pero lo más normal era que fueran muy jóvenes, de entre 20 y 26». A pesar de ello, estaban bregados en mil batallas. Valor tenían de sobra… posesiones, no tantas. «No tenían prácticamente nada. Apenas dejaban bienes a nadie», sentencia.Los destinatarios de los pocos bienes que atesoraban solían ser sus familias: esposas, hijos… «A veces, los soldados pedían que se enviase una carta a su madre para informarle de su muerte. Es algo con lo que me he encontrado en varias ocasiones», destaca. Sin embargo, Carboneras ha descubierto también que se generó una red de camaradería en la que dejaban a sus colegas de todo; desde armas hasta vestimenta: «Pasaba no solo entre iguales, sino con superiores. Es algo muy llamativo. A veces era porque se conocían de antes del ascenso». Por haber, había hasta vivanderas, comerciantes que acompañaban a los soldados al frente. «En varios testamentos aparece como beneficiaria una de ellas, llamada María. Por algún motivo, hasta cinco soldados le legaron sus bienes. Desconozco el porqué», desvela.Otra novedad que ha hallado Carboneras es la importancia que los soldados daban a los «asuntos religiosos» en sus momentos finales: «A pesar de que tenían poco dinero, siempre encomendaban su ánima a Dios. Lo hacían pidiendo que se oficiara la mayor cantidad de misas posibles por ella. Había de réquiem, cantadas, rezadas… Cada una costaba una cantidad determinada». Conoce el caso de un combatiente adinerado que dejó encargadas «dos centenares de misas», aunque no era lo habitual. «Los que no tenían forma de pagarlas solicitaban a los albaceas que vendieran sus bienes en almoneda y las sufragaran con el dinero obtenido». Otros, los más inocentes, pedían que se oficiaran después de que el monarca les pagara el salario debido.Actos y más actosLos eventos del próximo fin de semana abordarán este tema a través de Alonso López, el joven de Albaladejo que fue reclutado en septiembre de 1570 en Villanueva de los Infantes como arcabucero y que terminó sus días en la guerra de las Alpujarras , la revuelta de los moriscos de Granada contra Felipe II que se sucedió entre 1568 y 1571. De la mano de este suceso, ‘Albaladejo Siglo de Oro’ explorará también otros episodios de la época como la llegada documentada de 21 moriscos deportados al pueblo, la convivencia entre culturas en el siglo XVI y la vida en un territorio que la monarquía exprimía para reclutar hombres para los Tercios.Celia Aguilar Alvarado, miembro de la asociación y organizadora de eventos, explica a ABC que la esencia de estas jornadas será representar qué pasó en Albaladejo después de la revuelta de las Alpujarras: «Mostraremos cómo era vivir en un pueblo que había dado todos los recursos que podía, tanto en hombres para la guerra como en vituallas, para las guerras. Queremos que el público vea la pobreza de la época, pero también la convivencia con los moriscos que llegaron tras ser derrotados, cómo se adaptaban los ciudadanos a ellos…». Las actividades representarán estos dos aspectos, a los que se sumará un homenaje a Alonso López a través de la apertura de su testamento.«Un soldado podía dictar varios testamentos a lo largo de su vida, pero el último antes de su muerte era el que prevalecía» Juan Víctor Carboneras HistoriadorLos actos, recalca Aguilar, arrancarán el 4 de septiembre en el Castillo de Albaladejo: «El viernes lo dedicaremos a la contextualización. Llegarán unos ‘mendigos’ de época que que contarán su historia y mostrarán cómo vivían en el siglo XVI». El invitado de excepción será el catedrático de la Universidad de Murcia Javier Ruiz Ibáñez. Él será el encargado de ambientar la recreación desde el punto de vista histórico: desde describir la situación en el Campo de Montiel en tiempos de Felipe II, hasta desvelar cómo era la recluta de soldados de los Tercios en la zona. «Terminaremos la jornada con un concierto de música», señala.El sábado será uno de los días con más contenido. «Tendremos una infinidad de actividades de campamento; muchas de ellas, interactivas. Se representarán oficios de época: artesanos, talladores de madera, servicio de postas, sacadores de muelas, panaderos…», añade Aguilar. A lo largo de la jornada, la recreación dará también mucha importancia a las mujeres a través de varios eventos llamativos, como «el enfrentamiento de las verduleras contra las campesinas». La jornada será larga e incluirá desde conferencias de expertos –’Prostitución y mendicidad en el siglo XVI’– hasta una batalla entre recreadores y hogueras con música, fiesta y algarabía. Todo ello, igual que en el siglo XVI.El domingo clausurará las jornadas con actividades infantiles y el cierre de las diferentes tramas históricas abiertas desde el viernes. Entre ellas, la llegada de los moriscos al pueblo o la muerte y la apertura del testamento de Alonso López. Carboneras, por su parte, no quiere terminar sin hablar de una de las atracciones centrales del evento: el corral de comedias. «Este año contamos con tres compañías que representarán nueve escenas teatrales. Además, queremos dar importancia a la alojera, una figura que entregaba alojas al público y animaba un poco el teatro», sentencia.
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