Desde que se destapó en 2012 que el mayordomo de Benedicto XVI estaba filtrando a la prensa documentos reservados del escritorio de Ratzinger , la selección de las personas responsables de custodiar la intimidad del Papa es una cuestión de extrema delicadeza. Para evitar nuevos golpes a la discreción del Palacio Apostólico, León XIV ha puesto las llaves de su hogar en manos de un escudo inexpugnable , cinco religiosas de su entera confianza.Proceden de Perú y EE.UU., hablan en español con el Papa y según el protocolo vaticano forman parte de la Familia Pontificia. Su tarea no es sólo custodiar la intimidad y el secreto del lugar más reservado del Vaticano, donde León XIV recibe invitados y toma sus grandes decisiones, sino también aportar normalidad a la vida cotidiana del obispo de Roma. Tras la renuncia de Benedicto XVI en febrero de 2013, Francisco decidió que la vida doméstica de los papas debía cambiar de aires y nada más ser elegido trasladó la residencia papal a Casa Santa Marta , donde, paradójicamente, su vida transcurría a la vista de todos para protegerse de las filtraciones. En cambio, León XIV recuperó el pasado 14 de marzo la costumbre de residir en la residencia oficial del Palacio Apostólico y optó por otra fórmula, una casa atendida por personas de su plena confianza.Recupera una costumbre prudencial de sus predecesores. Juan XXIII y Juan Pablo I buscaron en Venecia al personal del servicio doméstico y Pablo VI solicitó ayuda para estas tareas a la Congregación de María Bambina. Por su parte, Juan Pablo II encomendó el cuidado diario de su apartamento a sor Tobiana Sobotka y a otras cinco o seis religiosas polacas de una congregación llamada Siervas del Sagrado Corazón de Jesús de Cracovia. Allí siguieron durante los 26 años de Pontificado. Karol Wojtyla las consideraba su familia y le acompañaron en sus últimos momentos. Benedicto XVI ya vivía en la Ciudad Eterna antes de ser elegido, por lo que se limitó a poner su casa en manos de una persona de su máxima confianza, Carmela Galiandro, que ya le atendía desde hacía años en Roma. Pertenecía a las Memores Domini, como se llama a los laicos consagrados del movimiento Comunión y Liberación. A Carmela se sumaron otras tres colaboradoras que acompañaron al Papa también durante sus años como Pontífice emérito en el monasterio Mater Ecclesiae de los Jardines vaticanos.Desde Perú al VaticanoLas monjas que ahora atienden a León XIV pertenecen a un instituto de vida consagrada llamado Pro Ecclesia Sancta (PES), fundado en Perú en 1981 a partir de la obra de un jesuita español, el alicantino Pablo Menor. Según explica la institución en su web, tiene dos ramas separadas, una masculina y otra femenina, y están presentes en Estados Unidos, Uruguay, Ecuador, España e Italia. Sus miembros son sacerdotes, consagrados, consagradas y laicos que promueven «la vocación universal a la santidad a través de la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús». Robert Prevost conoció de cerca la labor que hacen durante los años que trabajó como obispo en Chiclayo. Las religiosas están siguiendo el mismo esquema de trabajo de sus predecesoras, que solían distribuirse las funciones del Apartamento Papal entre atención de visitas, cocina y despensa, limpieza de la casa y lavandería. Ellas coordinan también su trabajo con el ayudante de cámara del Papa, el exteniente de la Guardia Suiza Anton Kappler, quien aún está tomando el relevo del anterior mayordomo, Piergiorgio Zanetti. También residen en el Apartamento Pontificio los dos secretarios personales del Pontífice, los sacerdotes Edgard Rimaycuna Inga, de Perú, y Marco Billeri, italiano.Las recién llegadas mantienen un perfil bajo y aparecen en público en contadas ocasionesLas recién llegadas mantienen un perfil bajo y aparecen en público en contadas ocasiones. El pasado 7 de septiembre acompañaron al Papa en una visita al santuario de Genazzano y, a finales de mes, dos de ellas formaron parte de su séquito oficial durante el viaje apostólico a Francia. En el entorno papal se valora mucho su espiritualidad y formación humana e intelectual, pues antes de llegar a Roma se dedicaban a ayudar a jóvenes y a familias, dos de las prioridades de León XIV, y desembarcan en las estancias papales con títulos universitarios bajo el brazo y experiencia en dietética y nutrición. Por ahora, sólo ha trascendido el nombre de tres de ellas. Una, la hermana Janet Kobayashi Ando , es experta en música, y en julio defendió una tesis de licenciatura en Teología sobre «La Eucaristía y su dimensión performativa en la reflexión teológica de Joseph Ratzinger», en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. También ha trascendido el nombre de la hermana Mariel Escobar Núñez, que se graduó en mayo en Teología por el Instituto Eclesiástico Santo Toribio de Mogrovejo, en Chiclayo. La tercera es la hermana Lynn Luecke , la única nacida en EE.UU., que hace once años se graduó en Dietética en la St. Catherine University (Minnesota). Ella es la responsable de que en la mesa del Papa se sirva sólo comida sana.En Roma se ha corrido la voz de que guisan extraordinarios platos peruanos . Si algún día se filtra algo de esa casa, que sea la receta de la cena. Lo demás, seguirá cociéndose a fuego lento y de puertas adentro.
Powered by WPeMatico