Las artes marciales mixtas (MMA) son, sin duda, una de las disciplinas deportivas de mayor crecimiento a nivel mundial. Dentro de nuestras fronteras, han experimentado un bum auspiciadas por la explosión de Ilia Topuria como una superestrella nacional y global, después de haber conquistado dos títulos mundiales (en el peso pluma y en el peso ligero) dentro de la Ultimate Fighting Championship (UFC), la organización líder de este sector en el planeta. De hecho, El Matador, como se le apoda al excampeón hispanogeorgiano, es un fenómeno de masas entre la población juvenil en España, que ya adoptan a este luchador como un referente a la altura de Carlos Alcaraz, Ferrán Torres o Fernando Alonso .Sin embargo, la realidad es que este deporte de combate extremo, que cada vez cuenta con más aceptación en nuestro país y que ya ha abandonado una etapa de ostracismo en el que estaba sumido en décadas pasadas, estuvo cerca de desaparecer hace 30 años. Ahora, las MMA pelean por hacerse un hueco, con la esperanza de que suceda más pronto que tarde, en los Juegos Olímpicos, aunque se ha encontrado numerosas barreras en esa aventura, pese a que cumple la paradoja de que están conformadas por varios deportes que sí pertenecen el ámbito olímpico , como el boxeo, el judo, el taekwondo o la lucha libre. Pese a que las MMA han logrado un notable avance para su legitimación internacional, que a continuación explicaremos, es inevitable dar un salto temporal de tres décadas atrás para entender la evolución experimentada por esta disciplina. La historia de las artes marciales mixtas es, en buena parte, la historia de la UFC , su mayor exponente, que fue fundada en 1993. Cuatro años más tarde, y en un contexto en el que ni siquiera había límite de tiempo, categorías de peso ni protecciones en las manos, el senador estadounidense John McCain, que tenía mucho poder político por aquel entonces, tildó aquellos combates de «peleas de gallos humanas» y comenzó una cruzada para que se prohibieran, logrando que los operadores de cable dejaran de emitir la UFC y que los diferentes estados fueran cerrando sus puertas a la promotora norteamericana. Con el tiempo, esa presión ejercida permitió normalizar las artes marciales mixtas, introducir reglas unificadas y convertirlas en un deporte legítimo de consumo masivo en Estados Unidos.Ahora, tres décadas después, las MMA han debutado como deporte en los Juegos Asiáticos de Aichi-Nagoya 2026 y sus dirigentes hablan abiertamente de un futuro olímpico. Hay algo casi cinematográfico en la escena. Un tatami blanco y gris, dos luchadores frente a frente, guantes, protecciones y un árbitro preparado para intervenir. No hay jaula. No hay octógono, ese escenario espectacular que ha convertido al UFC en el escaparate mundial de esta disciplina. Pero sí hay algo mucho más importante: medallas . Se trata de un acontecimiento histórico para una disciplina que hace menos de treinta años parecía destinada a convertirse en una rareza televisiva. La competición cuenta con seis pruebas, cuatro masculinas y dos femeninas, y supone la primera presencia de las artes marciales mixtas en la gran cita deportiva continental asiática.El salto tiene una dimensión simbólica considerable. Con el paso de los años, la UFC se ha transformado progresivamente en una industria deportiva global y las MMA han dejado de identificarse exclusivamente con la imagen de dos hombres encerrados en una jaula, sino como un deporte combate, que lucha contra el estigma de aquellos que, desde la ignorancia, catalogan a las mismas como práctica «violenta». La propia International Mixed Martial Arts Federation (IMMAF) estima actualmente en casi 500 millones el número de seguidores de esta disciplina en el planeta. Fragmentación de organismosAhora, en la participación histórica en los Juegos Asiáticos, el escenario es muy diferente. En un gimnasio con aspecto de pabellón escolar de Nagoya, hombres y mujeres compiten ante un público reducido, pero entusiasta. Hay deportistas procedentes de algunos de los grandes países asiáticos de tradición marcial, como Tailandia, Kazajistán, Filipinas o Japón. Y hay una diferencia fundamental respecto al producto que millones de espectadores conocen por televisión: aquí no existe una jaula. Para Galastein Tan, director general de la Federación Asiática de Artes Marciales Mixtas, el debut asiático constituye mucho más que una competición.«Estar incluido en los Juegos Asiáticos significa que ya tienes una buena estructura de gobernanza, suficientes miembros y atletas para poder competir, tu reglamento y tus oficiales están listos y, por lo tanto, es algo significativo», explicó Tan a AFP en Nagoya. El paso es relevante porque el movimiento olímpico no incorpora simplemente deportes por su popularidad. El Comité Olímpico Internacional (COI) exige estructuras internacionales reconocibles, normas, desarrollo mundial, sistemas antidopaje y mecanismos de gobernanza, entre otros elementos. Las federaciones internacionales reconocidas por el COI deben, además, ajustar sus estatutos y actividades a la Carta Olímpica y al Código Mundial Antidopaje.Y ahí aparece uno de los grandes problemas de las MMA: ¿quién representa exactamente al deporte? Durante años han coexistido diferentes organizaciones internacionales que aspiran a dirigir su desarrollo y obtener reconocimiento dentro del movimiento olímpico. La IMMAF lleva desde 2016 intentando avanzar por esa vía y reconoce que la fragmentación federativa ha complicado el proceso. La propia organización recuerda que el COI no reconoce actualmente a las MMA como deporte olímpico. La cuestión de las reglas es todavía más delicada.El espectador de la UFC está acostumbrado al octógono, a determinadas técnicas de golpeo y a un reglamento profesional diseñado para una competición de máxima exigencia. El formato de Nagoya es distinto: los luchadores compiten sobre un tatami, utilizan protecciones adicionales y determinadas acciones están restringidas. De hecho, en los citados Juegos, entre otras diferencias, no se permiten golpes con el codo ni rodillazos a la cabeza en determinadas posiciones. Además, según sostiene Tan, «una jaula [como la de la UFC o la de las competiciones de la IMMAF] no se alinea realmente con los valores olímpicos».La frase resume uno de los retos esenciales: conseguir que las MMA olímpicas sean reconocibles para quienes ya conocen el deporte sin convertirse simplemente en una versión reducida de la UFC. No se trata de llevar el octógono a los Juegos, sino de construir un reglamento internacional que pueda ser aceptado por federaciones, comités olímpicos, deportistas y organizadores. La singapurense Teo Hui Hoon, que tiene asegurada al menos una medalla de plata, ve en el debut continental otra consecuencia: el efecto llamada entre los jóvenes. «Animará a más niños y adolescentes a practicar el deporte y tomárselo en serio» al tener como objetivo «entrar en una selección nacional y, como siguiente paso, ir a los Juegos Olímpicos en un futuro», explicó.Una base amateur, federaciones y seguridad Es precisamente ahí donde la metamorfosis adquiere sentido. Las MMA necesitan demostrar que pueden ser algo más que un gran espectáculo profesional. Necesitan potenciar más aún una base amateur, campeonatos nacionales y continentales, federaciones reconocidas, programas juveniles, igualdad competitiva y garantías de seguridad. Algo similar a lo que ocurre en el boxeo olímpico, que tiene notables diferencias con el profesional. La IMMAF afirma trabajar precisamente en esos ámbitos, desde la formación recreativa hasta la alta competición, con reglas comunes y estructuras de desarrollo. La popularidad, mientras tanto, ya no parece ser el problema.En junio de 2026, la UFC organizó incluso un evento en el Jardín Sur de la Casa Blanca, en el que Ilia Topuria perdió su título ante Justin Gaethje, un escenario extraordinariamente alejado de aquellos primeros años en los que sus dirigentes luchaban para que las televisiones no abandonaran sus retransmisiones. El acontecimiento del 14 de junio fue presentado como UFC Freedom 250 y se convirtió en el primer evento deportivo profesional celebrado en la historia de la Casa Blanca.Dana White, presidente y CEO de la UFC, respalda además públicamente la aspiración olímpica de las MMA. La enorme plataforma comercial de la UFC puede aportar visibilidad, pero también plantea una cuestión institucional: el movimiento olímpico necesita una estructura federativa internacional que represente al deporte en su conjunto, no a una única promotora. El camino, por tanto, sigue siendo escarpado. Aterrizando fechas, Los Ángeles 2028 no es una opción realista: el COI aprobó en 2023 los cinco deportes adicionales propuestos para esos Juegos (béisbol/softbol, cricket, flag football, lacrosse y squash) y las MMA no forman parte del programa.Brisbane 2032 representa un horizonte diferente, pero tampoco existe hoy una decisión que sitúe a las MMA en ese programa. De hecho, el COI ha modificado en 2026 su enfoque sobre el programa olímpico, con una evaluación más centrada en disciplinas a partir del ciclo de Brisbane, lo que podría abrir nuevas vías de incorporación en el futuro, aunque no supone ningún compromiso con las MMA.Deporte de exhibiciónMientras tanto, Tan mantiene el discurso de quien sabe que la batalla no se gana con una sola pelea. «Hemos mantenido conversaciones con el COI y otros actores relevantes que tienen influencia o poder de decisión sobre el reconocimiento», señaló. Y añade: «Nada es imposible. Esperamos que la MMA sea un deporte que los Juegos Olímpicos consideren relevante y capaz de conectar tanto con adultos como con jóvenes». Su última frase es, quizá, la más reveladora: «Es un deporte que tiene atractivo global y que está listo y es capaz de encajar en el calendario de unos grandes Juegos. Así que, si el COI o LA28 vienen y dicen: ‘MMA, ¿les gustaría estar como deporte oficial o como deporte de exhibición?’ ¡Estamos listos! ». En 1997, la pregunta parecía ser cómo acabar con las MMA. En 2026 es otra muy distinta: cómo convertirlas en un deporte suficientemente organizado, seguro y universal para entrar en el mayor escenario deportivo del planeta. La jaula que John McCain quería cerrar hace tres décadas ha desaparecido del escenario olímpico antes incluso de que las MMA hayan conseguido entrar en él. En Nagoya, los luchadores ya han dado el primer paso. Ahora queda saber si el siguiente será hacia Los Ángeles, Brisbane o un futuro todavía más lejano. Lo que parecía imposible hace una generación ya tiene, al menos, una primera medalla.
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