La desidia de Sánchez ante la invasión marroquí de Ceuta podría recordar a aquel encuentro del presidente del gobierno Santiago Casares Quiroga con los periodistas la noche del 17 de julio de 1936 cuando ya se conocía el pronunciamiento del ejército de África: «¿Qué los militares se han levantado en Marruecos? Pues yo me voy a acostar». Si el cretino de Casares se fue a dormir confiado en la lealtad del general Emilio Mola, «director» de la sublevación, noventa años después otro de su laya, con más mala fe, no quiso dar importancia a la invasión marroquí de Ceuta. Casares se fue a acostar y Sánchez llenaba las maletas con libros y canciones para sus cuatro semanas en La Mareta. Ni los informes del CNI o la Policía Nacional, las advertencias del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, fastidiarían el descanso del Guerrero Antifascista. Cuando Marruecos ordenó a sus huestes el retorno, tras la demostración de guerra híbrida que mantiene con España, Pedro el Veraneante se pasó un rato por Ceuta y denunció la «agresión de la integridad territorial de España»; en lugar de culpar a Marruecos señaló a las mafias que trafican con personas en las oleadas migratorias… Y se largó de vacaciones. «Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez», berreó el ministro Puente (sobre aguas turbulentas). Ni el Número Uno, ni este energúmeno del tuit que se postula como Número Dos, sospechaban que Ceuta iba a ser su Vietnam político. La renuncia a defender las fronteras ante la (ahora sabemos que anunciada) agresión marroquí demostraba que Sánchez, más que nunca en su Ominoso Octenio, preside un gobierno alérgico a la verdad. El mismo talón de Aquiles que hundió al PP en 2004 por los atentados de Atocha: se empeñó en culpar a ETA cuando todo apuntaba a los yihadistas. Veintidós años después el irresponsable agitador de la mentira pretende que deglutamos su tóxico cóctel. Que en las ecuaciones del mal no aparezca el topónimo Marruecos. Ministerios de propaganda, con la honrada excepción de Margarita Robles, inmolados por la «lealtad» al Majzem. Los Marlaska, Bolaños, Albares, Redondo o Torres salmodian eufemismos ‘woke’: no es «invasión» sino «crisis humanitaria». La culpa no es de Marruecos. Los culpables son las redes sociales, el CNI, Elon Musk, Trump, Israel, Rusia, Meloni, el Tribunal Supremo, la Internacional Reaccionaria del PP y Vox, los «seudomedios» y los vendedores de neumáticos… Solo les faltó acusar a Spectre. Elma Saiz juntaba las manos; Bolaños adoptaba un aire tecnocrático; el soberbio Albares, Metternich de pacotilla; Torres engañaba con dulzón acento canario; Redondo insultaba a la oposición y Marlaska todavía no ha dimitido. El Número Uno promete en sede parlamentaria que ofrecerá en abierto los informes policiales para dejar a los pies de los caballos a la seguridad del Estado. Nunca como hoy las palabras sirven para disfrazar los hechos, como aconsejaba Maquiavelo en sus instrucciones al diplomático florentino Rafaello Girolani: «Pero esto se debe hacer de tal manera que nadie se de cuenta», añadía. En su comparecencia Sánchez se escudó en la «complejidad» de los hechos para evitar, una vez más, el señalamiento al reino de Mohamed VI. Pero, por más que se empeñe, el «gobierno de coalición progresista», ahora de coalición marroquí, habrá de seguir escuchando la pregunta fatal: ¿Qué deben ustedes a Marruecos? Convertido en epígono del conde don Julián, el Número Uno sigue disculpando al vecino de abajo. Despacha unas parrafadas de apoyo al sacrificado pueblo ceutí, mientras sigue llamando «crisis humanitaria» a lo que fue un asalto o una invasión teledirigida desde Rabat. De repente, el último verano. Ceuta, la tumba del sanchismo.
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